21/05/2026
La democracia está en juego.
Audios, testimonios y miles de documentos acumulan años de algunos de los mayores casos de corrupción de este país: Púnica, Gürtel, Kitchen, el caso Montoro y muchos otros episodios que parecen diluirse con el tiempo entre retrasos judiciales, silencios interesados y responsabilidades que nunca llegan.
Nadie sabe quién es “M. Rajoy”. Nadie conocía a Villarejo. Cospedal y Soraya “no recuerdan” nada. Los responsables políticos desaparecen mientras las causas se eternizan y la ciudadanía pierde la confianza en las instituciones.
Sin embargo, para señalar a Zapatero no hacen falta pruebas concluyentes ni sentencias. Basta una imputación todavía confusa y en fase inicial para convertirlo en culpable ante determinados medios y sectores políticos, negándole incluso el derecho básico a defenderse.
Quizá el verdadero problema para algunos no sea una causa judicial, sino que Zapatero siempre ha hablado claro y sigue siendo un referente para buena parte de la izquierda española.
En democracia, las acusaciones deben investigarse, pero también debe respetarse la presunción de inocencia. Dejemos que se defienda y que los hechos hablen. Porque la justicia no puede depender del apellido, del partido o de quién controle el relato.