23/06/2022
Lavatorio de huesos en el mar ( purificación de las almas y osamentas en Champotòn)
Cuentan los relatos que hace muchos años, cómo a principios del siglo pasado o antepasado, en realidad no hay una fecha específica pues los entrevistados ya eran personas mayores y no recordaban fechas exactas, ya que eran historias que les contaban sus padres, abuelos y en algunos casos bisabuelos o que escucharon cuando eran niños y que lamentablemente se perdió en el tiempo.
Esto se acostumbraba en el bello puerto de Champotòn, que al ser un lugar de pescadores, se tenía la costumbre de realizar un ritual mortuorio, que para la actualidad podría ser algo extraño y hasta escalofriante. Este ritual consistía: que pasados los tres años de que se le diera cristiana sepultura a los difuntos, sus familiares (la persona mayor de la casa, la que tenía más jerarquía) con ayuda del sepulturero desenterraban la osamenta, mientras el resto de los familiares quemaban yerbas de olores de la región, prendían veladoras, colocaban flores y elevaban plegarias y oraciones.
Ya habiendo terminado la exhumación de los restos, estos eran llevados con mucho respeto a la orilla del mar, las mujeres se arremangaban las sayas y se cubrían la cabeza con sus rebozos y los hombres se descubrían la cabeza de sus sombreros en señal de respeto para lavar los huesos en el agua de mar, ya que a decir de las abuelas, la sal del mar servía para purificar el alma del difunto y el tránsito al más allá y en algunos casos librarlos de algún mal o malas energías que aquejara al difunto, así como la conservación de los huesos, y evitar la llegada de plagas de insectos.
Posteriormente eran secados con un trapo limpio de algodón, los dejaban que se oreen a la orilla de la playa, mientras eso sucedía por lo general los varones se tomaban su licor de caña para mitigar el dolor, y las mujeres una copita de anís durante el rezo o mientras esperaban que se sequen los huesos, en ese momento entraban en una catarsis y recordaban y cantaban las letras de canciones que a su difunto les gustaba, posteriormente los huesos se depositaban en una pequeña caja de madera hecha del corazón de una madera dura para regresarlo al campo santo, para dejarlo descansar en su última morada. Cómo parte final del ritual, al momento de depositar la osamenta limpia, les colocaban flores aromáticas de la región en el interior de la urna, para alejar las malas vibras, alejar los insectos y conducirlos por un camino placentero.
Nota: personas entrevistadas: Don Guillermo Rosado, María del Carmen Rendiz Baeza, Lilia Rendiz Baeza, Sra. María la Nunza, Doña Candita la negrita (con cariño), Don Alberto Lanz Barrera. Don. Joaquín Flores, Doña María Magdalena Aguirre.
Investigación realizada por el profesor José Oneciforo Castillo Flores (profe chiforo).
Es necesario señalar que no se tiene indicios de que en otra parte del país, se haya realizado este tipo de ritual, que a mí parecer es igual de importante y significativa que la que se practica en Pomuch.