31/05/2026
EXTRANJEROS EN LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA
Las fuerzas patriotas estuvieron formadas por criollos, esclavos libertos, indios y españoles, pero también por hombres de distintas nacionalidades.
Los realistas sufrieron varias deserciones, y entre éstos había negros, renegados, guerrilleros como los hermanos Pincheira y aborígenes que deseaban que el sistema realista no fuera cambiado por otro.
En 1815 San Martín era gobernador intendente de Cuyo, y unos 50 ingleses que residían en Mendoza formaron la compañía de milicias patrióticas de cazadores, incorporada al batallón de Cívicos Blancos, pensadas para ayudar a la defensa del territorio en caso de invasión.
Este porcentaje de ciudadanos ingleses en Mendoza era elevado, ya que Mendoza había sido asignada como lugar de residencia para los prisioneros de las invasiones de 1806 y 1807.
Si bien luego de la segunda invasión inglesa hubo un intercambio de prisioneros, muchos ingleses eligieron quedarse en Mendoza.
Los oficiales de la compañía fueron elegidos por sus integrantes, y fue su jefe el capitán John Young.
Estas milicias no tuvieron que afrontar tal invasión, pero algunos de sus miembros no dudaron en incorporarse al Ejército de los Andes, entre ellos el mismo Young.
Hubo otros europeos, si bien no tantos, que sirvieron a las órdenes del general San Martín en el Ejército de los Andes y en las fuerzas de los estados emancipados de Chile y Perú:
Charles Bownes y Charles Jagrae (ingleses), Albert Bacler d’Albe, Jorge Beauchef, Luciano Brayer, Alejo y Eustaquio Bruix, Pedro Raulet, Charles Renard y Benjamin Viel (franceses), Bulewsky y Sowersby (polacos) y Petrus Selza (alemán).
Casi todos estos oficiales fueron leales al comandante del Ejército, pues hubo excepciones, jefes que lo odiaron y que se convirtieron en sus detractores.
Uno fue el general francés Miguel Brayer, que recién en Chile se incorporó al Ejército Unido con ese grado ganado en las guerras napoleónicas, para verse separado de las filas por San Martín, quien lo decidió así por ver su falta de valentía antes de la batalla de Maipú, a lo cual se sumaba el que se hubiera dado a la fuga durante el ataque nocturno realista de Cancha Rayada.
Entre los oficiales, hubo 3 ingleses que tuvieron la confianza de San Martín, de quien fueron ayudantes de campo, y 2 franceses.
Por su parte, el ejército realista estaba integrado en su mayoría por hombres nacidos en América; indios, mestizos, pardos, blancos y negros esclavos liberados, siendo el resto españoles peninsulares.
A su vez, se dividía en absolutistas y liberales.
El último virrey del Perú, José de la Serna, era un realista liberal.
Desde 1817 no llegaron refuerzos europeos para los realistas del Perú, y desde 1820 fue así para toda la América hispana.
En 1820 las unidades realistas eran mitad españoles y mitad europeos de distinto origen.
En 1821 el ejército realista de Costa Firme consistía en 843 blancos americanos, 980 nativos indios y 5.378 mestizos y morenos.
En 1824 solamente había 500 españoles en el ejército realista que combatió en Ayacucho.
Bolívar a partir de 1817 había dispuesto contratar mercenarios para su ejército, entre los que había entre 5.000 y 5.500 ingleses.
Casi todas las agrupaciones militares realistas que intervinieron en la guerra de la independencia fueron de nueva creación; se formaron como unidades americanas nuevas en su mayoría, que a su vez iban a seguir estando con reemplazos de americanos.
Por su origen hubo 2 clases de unidades del ejército realista, las creadas en América y las creadas en España.
Por su número los americanos formarán la mayoría del conjunto del ejército realista, superando el 90 % de las tropas.
Esas unidades creadas en América eran originarias americanas, y su componente social y racial refleja su población local.
Fueron a sus respectivos lugares de guerra cercanos, y con raras excepciones salieron de sus lugares de origen.
Así, los mestizos indígenas o mulatos, junto con negros esclavos liberados fueron el grueso del ejército realista.
Por su movilidad geográfica e instrucción, las tropas americanas se pueden dividir en unidades de milicias y unidades veteranas.
Las unidades creadas en España eran las llamadas “expedicionarias”, pero desde su llegada a América recibían un flujo continuo de tropas americanas que suplantaba las bajas europeas.
Véase el caso del batallón Burgos, que tras llegar de España tuvo que completar sus filas con americanos sin haber tenido un solo combate.
Por ello, una cuarta parte del ejército real que luchó en Maipú era española peninsular.
Puede afirmarse con lo antedicho que la guerra de la independencia sudamericana fue la primera de sus tantas guerras civiles donde los americanos se mataron entre ellos por causa de intereses extranjeros.
Imagen:
Batalla de Carabobo (librada el 24 de junio de 1821), óleo de Martín Tovar y Tovar.