27/05/2026
Rita Segato realizó entrevistas a hombres presos por haber asesinado a sus parejas mujeres. Dijo: “[…] pareciera que todos habían matado a la misma mujer, que todos hablaban de la misma mujer. Ellos decían haberlas asesinado por ser malas madres, malas esposas, malas amantes, malas amas de casa, infieles, malas mujeres… Todos exigían los mismos roles que ellas no cumplían adecuadamente para la satisfacción de ellos”.
Cuando, como sociedad, tengamos claro que unos de los alicientes que promueven la violencia machista son los roles que se nos adjudican incluso desde antes de nacer, y que son los mandatos sociales del “deber ser” de las mujeres, las expectativas de la mujer ideal, la mujer modelo, santa, inmaculada, la sirvienta feliz, dedicada y gratuita —y entre muchos más— la amante perfecta para deleitar la mirada masculina, en ese momento que nos demos cuenta que son estos fuertes motivos de la falta de igualdad, de simetría y de equidad, ahí comenzaremos a erradicar la violencia machista que ha sido histórica y que ha cobrado la vida de miles de mujeres y niñas.
Las agresiones sexuales son una forma de moralizar a las mujeres, no sólo para la que fue agredida, es un mensaje para todas: esto les ocurre a las “malas mujeres” por no hacer lo que deben, pórtate bien, sé delicada, sé femenina, sé correcta, prudente, no agresiva, no te enojes, quédate en tu casa, no me rechaces, obedece… Si no, ya sabes que te espera y será tu culpa por no saber cuidarte, por no obedecer, por no “darte a respetar”.
La violencia hacia las mujeres y niñas es la única de todas las violencias donde siempre la culpable es la víctima. Y culpable también la madre y las otras mujeres en su entorno. Pero no es culpa jamás de las mujeres, es culpa de todos como sociedad que seguimos culpando por todo a las mujeres, hasta de las aberraciones que hacen los otros.
Por eso tenemos la necesidad urgente de apoyarnos entre mujeres, porque el sistema está creado con tal maestría que somos nosotras mismas las principales vigilantes del deber ser de otras mujeres: si un hombre viola a su hijastra la culpa es de la madre que no la cuidó; si un hombre asesina a una adolescente, la culpa es de la chica que andaba de fiesta; si un hombre viola a una mujer, la culpa es de ella porque “lo provocó”; si un hombre la acosa en la calle, la culpa es de ella por como se viste; si un hombre rompe el pacto de fidelidad con la esposa, la culpa es de la “otra”, la “rompehogares"; si un hombre agrede sexualmente a una mujer, algo habrá hecho ella para provocarlo; si un hombre golpea a su pareja mujer, la culpa es de ella porque ella es insoportable; si un hombre abandona a su familia, la culpa es de la esposa por “ser desatendida”, ¿Por qué las mujeres tenemos que ser las únicas responsables de todo: de la educación de los hijos y de las hijas, de mantener la relación a flote, de que funcione la casa y la familia, incluso de las decisiones y acciones de los hombres? ¿Cuándo vamos a hacer responsables a los hombres de sus propias decisiones y acciones?
El patriarcado está tejido con finos y delicados hilos, millones de ellos entrelazados magistralmente para que lo heredemos gustosos y gustosas, y los enseñemos de generación en generación para la réplica de un modelo social y cultural donde las mujeres valemos nada, tanto menos que ni siquiera tenemos derecho al acceso a la justicia: 6 años de “rehabilitación” para un chico de 16 años que violó y asesinó a una niña de 12 años; mujeres madres huyendo porque los padres violentos amenazan con asesinarlas para quitarles la custodia de los y las hijas y las autoridades los respaladan; criminalización y cárcel para las jóvenes que tienen la urgencia de abortar clandestinamente; prisión domiciliaria al mejor postor, violadores prontuariados amenazando y conviviendo con sus víctimas.
Libertad y presunción de inocencia para violadores de niñas pese a que ellas reconocieron al agresor; hombres que interpretan las leyes a su conveniencia y que leen bien el mensaje de la justicia entrelíneas donde se sienten con derecho a tomar posesión de las mujeres de su entorno para servidumbre, para explotarlas, para golpearlas, violarlas o finalmente matarlas. Y miles de casos que igualmente quedan impunes porque desde el machismo y desde la cultura patriarcal es la mujer la causante de todas las atrocidadaes que son capaces de hacer los hombres.
Sí, sí, ok, ok, 🙄 no todos los hombres, pero sí los suficientes como para tener miedo porque para ser agredida o asesinada tienen muchas justificaciones absurdas, pero sólo se requiere una: que seas mujer.
Un abrazo,
Mar 💜.
Vía SORORIDAD