20/06/2026
REFLEXIÓN DE NUESTROS AMIGOS DE "LA PURA ELEGANCIA DE TENANCINGO" Lo ocurrido con el reportaje sobre Tenancingo es indignante porque no sólo se atacó la imagen de nuestro municipio, también se distorsionó una de las tradiciones culturales más importantes de nuestra comunidad: el Carnaval.
La reportera británica decidió reducir el carnaval a un simple "festival", ignorando su historia y sacándolo de contexto su significado y el papel que ha desempeñado durante generaciones en la identidad de nuestro pueblo. No se explicó qué representan las camadas, quiénes son los basarios y las basarias, ni la importancia cultural que tiene esta celebración para miles de familias.
En cambio, se optó por presentar una visión cargada de prejuicios. Se cuestionó la participación de las mujeres, se criticó su vestimenta y se les retrató de una manera ofensiva e injusta, refiriéndose a ellas como prostitutas. Las mujeres que participan en el carnaval no son objetos ni personajes de una narrativa amarillista; son parte fundamental de una tradición viva que ha sido construida y preservada por generaciones.
Resulta preocupante que se pretenda juzgar una expresión cultural desde la ignorancia, llegando incluso a insinuar que la forma de vestir de las participantes tiene relación con conductas tan graves como la pedofilia. Ese tipo de afirmaciones no sólo son irresponsables, sino que contribuyen a difundir prejuicios y a desacreditar una tradición que merece ser entendida antes de ser juzgada.
Quienes conocemos nuestro Carnaval sabemos que participan hombres y mujeres. Cada camada está integrada por basarios y basarias, charros, y demás personajesz que utilizan vestimentas llamativas como parte de una representación cultural. Hablar de estas prendas como si fueran una prueba de inmoralidad demuestra un profundo desconocimiento de la tradición. Basta observar otros carnavales como el de Brasil o el de Veracruz que son reconocidos nacional e internacionalmente, para entender que la vestimenta del carnaval de Tenancingo está lejos de la imagen exagerada que se intentó proyectar.
Pero si algo duele tanto como la distorsión del carnaval es el silencio de nuestras autoridades municipales.
¿Dónde están quienes durante las campañas políticas se fotografiaban con las camadas? ¿Dónde están quienes utilizaban el Carnaval de Tenancingo como símbolo de identidad para ganar simpatías y votos? ¿Dónde están quienes presumían nuestras tradiciones cuando les convenía políticamente?
Hoy que el carnaval ha sido señalado, malinterpretado y desprestigiado ante una audiencia internacional, las autoridades han desaparecido. Brillan por su ausencia. No hay una defensa firme de nuestra cultura, no hay una respuesta contundente y no hay una voz institucional que salga a defender una de las tradiciones más importantes del municipio.
Y que nadie confunda nuestras palabras. Nadie está defendiendo a presuntos delincuentes. Quienes hayan cometido delitos deben ser investigados, juzgados y castigados con todo el peso de la ley. Que paguen los responsables y que la justicia actúe sin contemplaciones.
Pero es profundamente injusto que se pretenda condenar a toda una comunidad por las acciones de unos cuantos. Es injusto que miles de personas trabajadoras, estudiantes, comerciantes, campesinos, profesionistas y familias enteras carguen con un estigma que no les pertenece.
Tenancingo no es sinónimo de criminalidad. Tenancingo también es cultura, esfuerzo, trabajo honrado y tradiciones que han sobrevivido por generaciones. El Carnaval de Tenancingo no merece ser reducido a prejuicios ni utilizado como herramienta para construir una narrativa amarillista.
Nuestra comunidad merece respeto. Nuestra cultura merece respeto. Y quienes ocupan cargos públicos tienen la obligación moral de defender ambas cosas, especialmente cuando más se les necesita. Porque cuando una tradición es atacada injustamente y quienes deberían defenderla guardan silencio, no sólo le dan la espalda al carnaval: le dan la espalda a todo Tenancingo.