02/08/2025
ESE ¿HERMOSO? OBJETO DE DESEO
Jugué con el chupete que arrancaba.
Jugué con la mantita, me tapaba y ya no estaba.
Jugué con el pollito que sonaba.
Jugué a cantar debajo de la mesa.
Jugué a los autitos en la vereda de mi casa de la calle Mendoza en 9 de Julio.
Jugué a la pelota en el terreno baldío de la esquina en 9 de Julio.
Jugué a los soldaditos cuando éstos andaban por la calle (1976).
Jugué a las carreras de bici para inaugurar el asfalto en la calle 25 de Mayo en 9 de Julio.
Jugué al doctor en la terraza de Érica en Chivilcoy.
Jugué a la pelota en la escuela de fútbol de Ayacucho, junto a los inolvidables Pocho Guisande y el Torta González.
Jugué a las figuritas recortando los Gráficos y armándolas yo mismo pasando horas con “mis campeonatos”.
Jugué a la bolita en la casa del Campa que todavía tenía vereda de tierra.
Jugué a la escondida en “la cruz” del barrio (cuatro cuadras que la formaban), hasta que papá, con un chiflido, me avisaba que era la hora de la cena.
Jugué a la pelota en la chacra, en el patio, en Atlético, en la escuela, en la plaza Norte, en el Cicles, en lo de Diego, en lo de Guti, sabiendo que la calle era nuestra.
Jugué a la paleta en el “frontón” del patio de casa.
Jugué a los autitos con masilla en la playa.
Jugué a las carreras de Karting, en Necochea, y los estudiaba para saber cuál era el más rápido.
Jugar y jugar sin importar con qué, porque el juego es un excelente medio para vincularte con otros y para conocerte más. Juguetes que inventábamos para pasarla bien. Porque el juguete está en tu cabeza, en tu imaginación.
El excelente pedagogo Francesco Tonucci en su libro La soledad del niño reflexiona…
JUGUETES
Los juguetes son o deberían ser instrumentos para jugar; cuando más inciten a jugar, mejores serán.
El mejor juguete es, quizá, la arcilla, porque no es nada y puede convertirse en todo: el paso de nada a todo es el juego.
Jugar es también inventar y construir, y no solamente utilizar juguetes. Los juguetes se construyen con arcilla, con trapos, con trozos de madera, con cañas. Hoy todas esas cosas son raras en la ciudad y, por consiguiente, los juguetes se compran. Y como todo lo que se compra, cuanto más cuestan más valen.
Si queremos demostrar mucho cariño, si queremos hacernos perdonar una ausencia, una atención escasa, le compramos a nuestro hijo un regalo que sea muy caro.
El niño se está transformando de jugador en poseedor de juguetes.
Uno de sus juegos más habituales consiste en abrir la caja del nuevo juguete, probarlo, abandonarlo o destruirlo, y esperar el próximo.
Y hoy ha quedado relegado, abandonado, ninguneado por el “espejito de colores” de estos tiempos que lo manipulan nuestros niños y niñas más rápido que un pincel, un lápiz o un libro y que nos sirve a nosotros, los adultos, para que no nos molesten. Ese rectangulito multifunción con el que pago, juego, estudio, canto, cobro, leo, poso, apuesto… ¿Necesitan qué les diga de quién estoy hablando?