27/07/2026
A principios del siglo XVII, una niña de ocho años fue capturada en el sur de Asia y vendida a comerciantes portugueses. Terminó en Filipinas, bautizada con el nombre de Catarina de San Juan. Ahí, un capitán español la compró para llevarla a México, cruzando el Pacífico en un galeón durante un viaje brutal de seis meses — parte de una ruta de esclavitud transpacífica casi desconocida, que trasladó a miles de personas asiáticas hacia América mucho antes de que existiera Estados Unidos.
En Puebla, tras ser liberada por su dueño, Catarina construyó una vida de pobreza extrema, ayuno y devoción religiosa. Rezaba por los indígenas que morían de hambre y enfermedad, por los barcos perdidos en el mar, por los viajeros. Con el tiempo se convirtió en una figura venerada, casi una santa popular, con un sacerdote jesuita documentando su vida en una biografía de tres volúmenes — el texto más extenso publicado en todo el México colonial.
Pero esa misma biografía la hundió. El sacerdote le atribuyó poderes casi divinos, profecías, milagros, conversaciones con Jesucristo. La Inquisición española calificó esto de blasfemia, quemó los libros y desmanteló el altar que sus seguidores habían construido en su antiguo cuarto.
Con el paso de los siglos, su memoria real se desvaneció — y fue reemplazada por algo completamente distinto: la "china poblana", el traje folclórico mexicano que hoy asociamos con orgullo nacional y coquetería. Casi nada de la verdadera Catarina sobrevive en ese símbolo.
Su historia demuestra algo que pocos saben: hubo presencia asiática en América Latina más de 200 años antes de la independencia de Estados Unidos.
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At the beginning of the 17th century, an eight-year-old girl was captured in South Asia and sold to Portuguese slave traders. She ended up in the Philippines, where she was baptized as Catarina de San Juan. There, a Spanish captain purchased her and took her to Mexico, crossing the Pacific aboard a Spanish galleon during a brutal six-month voyage. She was part of a little-known trans-Pacific slave trade that brought thousands of Asians to the Americas long before the United States even existed.
In Puebla, after gaining her freedom, Catarina lived a life of extreme poverty, fasting, and deep religious devotion. She prayed for Indigenous people dying from hunger and disease, for ships lost at sea, and for travelers. Over time, she became a deeply venerated figure—almost a popular saint. A Jesuit priest documented her life in a three-volume biography, the longest work ever published in colonial Mexico.
But that same biography led to her downfall. The priest attributed to her extraordinary powers, prophecies, miracles, and even conversations with Jesus Christ. The Spanish Inquisition condemned these claims as blasphemous, ordered the books burned, and dismantled the shrine her followers had built in her former room.
Over the centuries, Catarina’s true story gradually faded from memory and was replaced by something entirely different: the China Poblana, the iconic Mexican dress now associated with national pride and tradition. Very little of the real Catarina survives in that symbol.
Her story reveals something few people know: there was a significant Asian presence in Latin America more than 200 years before the independence of the United States.