10/09/2026
Cuando acabas comiendo mucho más de lo que querías, es fácil pensar: “No tengo control”.
Pero antes de culparte, revisa cómo llegaste hasta ese momento:
¿Habías dormido poco?
¿Habías comido suficiente durante el día?
¿Llevabas horas conteniéndote?
¿Llegaste a la noche cansado y con hambre?
Nada de esto significa que fuera inevitable, pero sí ayuda a entender por qué ocurrió.
En mi caso, la bolsa de chocolate fue solo el final de un día en el que había madrugado, había comido menos de lo que necesitaba y había renunciado al helado confiando en que la fuerza de voluntad aguantaría.
Y no aguantó.
Al día siguiente no necesitaba saltarme comidas ni entrenar para compensarlo. Necesitaba volver a comer con normalidad y entender qué me había llevado hasta ahí.
Porque cuando entiendes lo que desencadena estos momentos, dejas de depender únicamente de la fuerza de voluntad.