25/08/2024
¿Sabías que?...
HONDA- TOLIMA
ES CONOCIDA COMO
"LA CIUDAD DE LOS PUENTES"
Después de cinco largas horas sobre la moto, con el sol marcando su presencia en cada kilómetro recorrido, finalmente llegué a este encantador rincón del Tolima. La ciudad de los puentes, como se la conoce, se despliega a orillas del majestuoso río Magdalena, acogiendo a los viajeros con una mezcla de historia, cultura y naturaleza. Atrás quedaron 268 kilómetros de carretera, serpenteando entre montañas y valles, hasta que el horizonte me regaló la visión de esta joya escondida.
Honda, ubicada en el norte del departamento, es un cruce de caminos y fronteras naturales. Al norte, se encuentra el imponente departamento de Caldas; al occidente, el histórico municipio de Mariquita; al oriente, el río Magdalena traza una línea divisoria con el departamento de Cundinamarca; y al sur, las tierras de Armero Guayabal marcan el límite de su territorio. Esta ciudad, conocida por sus 40 puentes que embellecen su entorno, fue un importante puerto fluvial durante la época colonial. Entre estos puentes, destaca el Puente Navarro, una joya arquitectónica que ha perdurado por más de 100 años, simbolizando el legado duradero de Honda.
El nombre "Honda" proviene del vocablo indígena "honda", del idioma de los muiscas, que significa "lugar profundo" o "hondo". Esta referencia geográfica resuena en los profundos valles y el cauce del río Magdalena que atraviesa la ciudad, otorgándole una identidad única.
Decidí bajar hasta el río, buscando alivio en la brisa que solía acompañar el fluir del Magdalena. A medida que me acercaba a la orilla, sentía el peso del calor aflojarse un poco, como si el río tuviera el poder de absorber parte de ese ardor. Cuando finalmente llegué, me arrodillé junto al agua, y al sumergir la cabeza y la cara en las corrientes frescas, sentí que el calor implacable retrocedía, al menos por un momento. El agua corría sobre mi piel como un bálsamo, llevándose consigo el cansancio y el sudor acumulados durante el viaje.
En Honda, la amabilidad de su gente es tan refrescante como el agua del Magdalena. No hay nada más placentero que detenerse en una de sus pintorescas calles para tomarse un jugo fresco, sintiendo cómo el dulce frío contrasta con el calor, mientras una mano gentil te lo ofrece con una sonrisa sincera. Es el rostro de Don José, un pescador artesanal de toda la vida, quien te lo sirve con el orgullo de alguien que ha conocido el río Magdalena en sus momentos más generosos y en sus días más tranquilos.
Don José, con su piel curtida por el sol y las manos marcadas por años de faena en las aguas, recuerda con nostalgia los días de la subienda, cuando el río se llenaba de peces y la vida fluía en abundancia. En sus ojos, se mezcla la melancolía del pasado con la alegría de saber que, gracias a los frutos de su trabajo, ha podido sacar adelante a sus hijos. Es un hombre cuyo rostro cuenta historias, cuyas palabras resuenan con el eco de una vida dedicada al río y a su familia.
En Honda, la gente camina con la cabeza en alto, orgullosa de su ciudad, de sus puentes históricos y de su íntima relación con el Magdalena. Es un orgullo que se manifiesta en los saludos cálidos de sus habitantes, en las conversaciones espontáneas en la plaza, y en la manera en que cuidan y preservan las tradiciones que les han sido legadas. Aquí, cada persona es un reflejo del espíritu de Honda: resiliente, generoso, y profundamente conectado con su tierra. La ciudad vibra con el amor de su gente, un amor que se siente en cada esquina, en cada sonrisa compartida, y en la manera en que los hondanos hablan de su hogar.