07/10/2026
VIRMA ELIZABETH PÁEZ ROSERO
Sostén del hogar y voz de la casa
(1936-2017)
Origen y una infancia de entrega temprana
Virma Elizabeth Páez Rosero nació en la ciudad de Esmeraldas el 12 de febrero de 1936, en el hogar formado por Guillermo Antonio Páez Burbano, oriundo de San Antonio de Pichincha, y la esmeraldeña Fredesulinda Rosero Valdobenito, maestra de la escuela Hispano América. Fue la cuarta de ocho hermanos: Galo Lincoln, Gladys Celeste, Guillermo Abel, los tres alumbrados en la isla de Limones; y ya en la ciudad de Esmeraldas, Virma, seguida de Carlos Germán, Jaime Oswaldo, Luis Roberto Patricio y la menor, Gilda Eleanor Ilusión, principal fuente testimonial de esta semblanza.
Cursó la primaria inicialmente en la escuela Hispano América y luego en la anexa al Colegio Nacional Cinco de Agosto y cursó el bachillerato en ese mismo plantel. Cuando nació Gilda, en 1949, Virma tenía trece años, y fue ella quien, ante la falta de otra persona disponible mientras su madre cumplía su jornada docente, asumió durante un año entero el cuidado de la hermana menor, postergando sus propios estudios. El episodio —referido por la propia Gilda con gratitud explícita— anticipa el temple de entrega que definiría el resto de su vida.
El marino que la enamoró
Según el relato familiar, Virma conoció a Jorge Reinoso Meléndez, marino de la Armada Nacional recordado por su refinada elegancia, en la antigua escuela Juan Montalvo, donde este prestaba labores de control y seguridad durante los eventos deportivos escolares. El enamoramiento fue descrito por la familia como inmediato: Virma, de catorce años, ya mostraba entonces la apariencia de una señorita.
El matrimonio se celebró el 4 de febrero de 1955 —fecha que la familia recuerda— en la casa familiar de la avenida Libertad, entre Rioverde y Espejo, reconstruida apenas un año antes por su hermano Guillermo Abel, quien costeó también la fiesta y los pasajes de la aerolínea Panagra con que la pareja viajó a Guayaquil, ciudad que sería desde entonces su residencia.
Guayaquil: hogar, hijos y panadería
Instalados primero en una vivienda de las calles Juan Pío Montúfar y Cuenca, Virma asumió casi en solitario la administración del hogar, pues Jorge, en su condición de marino, pasaba largas temporadas embarcado. La pareja tuvo cinco hijos: Marcia Roxana, Jorge Abel, nacido en Esmeraldas en 1958, año del sismo que sacudió la provincia, cuando Virma regresó temporalmente a su ciudad natal para el parto; luego nacieron en Guayaquil Carlos Javier; Fredy Iván, y Jofre, el menor, con diferencias de dos a tres años entre cada nacimiento.
Virma crio y educó a sus cinco hijos sin contar nunca con servicio doméstico. Con el tiempo, el matrimonio adquirió una vivienda propia en la ciudadela Huancavilca, posterior al hospital Teodoro Maldonado, colindante con la ciudadela El Periodista, donde los hijos completaron su formación —varios en el colegio Eloy Alfaro y Fredy Iván en el Liceo Naval—. En esa misma propiedad, Virma y Jorge instalaron una panadería que, con los años, ampliaron con otras actividades comerciales, sostén económico de la familia.
El sostén de sus hermanos menores
Un capítulo particular de su biografía es el papel que desempeñó como soporte de sus hermanos menores, Jaime y Patricio, cuando ambos viajaron a Guayaquil para cursar el bachillerato en el colegio Eloy Alfaro. Alojados primero en casa de la señora Berta de Figueroa, Virma arrendó después un departamento más amplio donde los dos hermanos vivieron hasta graduarse, en 1964, y continuar luego sus estudios de ingeniería civil en la Universidad de Guayaquil. El hogar de Virma se convirtió, para ellos, en el espacio de contención que hizo posible esa etapa formativa.
Carácter, canto y cocina
Del carácter de Virma se destaca, además de la firmeza que la familia atribuye a todos los Páez Rosero, una notable disposición para el canto, capaz —según se recuerda— de proyectarse varias casas mientras realizaba las labores domésticas. En el plano culinario, incorporó a su repertorio la gastronomía guayaquileña aprendida durante su convivencia inicial con la familia de Jorge: preparaba con frecuencia seco de chivo, estofado de carne, bistec y carne apanada, sin que faltara nunca en su mesa la ensalada ni un vaso de avena (quaker).
El vínculo con Esmeraldas
Pese a la distancia, Virma mantuvo un vínculo constante con su madre y su ciudad natal, a la que viajaba en fechas señaladas. Fredesulinda procuraba que esas visitas fueran breves, recordándole la importancia de regresar junto a su esposo para compartir la crianza de los hijos. Se recuerda, como anécdota familiar, que uno de ellos, Carlos Javier, viajó siendo niño —de unos seis o siete años— solo desde Guayaquil hasta Esmeraldas en un autobús de la empresa Trans Esmeraldas, episodio que ilustra la fluidez de los vínculos entre ambas ciudades.
Últimos años: la diabetes
Hacia el final de su vida, Virma padeció repetidos episodios gripales mal atendidos que derivaron en un cuadro de diabetes, cuyo origen ella misma atribuía a una causa emocional: el deterioro de la salud cardíaca de su madre la obligó a trasladarse a Esmeraldas para atenderla, en un momento en que su negocio ya estaba consolidado.
Despedida
Jorge Reinoso Meléndez falleció el 22 de febrero de 2017, a causa de un paro cardíaco. El agravamiento de la diabetes de Virma la llevó, en los meses siguientes, a ser atendida primero en la Clínica Panamericana y después en el Hospital Luis Vernaza de Guayaquil, centro al que fue trasladada. Virma Elizabeth Páez Rosero falleció allí el 17 de junio de 2017, por la tarde, apenas unos meses después de su esposo. Su hermano Jaime Oswaldo falleció ese mismo año, el 23 de noviembre, dando cumplimiento involuntario a una frase que solía repetirle: que ambos morirían antes que su hermana Celeste.
Legado
La trayectoria de Virma Páez Rosero —del cuidado temprano de una hermana menor a la crianza de cinco hijos propios, del sostén brindado a dos hermanos estudiantes a la consolidación de un negocio familiar— traza el perfil de una mujer cuya vida estuvo organizada en torno al servicio a los suyos. Esta semblanza recoge su historia no para exaltar un apellido, sino, en los términos planteados por el proyecto que le dio origen, para dar a conocer a la colectividad esmeraldeña el aporte silencioso y sostenido de una de sus hijas.
By EsmeraldasDelAyer