07/10/2026
Voto útil o voto con sentido
En democracia se ha instalado una idea que merece ser discutida: que votar a un partido emergente es tirar el voto a la basura si no tiene posibilidades inmediatas de obtener representación.
Desde una perspectiva liberal, conviene hacerse otra pregunta: ¿para qué votamos?
El voto no debería entenderse únicamente como una apuesta por quién gobernará, sino también como una forma de expresar qué sociedad queremos y qué propuestas queremos que tengan presencia en el debate público.
Es cierto que el sistema electoral español condiciona las posibilidades de los partidos pequeños. Para el Congreso, cada provincia es una circunscripción y las candidaturas necesitan, como mínimo, el 3 % de los votos válidos de esa circunscripción para entrar en el reparto de escaños, que se realiza mediante la fórmula D'Hondt.
Por eso, el llamado voto útil puede tener una lógica práctica: evitar que el voto no se traduzca en representación. Pero también existe otra lógica democrática: votar aquello en lo que realmente se cree, aunque sea una opción emergente.
Desde el liberalismo, la pluralidad política no debería verse como un problema. La competencia también es saludable en política. Si los partidos consolidados saben que el ciudadano puede retirarles su confianza y trasladarla a una alternativa nueva, tendrán un incentivo para escuchar, renovarse y mejorar sus propuestas.
Un partido emergente no necesita convertirse inmediatamente en fuerza de gobierno para que sus votos tengan consecuencias políticas. Puede conseguir representación, introducir nuevos debates, obligar a otros partidos a modificar posiciones o convertirse, con el tiempo, en una alternativa consolidada.
Por eso, el voto a un partido emergente no es necesariamente un voto fallido. Es una decisión que cada ciudadano debe valorar teniendo en cuenta sus convicciones, las circunstancias de su circunscripción y las consecuencias que quiera producir con su voto.
La pregunta liberal no debería ser «¿qué voto evitará que gane el otro?», sino también:
«¿Qué opción representa mejor aquello que quiero defender y qué quiero conseguir con mi voto?»
Porque en democracia el voto no es propiedad de los grandes partidos. Es propiedad del ciudadano.
José María Mulet Torres, vocal de comercio del PLIE Balear.