El Tocaimuno

El Tocaimuno Magazine oriundo de Tocaima, Cundinamarca.

𝐓𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐀𝐧𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨:  #03𝐔𝐛𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧: Cruce de la vía a Girardot (Frente a la Discoteca Leo), Tocaima𝐅𝐞𝐜𝐡𝐚 𝐚𝐩𝐫𝐨𝐱𝐢𝐦𝐚𝐝𝐚: Añ...
03/07/2026

𝐓𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐀𝐧𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨: #03

𝐔𝐛𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧: Cruce de la vía a Girardot (Frente a la Discoteca Leo), Tocaima

𝐅𝐞𝐜𝐡𝐚 𝐚𝐩𝐫𝐨𝐱𝐢𝐦𝐚𝐝𝐚: Año 2005

𝐄𝐬𝐭𝐚𝐭𝐮𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐯𝐢𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨: Testigo presencial (era un niño en la época del evento).

"Esto pasó un día cualquiera en la Ciudad Salud. Yo era apenas un niño cuando la gente en el pueblo empezó a hablar con horror de un accidente terrible en el cruce de la vía que conduce a Girardot, justo al frente de la Discoteca Leo. Como estábamos cerca, mi papá me llevó de la mano para ver si era verdad tanta desgracia. Ojalá nunca hubiéramos ido. La escena me golpeó la mente de una forma que todavía no he podido superar.

Al llegar, vimos un automóvil blanco completamente destruido. Adentro iba una familia que quedó totalmente desvivida en el acto. El causante había sido un camión cargado de sandías y otras frutas que, según se decía, se había quedado sin frenos o llevaba a un conductor distraído que impactó de lleno el costado del carro blanco. La escena era el retrato de la miseria humana: los cuerpos destrozados siendo cubiertos con sábanas blancas en mitad del asfalto. Lo que jamás se me va a salir de la cabeza, lo que me persigue hasta la fecha, fue ver los sesos de una niña regados por el suelo, mezclados con trozos de cabello... detalles espantosos que prefiero no seguir escarbando en mi memoria.

Sé que en el pueblo la gente cuenta versiones diferentes y cambian los detalles, pero yo lo recuerdo exactamente así. También se rumoraba que en el camión que provocó la tragedia viajaba el conductor con su esposa embarazada, y que por el impacto ella perdió al bebé. No sé si fue verdad, pero sumaba más horror a la tarde.

Lo que sí vi, y nunca olvidaré, fue al único sobreviviente del automóvil blanco. Estaba ahí parado, al lado de los organismos de socorro y la policía. Tenía la mirada completamente perdida, sumido en un estado de shock tan profundo que ni siquiera me alcanzo a imaginar el vacío que sentía. Ver a ese hombre, saber que en un segundo lo perdió todo frente a esa discoteca, es lo que más me perturba hasta el día de hoy. Esta es mi historia, y agradezco a esta página por permitirme soltar este dolor que guardé desde niño."

𝐓𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐀𝐧𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨:  #02𝐔𝐛𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧: Hotel La Nevada (Parque Principal), Tocaima𝐄𝐬𝐭𝐚𝐭𝐮𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐯𝐢𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨: Antigua camare...
02/07/2026

𝐓𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐀𝐧𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨: #02

𝐔𝐛𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧: Hotel La Nevada (Parque Principal), Tocaima

𝐄𝐬𝐭𝐚𝐭𝐮𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐯𝐢𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨: Antigua camarera del hotel.

"Yo trabajé muchos años como aseadora en el Hotel La Nevada (𝑠𝑒 𝑐𝑎𝑚𝑏𝑖𝑎 𝑒𝑙 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑒𝑓𝑒𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑙𝑒𝑔𝑎𝑙𝑒𝑠), ahí frente al parque principal. En ese lugar uno ve de todo, pero lo que pasó en la habitación 22 me dejó un vacío en el pecho que nunca me pude quitar.

A esa habitación llegó un señor como de unos treinta años. Era muy bien parecido, elegante, andaba solo. Su rutina era extraña: casi no hablaba, no salía y bajaba a la barra únicamente a pedir botellas de whisky y baldes llenos de hielo. Muchísimo hielo, a cada rato. Cuando yo entraba a hacerle el aseo, era muy amable, pero siempre me pedía una sola condición con una voz apagada: 'Por favor, no me toque la cama'. Ahí tenía una grabadora y un montón de casetes y discos con la música que le gustaba. Yo respetaba su espacio. Todo era raro, pero hasta ahí, normal.

Un día el tipo salió y no regresó. Pasaron las jornadas y, ante la ausencia, los encargados decidimos abrir el cuarto. Todo estaba intacto, su ropa y sus cosas ordenadas como si fuera a volver en cualquier momento. No se llevó nada.

A los días supimos la verdad por la policía y se me heló la sangre. El hombre había caminado solo hasta lo alto del cerro Guacaná. Allá arriba, en medio de la maleza de esa vereda, se tomó un veneno para ratones y se colgó de un árbol. Dijeron que el sol implacable de Tocaima lo había dejado casi cocinado para cuando lo encontraron... una cosa espantosa.

La policía se llevó todas sus pertenencias y nunca nadie vino a reclamar nada. Se volvió un mu**to sin nombre. Lo que me destroza la cabeza y me sume en una tristeza horrible cada noche es pensar en esos días previos. Me culpo por no haber visto más allá de su amabilidad. Ahora entiendo que el aislamiento, el whisky y todo ese hielo que pedía eran para calmar la agonía de la decisión que ya había tomado. Me queda un dolor muy amargo al recordar su música en la cama y saber que limpié el cuarto de alguien que solo estaba ordenando sus cosas para irse a m0r1r en la soledad de ese cerro."

𝐓𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐀𝐧𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨:  #01𝐔𝐛𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧: Barrio San Jacinto, Tocaima𝐄𝐬𝐭𝐚𝐭𝐮𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐯𝐢𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨: Residente local."Yo era apenas...
01/07/2026

𝐓𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐀𝐧𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨: #01

𝐔𝐛𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧: Barrio San Jacinto, Tocaima

𝐄𝐬𝐭𝐚𝐭𝐮𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐯𝐢𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨: Residente local.

"Yo era apenas un niño de unos diez años cuando pasó lo de la marcha a la alcaldía. La gente de San Jacinto y el Obrero estaba cansada. En ese tiempo no había morgue y nos tocaba aguantar el olor de los mu**tos tirados en el cementerio por horas bajo ese calor tan bravo. Era insoportable, se metía en la comida, la ropa quedaba impregnada, todo.

El día que los vecinos se rebotaron, envolvieron a ese mu3rt0 en una sábana y lo arrastraron rumbo a la Alcaldía. Esto pasó hace años, no me acuerdo muy bien, creo que entre los años 2004 y 2006, el caso es que yo me fui detrás de los adultos que arrastraban al occiso, fui de curioso. Nunca se me va a borrar de la cabeza ver cómo la sábana se iba rompiendo en las piedras de la calle empinada y cómo iban quedando los gusanos blancos, enormes, moviéndose sobre el asfalto caliente. El olor que se desprendía mientras lo arrastraban hacía que la gente se asquearan en las aceras.

Al final pusieron la morgue y todos lo celebraron, pero para mí no hubo final feliz. Hoy soy un adulto y sigo viviendo aquí en San Jacinto, pero quedé dañado de la cabeza. Cada vez que paso por esa misma calle al mediodía y el sol calienta el pavimento, juro que vuelvo a sentir ese olor nauseabundo en la garganta. No puedo comer tranquilo, El pueblo lo olvidó, pero a mí me arruinó la vida."

  | La Gallina Tocaimuna no es simplemente un plato de comida; es un ritual sagrado y el secreto culinario mejor guardad...
30/06/2026

| La Gallina Tocaimuna no es simplemente un plato de comida; es un ritual sagrado y el secreto culinario mejor guardado de la región. Todo comenzó con las cocineras tradicionales del municipio, quienes perfeccionaron una receta única para alimentar a los viajeros que llegaban cansados y hambrientos a buscar las aguas curativas. El gran truco de este manjar no está solo en la calidad de la gallina (que debe ser criolla, criada en el campo), sino en su prolongado y paciente método de cocción en fogón de leña, sazonada con un "hogo" o guiso secreto a base de cebolla, ajo, comino y manteca de cerdo que hace que la carne quede tan suave que se deshace en la boca.

Lo divertido de comer una auténtica Gallina Tocaimuna es la experiencia que la rodea. Tradicionalmente se sirve acompañada de yuca sudada, plátano maduro, papa y un buen plato de arroz preparado con los mismos jugos del ave. Es el típico almuerzo dominical que congrega a familias enteras en los restaurantes campestres del municipio, donde el calor de Tocaima se pasa mejor con una cerveza bien fría o una buena taza de guarapo. Es tan famosa que se dice que quien visita la "Ciudad Salud" y no se sienta a comer una gallina tocaimuna con las manos, simplemente no conoció el verdadero sabor del pueblo.

  | ¿Sabías que Tocaima es conocida a nivel nacional como la "Ciudad Salud de Colombia"? Esta fama no es nueva ni es un ...
30/06/2026

| ¿Sabías que Tocaima es conocida a nivel nacional como la "Ciudad Salud de Colombia"? Esta fama no es nueva ni es un invento del turismo moderno; viene desde la época colonial y tiene raíces en la medicina indígena ancestral. El gran secreto de esta tierra radica en sus pozos y fuentes subterráneas ricas en azufre y lodo mineral, especialmente en lugares icónicos como los Pozos de Azufrados. Durante siglos, viajeros de todos los rincones del país —incluyendo a presidentes, generales y familias adineradas de la Bogotá del siglo XIX— emprendían extenuantes viajes a caballo solo para sumergirse en estas aguas curativas, buscando alivio para males de la piel, la artritis y el estrés.

Lo verdaderamente entretenido es que Tocaima se convirtió en el primer "spa de bienestar" de Colombia. El ambiente cálido y seco del municipio, combinado con las propiedades medicinales del lodo azufrado, creaba el escenario perfecto para que los visitantes se untaran de pies a cabeza, quedando completamente cubiertos de barro oscuro bajo el sol. Aunque al principio el olor a azufre podía ser un choque para los nuevos turistas, bastaba con darse un baño para notar la piel renovada y sentir un alivio inmediato. Hoy en día, esta tradición sigue más viva que nunca, convirtiendo un tratamiento de salud natural en una de las experiencias más divertidas y relajantes que ofrece Cundinamarca.

  | 𝗟𝗮 𝗖é𝗱𝘂𝗹𝗮 𝗥𝗲𝗮𝗹 𝘆 𝗲𝗹 𝘁í𝘁𝘂𝗹𝗼 𝗱𝗲 "𝗛𝗶𝗱𝗮𝗹𝗴𝗮 𝘆 𝗡𝗼𝗯𝗹𝗲 𝗩𝗶𝗹𝗹𝗮Resulta que a mediados del siglo XVI, Tocaima no era un pueblo c...
29/06/2026

| 𝗟𝗮 𝗖é𝗱𝘂𝗹𝗮 𝗥𝗲𝗮𝗹 𝘆 𝗲𝗹 𝘁í𝘁𝘂𝗹𝗼 𝗱𝗲 "𝗛𝗶𝗱𝗮𝗹𝗴𝗮 𝘆 𝗡𝗼𝗯𝗹𝗲 𝗩𝗶𝗹𝗹𝗮

Resulta que a mediados del siglo XVI, Tocaima no era un pueblo cualquiera; se había convertido en un punto estratégico súper importante para el comercio de oro y sal en la Nueva Granada. Los españoles que vivían allí estaban tan orgullosos de su crecimiento y de haber "pacificado" a los guerreros Panches, que decidieron pedirle un reconocimiento oficial al rey de España, Carlos I (y a su madre, la reina Juana). La respuesta llegó en 1549 a través de una Cédula Real (un documento oficial del rey) que le otorgó a Tocaima un estatus envidiable: el título de "Hidalga y Noble Villa", además de darle su propio escudo de armas con un águila negra y castillos de oro.

Lo divertido de la historia es el "estatus" que esto le dio a sus habitantes. En esa época, que te nombraran "Noble Villa" era como ganar un pase VIP en el imperio español. Automáticamente, los vecinos de Tocaima pasaron a ser considerados "hidalgos" (nobles de sangre), lo que significaba que tenían privilegios especiales, no pagaban ciertos impuestos coloniales y podían mirar por encima del hombro a otros pueblos de la región. Fue una época de oro y muchísima elegancia en medio de la selva colombiana, donde los banquetes, los trajes finos y el orgullo tocaimuno se convirtieron en el día a día de la villa.

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