08/08/2026
No se trata de poner puertas al cielo, se trata de que un Ayuntamiento gestione los problemas que existen y que ya han sido puestos sobre la mesa.
Resulta bastante curioso leer ahora que «el pedáneo ha ido en varias ocasiones a desalojar a gente» de la Fuente del Barco. Si el propio Ayuntamiento reconoce que ha tenido que intervenir en repetidas ocasiones, estamos hablando de un problema real, conocido y reiterado.
Y conviene recordar un pequeño detalle: el año pasado se presentó una moción para abordar esta problemática y fue rechazada con el voto en contra de todos los miembros del equipo de Gobierno.
Por tanto, no estamos hablando de una preocupación nueva ni de una ocurrencia de un vecino. El problema ya se puso formalmente encima de la mesa y el equipo de Gobierno decidió votar en contra de la propuesta.
Y ahora, un año después, resulta que el propio Ayuntamiento reconoce que el pedáneo tiene que acudir en varias ocasiones a desalojar gente.
Pues quizá habría que hacerse una pregunta muy sencilla: si el problema era suficientemente real como para que el pedáneo tenga que acudir repetidamente a desalojar, ¿por qué se rechazó en su día una moción destinada precisamente a abordar esta situación?
Porque decir «no se pueden poner puertas al cielo» puede quedar muy bien como frase, pero no es una solución. Nadie está pidiendo controlar lo incontrolable. Se está pidiendo que se adopten medidas razonables para prevenir y gestionar un problema que ya se conocía.
Y hay otra cuestión que tampoco conviene olvidar: hace apenas una semana, el Ayuntamiento se dirigió a mí públicamente en redes sociales en unos términos que considero impropios de una institución pública, llegando incluso al insulto.
Un Ayuntamiento puede discrepar de un vecino, puede rebatir sus argumentos y puede defender su gestión. Lo que no debería hacer es recurrir al insulto o a la descalificación personal porque alguien cuestione determinadas actuaciones.
Criticar la gestión municipal no es atacar al Ayuntamiento. Señalar un problema no es insultar. Y pedir explicaciones no convierte a ningún vecino en enemigo de su municipio.
Así que no, no se trata de poner puertas al cielo. Se trata de asumir responsabilidades y buscar soluciones.
Porque si hace un año se presenta una moción sobre un problema concreto, todo el equipo de Gobierno vota en contra, y un año después el propio Ayuntamiento reconoce que el pedáneo sigue teniendo que acudir a desalojar gente, quizá haya llegado el momento de preguntarse si aquella decisión fue realmente la correcta.
Menos frases hechas, menos enfrentamiento con los vecinos y más soluciones. Porque cuando un problema se conoce, se advierte y se repite, mirar hacia otro lado tampoco es gestionar.