27/05/2026
El problema de ciertos editoriales no es que critiquen a VOX. La crítica política es legítima. El problema es cuando se escribe desde el prejuicio y no desde el análisis. Y este artículo vuelve a caer exactamente en lo mismo: caricaturizar a VOX como un partido obsesionado con sillones mientras blanquea automáticamente las motivaciones del PP.
Resulta curioso que negociar competencias, exigir acuerdos programáticos o discutir líneas políticas sea “tacticismo” cuando lo hace VOX, pero “responsabilidad institucional” cuando lo hace cualquier otro partido. Parece que algunos periodistas todavía no han entendido —o no quieren entender— que VOX no nació para apuntalar el sistema autonómico tal y como está, sino precisamente para cambiar muchas de las políticas que PP y PSOE llevan décadas compartiendo.
Reducir toda negociación a un “reparto de carteras” es intelectualmente pobre y políticamente interesado. Porque si de sillones hablamos, Castilla y León lleva años funcionando con gobiernos del PP perfectamente acomodados en la gestión rutinaria, el gasto político y las redes clientelares de siempre. VOX no ha puesto sobre la mesa únicamente consejerías; ha puesto cuestiones incómodas que otros prefieren evitar: inmigración ilegal, prioridad para los trabajadores españoles, defensa del campo, seguridad, natalidad o el despilfarro ideológico.
Y sobre la famosa “prioridad nacional”, conviene aclarar algo que el artículo manipula deliberadamente: defender prioridad nacional no significa paralizar sectores económicos ni negar la realidad laboral del campo. Significa que un español no puede sentirse extranjero en su propia tierra a la hora de acceder a ayudas, empleo o vivienda mientras se importan problemas que otros países empiezan ya a reconocer abiertamente. Utilizar unas declaraciones de ASAJA como si hubieran “desnudado” una supuesta contradicción es simplemente buscar un titular cómodo para reforzar el relato habitual contra VOX.
Lo más revelador del texto es que da por hecho el pacto mientras culpa únicamente a una de las partes de la demora. Ni una sola línea cuestionando qué cede o qué bloquea el PP. Ni una. Porque en el fondo algunos medios siguen tratando a VOX como el invitado incómodo al que hay que desgastar diariamente hasta que vuelva a ser irrelevante.
Pero quizá lo que más molesta a determinados editoriales no es el tiempo que duren las negociaciones. Lo que realmente molesta es que haya millones de españoles que ya no compran el discurso prefabricado de siempre ni aceptan que cualquier defensa de la nación, de las fronteras o de la identidad común sea automáticamente ridiculizada desde columnas supuestamente “moderadas”.
Y mientras tanto, los mismos que llevan años justificando pactos del PSOE con separatistas, herederos políticos de ETA o partidos que atacan abiertamente al Estado, ahora descubren de repente que negociar demasiado es poco menos que un escándalo democrático. La coherencia, una vez más, brilla por su ausencia.
No es por apremiarles, apurarles o estresarles a estos de PP y VOX. Pero pasados 72 días desde las elecciones han tenido tiempo más que sufi