10/05/2021
“[…] comencé a hablar con mujeres por primera vez en mi vida, y una de las mujeres con las que empecé a hablar fue mi madre. Llegué a su vida a través del largo, oscuro túnel de la mía. Comencé a ver quién era ella al tiempo en que veía el mundo que la formó. Llegué a ella, ya no sintiendo pena de la pobreza de su intelecto, sino encontrándome aturdida por la calidad de su inteligencia. Llegué a ella, ya no convencida de su estupidez y trivialidad, sino impresionada por la calidad de su fuerza. Llegué a ella, ya no sintiéndome moralmente mejor y superior, sino como una hermana, otra mujer cuya vida, de no ser por la gracia de un padre feminista y la lucha común de mis hermanas feministas, hubiera sido repetición de la suya -efectivamente, llegué a reconocer que mi madre era orgullosa, fuerte y honesta. Para cuando tenía veintiséis, ya había visto lo suficiente del mundo y sus problemas para saber que orgullo, fuerza e integridad son virtudes que deben ser honradas. Y porque fui hacia ella de una forma nueva, ella llegó a mí, cuales sea que fueran nuestras dificultades, y no eran tantas, ahora ella es mi madre, y yo soy su hija, y ambas 𝙨̲𝙤̲𝙢̲𝙤̲𝙨̲ 𝙝̲𝙚̲𝙧̲𝙢̲𝙖̲𝙣̲𝙖̲𝙨̲ ”