10/10/2026
Pasé mi infancia en los bungalós de agua caliente, antiguas cabañas de arquitectura colonial californiano que en el pasado habían albergado a a los ricos clientes del casino, era una comunidad en la que no existían grandes diferencias entre unos y otros, las casas eran muy parecidas y habitadas por maestros y sus familias, es decir era una comunidad de clase trabajadora en medio del privilegio de vivir en un lugar realmente hermoso.
Vino a mí mente aquellos tiempos por lo lluvioso del día, pues mi esposa me comentó hace semanas que revisáramos las condiciones del techo de nuestro hogar anticipando estas lluvias, como siempre dije que sí pero se me fue el tiempo. Escucho la lluvia caer sobre mi techo fuertemente y pienso chin…gale me van a regañar, pero ¿en donde conecta los bungalós con estas lluvias? Justo el recuerdo que me asaltó, de mi madre poniendo hilos en el cielo de nuestro bungaló pegados en cada filtración hasta formar una gran telaraña, para conducir el agua a una sola cubeta y así evitar empaparnos.
No sé si mi padre era igual de distraído que yo, o que simplemente no había alcanzado el salario de dos maestros para darnos todas las buenas cosas que nos daban a mi hermana y a mi, y además, sellar el techo de nuestra pintoresca casita, creo, conociendo a mis queridos padres, que fue lo segundo pues siempre se distinguieron por organizados y previsores.
Aquella acción de mi madre me divertía mucho, para nada sentí jamas carencia alguna, aunque hoy desde mi privilegio económico me doy perfecta cuenta del enorme esfuerzo que mis dos padres hicieron a lo largo de su vida, para darnos todo lo que tuvimos y mucho de lo que hoy tenemos.
Un abrazo fuerte a los padres que hoy están batallando con estas lluvias, no hay esfuerzo suficiente que haga uno para darle todo lo que podemos a nuestra familia, porque no hay duda, los varones expresamos nuestro amor dando, protegiendo, cuidando, nosotros no hablamos mucho pero lo damos todo por amor ….. ya escucho los pasos de mi Marcela caminando hacia donde me encuentro, los escucho apretados y con el tacón tronante…. Me alisto para el regaño. Aún que todavía no veo una sola gotera, tengo los hilos listos y el teléfono a mi lado para consultar con la Profesora Martha la técnica que utilizaba en mi niñez para cuidarnos de las lluvias.