03/02/2022
En ésta fecha memorable (2 de febrero, independencia de Los Altos), en la que ansiosos del cambio y tomando por baluarte la honra y la pasión, los héroes del XIX enarbolaron en sus hombros la bandera de Quetzaltenango y la de Los Altos y durante años ondeó valiente y temible, hasta que funestos acontecimientos que nada tenían que ver con el ilustrísimo intelecto altense, mancillaron la libertad de una región.
Hoy nuestro autor, en ocasión del aniversario número 184 de la independencia legal, legítima y real del Estado de Los Altos; nos comparte estas letras, los tres cantos de amor por Quetzaltenango.
Para Quetzaltenango, ciudad de la estrella.
I
A un Númen fuerte, un fúlgido milagro:
Del d***o de los cielos se desprendió una estrella,
y su visión fué trazo de la belleza suma:
con inflamados besos dió un iris a la bruma,
e iluminó las almas de mística centella.
¿Y a dónde caería? Los bardos de aquel tiempo
cantaban en sus rimas la ciudad memorada,
donde se vió el pródigo arder, fluir, caer.
Era un monte. Subiendo ese espacioso monte,
un limbo que sería la pulpa en la granada.
Cimera aún, la roca silenciosa y nevada,
y después horizonte ... horizonte ... horizonte.
¿A dónde caería la gema azul,
rodando desde el collar del día?
¡Oh, quien mirar pudiese la sombra iluminada
y como abierta en lampos de una aurora sagrada!
II
Ciudad feliz, arcádica, de honrado amor, se engríe
porque la blonda tránsfuga de nívea luz se baña;
en su ilusión la estrella sus nácares deslíe;
los hombres que la vieron los nutre su montaña...
Sus albas aún evocan auri-azulina huella:
quiere la ciudad clara el sueño blando,
la musa libre, el alma señora en su querella,
y labora cantando y esperando...
Aún piensa ver la sombra iluminada,
cual si se abriera en lampos de una aurora sagrada...
y persiguiendo el brillo de la fugaz estela,
el éter vácuo, inmenso, contempla de hito en hito...
Un pueblo como mira los ámbitos y anhela
no sabe qué... belleza de lúgubre infinito.
¡Qué noche, noche ustoria que conmovió la vida
y enardeció las almas y depuró el dolor,
cuando cruzaba el cielo la lágrima encendida!
¡Qué fúlgido milagro, qué lírico estupor!
A quien miró la estrella con mirar arrobado,
hasta el pensar la lumbre lo tiene diademado,
y un brillo de la lumbre lleva en la mente opreso:
el beso de la luz casi ni oprime,
con ser un tibio y tremolante beso...
¡Vivir es una experiencia sublime!
¡Vivir es un ejercicio sagrado!
III
Abejas sumbadoras. Maíz que está engranado,
canciones a la tarde, cuando se sueña y cuando
el polvo de los astros fulgura en el vacío...
Ha de brillar de nuevo la mística centella,
rielando entre las aguas de nemoroso río...
¡Sé tú, Quetzaltenango, la Ciudad de la Estrella!
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