28/05/2026
Hoy, en el Día Mundial contra el Hambre, queremos reflexionar sobre una realidad que sigue afectando a millones de personas en el mundo y que también toca de cerca a muchas de las familias, niños, niñas y adolescentes que acompañamos diariamente.
El hambre no es solamente la ausencia de alimento. El hambre también se expresa en la desigualdad, en la falta de oportunidades, en la exclusión, en la incertidumbre de familias que cada día luchan por salir adelante y brindar bienestar a sus hijos e hijas. Detrás de cada necesidad alimentaria existe una historia humana, una familia que merece ser acompañada con dignidad, respeto y esperanza.
Desde el Centro Una Familia de Familias, y desde la Compañía de Jesús en el Ecuador, creemos profundamente que acompañar a las familias en situación de vulnerabilidad implica mirar integralmente sus vidas, fortalecer sus capacidades y caminar junto a ellas en la construcción de proyectos de vida personales, familiares y comunitarios. Alimentar también es cuidar, proteger, educar, dignificar y generar oportunidades para que niños, niñas y adolescentes puedan crecer en entornos más seguros, amorosos y esperanzadores.
Cada desayuno y cada comida entregada en nuestro centro representa mucho más que un plato servido. Representa acogida, comunidad, alivio para muchas familias y una oportunidad para que nuestros niños y jóvenes puedan aprender, desarrollarse y soñar con un futuro diferente. Representa también el compromiso de construir una sociedad más justa, solidaria y reconciliada consigo misma, con los demás, con Dios y con el medio ambiente.
En este día queremos expresar un profundo agradecimiento a todas las personas e instituciones que hacen posible esta misión. Gracias a nuestros donantes, aliados y voluntarios por sostener con generosidad este trabajo. Gracias a nuestro equipo de cocina, docentes y colaboradores que, con entrega cotidiana, sirven cada alimento con amor y humanidad. Y de manera muy especial, gracias a la Fundación Center for Working Families por creer en nuestras familias, caminar junto a nosotros y contribuir a que cientos de niños, niñas y adolescentes puedan acceder diariamente a una alimentación digna y nutritiva.
Su apoyo no solo combate el hambre; también fortalece la esperanza, la dignidad y la posibilidad de construir un futuro distinto para muchas familias.
Porque cuando una comunidad se une desde la solidaridad y el cuidado mutuo, sembramos vida, justicia y esperanza. ❤️