04/09/2026
CRÓNICAS DE YAUHQUEMEHCAN
Las armas arrojadizas en la evolución de la humanidad
David Chamorro Zarco
Cronista Municipal
Si por un momento pensamos en desproveernos de todos los avances técnicos y tecnológicos que disponemos el día de hoy, nos daremos cuenta de que prácticamente quedamos indefensos ante la naturaleza, los elementos, además de los otros peligros que conlleva el procurar sobrevivir en un mundo siempre agreste.
Durante cientos de miles de años, el ser humano vivió prácticamente sin lograr el dominio pleno de armas que le permitirán la defensa efectiva de su propia integridad, la cacería de animales que le servían de alimento, o la defensa ante otros grupos humanos que siempre se mostraban hostiles.
Naturalmente, las primeras armas que seguramente poseyó y dominó el ser humano fueron las de contacto contundente, es decir, un hueso o un palo que, tomado con ambas manos, multiplicaba la fuerza del impacto al golpear su objetivo.
Al mismo tiempo, gracias a la capacidad de manipulación que posee nuestra especie, y a la disposición del pulgar opuesto, hubo la posibilidad de utilizar las piedras como elementos arrojadizos en contra de presas y enemigos, y aunque tenían cierta efectividad, no se podría afirmar que eran lo suficientemente contundentes o letales como para garantizar que el ser humano pudiera siempre salir victorioso.
Cuando ya se pudo dominar de mejor manera la cuchilla, fuera de piedra o de hueso, se pudo trabajar y devastar las jabalinas o lanzas primitivas de madera, contando ya con una punta que garantizaba no solo el impacto sino la incisión en el objetivo, lo que llevaba a herir con cierta profundidad a los animales o enemigos. estos palos serán puestos al fuego para ganar mucho más robustez en el endurecimiento de la madera, y solía dotárceles de algún contrapeso para hacerlos mucho más dirigibles, a efecto de que no perdieran el efecto de clavarse en el cuerpo que buscaban.
Estas armas mejoraron mucho cuando hubo la oportunidad de incrustarles puntas de hueso o de piedra, particularmente de aquellas que llevaban un filo muy bien rebajado, lo que permitía que la herida proferida fuera mucho más profunda.
Sin embargo, lo que verdaderamente revolucionó las armas en general, y la manera de la caza y el combate en particular, fue la invención del arco y la flecha, considerando que el primero, regularmente hecho de madera y con una cuerda de tendón de algún animal, era capaz de concentrar y acumular fuerza elástica suficiente que luego se convertía en fuerza dinámica al liberar la tensión, lo que permitía lanzar una flecha con mucho mayor fuerza y trayectoria que si se le pretendía hacer Únicamente con la fuerza del brazo.
De conformidad con los paleontólogos que han tenido oportunidad de estudiar el caso, los primeros arcos y flechas son relativamente recientes, pues no rebasan los 70,000 años de antigüedad, lo cual nos hace pensar que en los cientos de miles de años anteriores, nuestros antepasados carecieron de este avance.
Es fácil pensar que al contar conaArcos y flechas, cada día mejor construidos y con arqueros cada vez más diestros formados con la práctica cotidiana, las actividades de la casa resultaban mucho más sencillas, pues se ganaba en distancia, al no tener que hacer contacto físico directo con el animal que se pretendía matar. y, lo mismo sucedía en el caso de los enfrentamientos bélicos, pues no era necesario trabar combate cuerpo a cuerpo, sino arrojar con el arco muchas flechas al enemigo, causándoles heridas que en un alta proporción eran letales.
Desde luego, más adelante se inventaron las ballestas, en donde no solo se posibilitaba la concentración de la energía elástica, sino que se dotaba alarma con un disparador como lo que permitía llevar el arma debidamente cargada durante mucho tiempo sin la necesidad de cansar los músculos humanos con el estiramiento de la cuerda.
Los arcos y las flechas prácticamente estuvieron presentes en todas las culturas prehistóricas antiguas e incluso medievales; en nuestras tierras mesoamericanas fueron armas muy presentes entre los diversos pueblos que habitaron esta región, y en general todo lo que el día de hoy se conoce como el continente americano, lo que demuestra su popularidad y efectividad, tanto en la caza como en la guerra.
No hay que pasar por alto el hecho de que, por ejemplo, de acuerdo a los testimonios y crónicas del siglo XVI, nuestros antepasados, los tlaxcaltecas, fueron considerados como grandes arqueros, muy efectivo al momento de entrar en combate, y aunque las armas de fuego que portaban los españoles, en un primer momento resultaron de Gran letalidad como las flechas y los arcos demostraron, tanto por la destreza de los operadores como por la rápida carga y disparo, que eran mucho más contundentes a la hora de entrar en combate. por eso, entre otros factores los tlaxcaltecas eran muy apreciados por los españoles, que incluso les llevaron para acompañar la conquista de tierras tan lejanas como el Perú o las Islas Filipinas.
No cabe duda que la invención de las armas, en primer sitio arrojadizas, constituyeron un signo indiscutible de evolución de la inteligencia humana, que permitió que hubiera las condiciones necesarias para que nuestra especie pudiera sobrevivir a todas las adversidades de un mundo enteramente hostil.
Si el ser humano no hubiera desarrollado Estas armas, muy posiblemente habría sido objeto de extinción, a causa de que que, en sentido estricto, nuestro cuerpo no está dotado de manera natural de armas o elementos de defensa de gran letalidad, como lo son, por ejemplo, las garras y los dientes de algunas especies, en especial de los grandes felinos.
De esta manera, la inteligencia del ser humano fue creciendo progresivamente, y estos elementos que el día de hoy nos parecerían sumamente rudimentarios, representaron en realidad el gran salto hacia la conquista de la civilización y la preservación de nuestra especie. no debemos olvidar que las cosas que hoy vemos a nuestro alrededor, tan llenas de avances técnicos, tecnológicos y científicos, no existirían de no haberse desarrollado a plenitud la inteligencia en el ser humano, a través del desarrollo de este tipo de elementos que, de manera paulatina pero ascendente, garantizaron que el ser humano se convirtiera en el gran dominador del mundo.
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