22/10/2024
En estos momentos de compresión de los designios de Dios, resulta difícil encontrar las palabras adecuadas, las justas, las precisas, esas que nos permitan definir lo que no tiene definición y describir lo indescriptible. Es difícil hallar sosiego, cuando nos invaden las interrogantes, los porqués, cuando nos cuestionamos sobre lo que nos faltó, sobre lo que pudimos hacer mejor o por lo menos diferente; lo cierto es que ya no hay un después, solo nos queda asirnos a los recuerdos, a los buenos recuerdos y al ahora, el ahora, el momento de despedir al ser querido y es que pareciera que no somos conscientes de ello, de la finitud del ser humano, de la realidad, de lo inevitable. Hoy, cuando nos congregamos en el Templo Nuestra Señora del Rosario para ofrecer este oficio religioso por la trascendencia espiritual del hijo, del hermano, del tío, del padre, del esposo, y del amigo, no podemos menos que dar gracias al Arquitecto de la vida, por su vida, por el tiempo que nos permitió disfrutarlo, reír y edificar junto a él. Sin duda, experiencias, momentos y recuerdos, que quedarán tatuados en el alma. John, fue un ser humano de calidades y virtudes extraordinarias, un hombre trabajador, sencillo, jovial, alegre, servicial, un hombre que supo vivir a plenitud, un hombre bueno, un hijo bueno, un hermano bueno, un papá bueno, y un amigo excepcional; hoy, damos gracias a Dios por su vida y oramos con el corazón dispuesto para que le lleve de su mano y guíe en esta, su trascendencia espiritual, su Pascua. En nombre de la familia Montoya Castaño, y en el mío propio, hago público y extensivo un mensaje de agradecimiento, por las manifestaciones de apoyo y solidaridad recibidas, en este difícil momento.