MDV - Memorias de Vida

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02/04/2025

Un recuerdo de Jaime Sánchez Carlessi a quien desde pequeño le gustaba recitar ya sea a la madre, al maestro o algún personaje conocido de la historia. Siempre mostró en su talento una memoria prodigiosa.
Invitó a la comunidad a enviar sus relatos o anécdotas para ser publicados.

Hugo Sánchez Carlessi
Director
https://www.memoriasdevida.net

30/03/2025

Hoy comparto un cuento escrito, inspirado en un relato de mi tío Jaime Sánchez Carlessi QEPD, a quien recordamos con nostalgia. Este humilde homenaje busca preservar su legado, celebrando las tradiciones y los momentos que lo cautivaron profundamente. Te invito a leerlo y a compartir esta experiencia llena de historia, color y humanidad...

EL GR**GO DE LA BALANDRA

En memoria de Jaime Sánchez Carlessi, por Ricardo Yuri Sánchez Vargas.

En el distrito de Cerro Azul, la gente esperaba con ansias la llegada del fenómeno del Carnaval Playero, con la presencia de su mítico personaje, el “Ño Carnavalon”, quien daba vida a la tradición. Este evento incluía una celebración pública que combinaba disfraces, desfiles de comparsas, pasacalles de carros alegóricos, el desfile del Ño Carnavalon, la coronación de la reina del carnaval y el baile central típico.

En Cerro Azul, llegaban pobladores de todo el valle de la provincia de Cañete, quienes se integraban y participaban en la fiesta costumbrista, junto con turistas de todo el Perú.

Todo comenzaba con un acto público protocolar, donde el presentador cedía la palabra al alcalde quien daba la bienvenida al público asistente, dando inicio a la celebración desde el estrado principal. Los trabajadores municipales desfilaban representando cada sector laboral, seguidos por las comparsas locales y de otras localidades aledañas, que defendían su música y danza autóctona. Entre las comparsas más destacadas se encontraban las del baile afroperuano, como el alcatraz, congorito y el lando, entre otros.
Luego se continuaba con la coronación de la Reina del Carnaval, figura destacada en las festividades, siendo solo una de las princesas del desfile era seleccionada por su gracia y garbo para ser proclamada como la reina del Carnaval Playero, representando la belleza y la alegría de la celebración.
Posteriormente, se apreciaba el desfile de los pintorescos carros alegóricos que estaban decorados de manera colorida y festiva de acuerdo a la época, constituidos por estructuras elaboradas, a menudo hechas de madera o metal, que se decoraban con motivos temáticos, símbolos representativos, flores, telas, papel picado, globos, luces y otros materiales festivos. Además, los carros alegóricos podían llevar figuras en tamaño real, muñecos gigantes y representaciones simbólicas de personajes históricos, mitológicos o de la cultura popular e identidad de la región. Iban por la reina, con respaldo princesas y un séquito de seguidores, todos con máscaras y disfraces multicolores.

Esta caravana de carros alegóricos solía estar organizada de manera coordinada, siguiendo un recorrido establecido en el que los carros desfilaban frente a los estrados para que el público pudiera apreciar su diseño y creatividad. Estos desfiles eran eventos festivos y coloridos, con música, bailes y la participación de grupos folclóricos, comparsas y personas vestidas con trajes tradicionales.
El cierre del desfile era marcado por la presencia imponente del Ño Carnavalon, quien simbolizaba la culminación de las festividades y el inicio de la cuaresma. En la localidad, la comunidad lo hacía recorrer las calles principales, todo el malecón, hasta llegar a la punta del muelle, donde era arrojado al mar como parte del ritual carnavalesco, esperando su retorno al año siguiente.
El acto de arrojar a Ño Carnavalon al mar al final del desfile de carros alegóricos era interpretado como un acto simbólico de purificación y renovación. Se creía que al sumergir a Ño Carnavalon en el agua, se purificaban las energías festivas del carnaval y se daba paso a un período de reflexión y recogimiento durante la cuaresma.

La espera del retorno de Ño Carnavalon al año siguiente en el próximo carnaval refleja la creencia en la continuidad de las tradiciones y la renovación cíclica de las festividades. En este sentido, la figura del Ño Carnavalon no solo representa el final de una celebración, sino también la promesa de un nuevo ciclo de alegría y celebración a futuro.

Por la noche, las personas asistían a la premiación de la mejor comparsa y el mejor carro alegórico. Luego, la reina inauguraba el baile popular de carnaval, comenzando a bailar con las autoridades varoniles más destacadas del pueblo. Posteriormente, todos se unían al baile por parejas, danzando
hasta el amanecer. Durante el baile, se disfrutaba de vinos, piscos y viandas típicas de la zona, como la sopa seca y la carapulcra (manchapecho).

Después de las pintorescas estampas que dejaron las celebraciones del Carnaval Playero, la balandra Azul partió hacia el mar con su hábil tripulación de pescadores. En alta mar, un intempestivo temporal les jugó una mala pasada. Una vela se desató con tal fuerza que golpeó al pescador apodado El Gr**go, lanzándolo varios metros hacia las profundidades del mar. A pesar de los esfuerzos de sus compañeros por rescatarlo, la tempestad les impidió salvarlo. Tras dar por perdido el cuerpo, lograron regresar a tierra después de enfrentar numerosos avatares, sumidos en la tristeza por la pérdida de El Gr**go, lo que afectó profundamente a sus familiares más cercanos.

Al día siguiente, en el muelle de Cerro Azul, el señor Álvarez lanzaba una y otra vez su atarraya para capturar lisas, mientras el mal tiempo persistía. De repente, al intentar recoger una lanzada, sintió que había pescado algo grande, ya que el peso era abrumador. A pesar de sus esfuerzos, no lograba sacar la pesca del mar. Al examinar más de cerca, descubrió que se trataba de una persona con cabellera rubia enredada en la atarraya. Sobrecogido, comenzó a correr desde el muelle hacia el pueblo gritando: "¡He capturado al Gr**go de la Balandra! ¡He capturado al Gr**go de la
Balandra!” El bullicio atrajo a varias personas del pueblo, sorprendidas y consternadas. Algunos pescadores se ofrecieron a ayudar a Álvarez a sacar la pesca y confirmar que se trataba de El Gr**go de la Balandra.

Una vez en el muelle y tras el rescate, descubrieron que no era El Gr**go de la Balandra, sino el Ño Carnavalon, arrojado al mar días antes como parte de las festividades del Carnaval Playero. Los pescadores presentes, al descubrir la verdad, estallaron en risas y se burlaron del señor Álvarez, quien desde entonces fue recordado con el sobrenombre de El Gr**go de la Balandra. La anécdota se convirtió en tema de conversación en todo el pueblo, generando risas y complicidad entre los habitantes que recordarían por siempre aquel curioso episodio como parte de la rica historia del Carnaval Playero de Cerro Azul.

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10/03/2025

Anécdotas y recuerdos de infancia

EXPERIENCIAS DE MATAPERRO

Héctor Hugo Sánchez Carlessi

Jaime, mi hermano mayor, sí era lo que se dice, "un mataperro", un verdadero mataperro. Desde pequeño contando con doce o trece años se conocía el Callao “de cabo a rabo”, de norte a sur y de occidente a oriente. Y todo lo realizaba a pie. Algunos días, sobre todo en verano, se desaparecía temprano de casa y regresaba muy tarde y en casa como siempre la mamá Augusta preocupada. En algunas oportunidades mi mamá tuvo que sacarlo de la comisaria Alipio Ponce porque lo habían encontrado seguramente vagando, algún policía lo había recogido y llevado al Alipio.

Jaime, a veces desaparecía de casa todo un día completo, a veces dos días y después se aparecía muy "orondo" y sin mayor preocupación. Mi mamá lo buscaba en el Alipio, en la Prefectura, que quedaba en el Jr. Constitución, hasta la morgue tuvo que ir un día, al no saber nada de él. Cuando se aparecía al día siguiente, se le preguntaba dónde y con quién había estado, él decía que, con un grupo de niños de su edad, que se habían asociado para hacer unos trabajos y tener algo de dinero, ya que este pequeño grupo eran de padres migrantes y no tenían dinero. Se dedicaban a vender “huachitos”, o hacer limpieza de los nichos del cementerio Baquíjano, o pintar animalitos de yeso que se vendían días previos a la navidad. Al preguntarle qué hacía con su plata, simplemente decía que era para gastársela cuando se iba al Estadio Nacional a ver jugar partidos, sobre todo del Alianza Lima, pues desde pequeño era hincha de este equipo de fútbol.

Por el año 1957, teniendo yo 10 años y Jaime 14, un día lo acompañé caminando, caminando hasta cerca de la boca del río Rímac, desde el jr. Loreto, pasando por las calles del Callao del sector norte, Santa Marina Norte (la sur no existía), pasar por El Obelisco, por el naciente pueblo joven de Corongo, caminar por unas trochas afirmadas, lugares despoblados, pampas áridas y sembríos pálidos, que Jaime decía pertenecía a la Marina de Guerra, pues estábamos a la altura del SIMA, atravesamos unos terrenos que seguramente formarían parte de lo que actualmente es el CITEN (Centro de Instrucción Técnica de la Marina), hasta llegar a un gran relleno sanitario del Callao, al costado y cerca de la boca del río Rímac (un inmenso cerro de basura) en donde se podía encontrar niños, jóvenes y viejos recolectando material de desecho, material reciclable de la época tales como vidrios, cartones, papel, latas de leche o conservas y algún metal especialmente alambres. El plástico casi ni se conocía. Muy cerca del montón de basura, lleno de moscas. en pleno cerro, las piaras de cerdos todos sucios, que se peleaban por comer las pocas sobras de alimentos que encontraban. Recuerdo que al lugar se le conocía como “La Mosuca”, equivalente al “Montón” de Lima. Como todo niño inquieto y curioso, nuestro propósito solo era conocer otros lugares del Callao alejados de la urbe, por lo que, dado el lugar rápidamente procedimos a retirarnos. La verdad que me quedé impresionado por las condiciones insalubres en que trabajaban, e inclusive vivían estas personas.

El trayecto a pie resultaba divertido porque en el camino de regreso, cruzando por la avenida Argentina, cerca ya al Obelisco, se encontraba una especie de laguna o acequia de regadío que para nosotros era como un río, sin mediar el peligro nos acercábamos a la orilla para sacar los peces vivos, y después llevarlos en una lata con agua a nuestra casa. Al llegar a casa eran inevitables los gritos de la mamá Augusta por haber llevado peces vivos, previendo que los pececillos se iban a morir. Y como siempre amanecían mu***os dichos peces porque no se les había renovado el agua y si la cambiábamos el agua potable los mataba.

En otra oportunidad nuestra curiosidad nos llevó hasta el Cementerio Baquíjano ubicado en la Avenida Colonial pasamos por todos los mausoleos leyendo las lápidas y luego adentrándonos por el Callejón de Villegas en donde en una especie de laguna también nos poníamos a sacar pececitos para llevarlos a casa y disfrutar por lo menos una noche con sus piruetas dentro de un recipiente y al día siguiente verlos mu***os, flotando.

El Callao lo veía inmenso sin embargo con mi hermano Jaime se podía recorrer a pie sin mayor problema. Otra travesía, siempre guiado por Jaime, que marchaba seguro y conocedor, nos llevó hacia el sur partiendo de Loreto, pasando por la “Mar Brava” a partir del Barrio Obrero N° 5, la recién construida Unidad Modelo, la famosa Cancha Amarilla (hoy los Barracones del Callao), pasar por Carrillo Albornoz, Vigil, La Perla hasta llegar a la avenida Santa Rosa y la desconocida avenida La Paz y después encontrar solo sembríos, ir por la avenida Costanera y pasar por la casa del Presidente (Residencia de Verano), caminar, caminar, ver de pronto en la inmensidad del color azul del mar, que se había tornado a marrón amarillento por los colectores de desagüe que desembocaban a esa altura, dejando un olor nauseabundo. Luego seguir caminando, pasando chacras, hasta llegar al Colegio Militar Leoncio Prado, sentir el olor característico de frijoles, pues era hora del almuerzo, hasta llegar al famoso “Maranga” (la llamada Correccional para los muchachos menores de edad).

Jaime era lo que se dice, casi “nómade”, desde muy pequeño con un inextinguible espíritu de libertad, de aplomo, rebeldía y curiosidad, lo que generó siempre preocupación por la Mami. Además, las caminatas no se hacían apurados sino más bien con calma husmeando por aquí y por allá o jugando fuera, mojándose los pies en la Mar Brava, tirando piedras o buscando piedras bonitas, sobre todo las de colores. Caminar por las chacras y encontrar algún fruto o tubérculo maduro –restos de una cosecha- para sacarlo de los sembríos y llevarlo a casa, humilde colaboración para la alimentación de los hermanos que la mamá Augusta veía con recelo, preguntándose de dónde habían sacado sus hijos esas hortalizas y frutas, que encontrábamos o recogíamos de las chacras.

Después de haber tenido la experiencia de mataperro con mi hermano Jaime, de recorrer casi todo el Callao, ocurrió que a partir de los 12 años las caminatas que realizaba diariamente mañana y tarde para ir de mi casa, en la cuadra 7 de Loreto hasta la G.U.E. 2 de Mayo y regresar, resultaban realmente un pequeño paseo, pues la distancia las veía corta, por la experiencia inolvidable de haber conocido en esas épocas zonas de nuestro Callao antiguo que se quedaron como huella indeleble en mi memoria.

06/03/2025

La Piscina Daniel Carpio del Callao
(Anécdotas y recuerdos de la vida escolar)
Como todo chalaco, desde pequeño sabía dónde
quedaba la piscina municipal del Callao, Daniel Carpio
Maccioti (1910-2009) denominada así en homenaje al
gran nadador mollendino, que cruzó nadando cuatro
veces el Canal de la Mancha (entre Europa e
Inglaterra) y una vez el Río de la Plata-(Argentina),
participó en cuatro Juegos Olímpicos consecutivos:
Ámsterdam en 1928, Los Ángeles en 1932, Berlín en
1936 y Londres en 1948, cruzó a nado el Estrecho de
Gibraltar en 1948 y también nado de La Punta a la Isla
San Lorenzo. Esta piscina estaba ubicada (lo sigue
estando) al costado de la fortaleza del Real Felipe del
Callao, y muy cerca al entonces parque para niños El
Rodil, parque que después pasó a ser administrado
por la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA), lugar
que hoy ocupa la Municipalidad del Callao.
Por lo menos dos veces por semana, para ir a la
G.U.E. 2 de mayo o de regreso a mi casa pasaba por
“El cañón del pato” que así la llamaban a la calle larga
y sinuosa o en forma de “S”, que estaba entre la
piscina Daniel Carpio y la fortaleza del Real Felipe. En
el primer año de estudios (1959) y también en el
segundo año (1960), nuestra costumbre era pasar por
“El cañón del pato”, jugando a caminar sobre los
Memoriasdevida.netbordes de las murallas salientes del Real Felipe, con la vista puesta de los soldados que con su fusil hacían
guardia en los muros superiores de la fortaleza y
desde lo alto contemplaban nuestros juegos.
Nunca nos animamos a meternos a la piscina, ya que
para nuestra edad era grande y profunda, pues no
sabíamos nadar. Pero si veíamos que muchachos de
nuestra edad se bañaban tranquilamente en ella.
Sabíamos que al lado había otra piscina más chica y
para menores, la cual después pasó a ser parte del
“Club de Cabos y Marineros”, perteneciente a la
Marina de Guerra el Perú.
Ya estando en la YMCA y teniendo 15 años se
presentó la oportunidad de aprender a nadar con un
instructor muy querido. El asunto era que teníamos
que madrugar para estar en la famosa piscina a las 7
de la mañana a fin de que el profesor nos pueda
enseñar a nadar. Lo que en efecto hicimos, y en ese
verano de 1962 me levantaba a las 5:30 de la mañana,
y salía de mi casa a las 6 a.m. para ir corriendo unas 9
cuadras y poder estar en la piscina a las 7 a.m.
Fue una experiencia interesante para todos los que
compañeros del 2 de Mayo que participamos, pues en
dos semanas de prácticas aprendimos a nadar y sobre
todo en una piscina para mayores como era la Daniel
Carpio, que era de 25 metros de largo, con trampolín y
Memoriasdevida.neten su parte menos profunda tenía 1.5 metros de altura y en su parte más profunda más de dos de altura. Era
una piscina de puro concreto y sin ningún
revestimiento de mayólicas, ni por dentro ni por fuera.
Anécdota interesante fue el hecho que todos los días
lunes la piscina estaba llena de agua limpia y
cristalina, y podía verse a las personas debajo del
agua. Nosotros practicábamos de 7 a 9 de la mañana.
Justo a las 9 a.m. era la hora en que abrían la piscina
al público, mayormente muchachos adolescentes de
vacaciones que ingresaban en tropel o como
avalancha a la piscina. Era tal cantidad de muchachos
dentro de la piscina, que a las 12 del día ya el agua
estaba de color marrón y era imposible distinguir a una
persona debajo del agua. Por esta razón el agua la
cambiaban cada 3 días.
Mi visita a la piscina Daniel Carpio fue solamente
durante dos veranos, pues cada año la piscina lucía
más descuidada y la asistencia de los jóvenes
aumentada. Bueno lo importante es que en dicha
piscina aprendí a nadar gracias a mi deseo y a la
técnica empleada por el recordado instructor.
Una gran pena que habiendo fallecido Daniel Carpio
en el año 2009 a la edad de 99 años, aunque recibió
algunas distinciones, no se le dio el homenaje
correspondiente como el mejor nadador que ha tenido
Memoriasdevida.netel Perú. Más aún considerándose él casi un chalaco,
pues, vivió parte de su niñez y juventud en el primer
puerto y consideraba al Callao como su ciudad natal.

Hugo Sánchez Carlessi, (2018) Anécdotas y
recuerdos de la vida escolar. Lima

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   ́cdotas   Visítanos y participa en: https://www.memoriasdevida.netANECDOTAS Y AÑORANZASLOS CARNAVALES EN EL BARRIOHEC...
21/01/2025

́cdotas

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ANECDOTAS Y AÑORANZAS
LOS CARNAVALES EN EL BARRIO
HECTOR HUGO SANCHEZ CARLESSI

Al igual que en días de navidad, en el mes de febrero de cada año, en pleno y ardiente verano, en la época de carnavales todo el barrio de la cuadra 7 de Loreto se alegraba, engalanando la calle con cadenetas hechas de tiras de papel cometa, de un extremo de la calle al otro. Se veía a la palomillada feliz, pobre pero feliz, en su barrio de tierra, siempre de juegos y diversión. Los carnavales que en esta época duraban tres días seguidos en el barrio fueron inolvidables. Esta época de carnavales, era del agua, del talco (también de la tiza o del yeso), del pin pon, de la “matachola”, de los globos con agua, del betún, de la serpentina, la pica pica, de los chisguetes de éter como el Amor de Colombina o el Amor de Pierrott. También era la época de las pistolas de agua. Hacia el año 58 salieron unas pistolas de formas raras y de plástico duro, de colores transparentes llamadas de marcianos y que tenían buen alcance al ser disparada el agua. Eran tiempos en que se había difundido la noticia que los marcianos habían llegado a la tierra; incluso se compuso una canción de moda que comenzaba así: “los marcianos llegaron ya y llegaron bailando el cha cha chá”. Igualmente, ya por el año 1959, Billy Cafaro, uno de los primeros nuevaoleros argentinos, hizo hit la famosa canción “marcianita”, que empezaba así: “Ignorada marcianita, aseguran los hombres de ciencia que en diez años más, tu y yo, estaremos tan cerquita que podremos pasear por el cielo y hablarnos de amor…….”
Posteriormente salieron unos chisguetes de plástico blando (por la forma, similares a los de éter) los cuales se apretaban y disparaban agua con mayor presión y caudal que las pistolas tipo marciano. En los días de carnavales, los más jóvenes de las cuadras 6 y 7, con cierto aire artístico pintaban murales con las figuras del gran Mario Moreno Cantinflas o de Charles Chaplin en las paredes de la cuadra y organizaban fiestas de carnaval, colocaban serpentinas y hacían cadenetas, alquilaban un pick up y ponían discos de carbón de 78 RPM, con música de la época a todo volumen con canciones de la Sonora Matancera, especialmente con Celia Cruz cantando el “Yerbero Moderno” o ”El rock and rolly”; de los compadres con “baja y tapa la olla” o “el que sabe, sabe porque aprendió”; de Julio Jaramillo con Interrogación o Nuestro Juramento, o de conocidos poupurris de canciones de fiesta de carnaval, en especial La canción de carnaval, que difundió el compositor criollo Lorenzo Humberto Sotomayor que se iniciaba así “todos a reír y a g***r, todos a g***r del carnaval…..”
Una anécdota inolvidable, creo del año 1956, fue cuando los más jóvenes de la cuadra 6 y 7 con el cruce del Jr. Marco Polo, hicieron un hueco en el centro de la calle que era de tierra, hasta encontrar una toma de agua, la misma que abrieron con unas llaves especiales y comenzó a salir agua a raudales cubriendo el agua- disfrutaban de este acontecimiento, bañándose en dicho “río cristalino”, hasta que después de varias horas recién se presentaba la empresa de agua y cerraba la llave matriz, y también cerraba nuestra alegría de ver al agua discurrir e improvisar un pequeño riachuelo en nuestro propio barrio y en el cual viajábamos a la felicidad. Otra anécdota de uno o dos años posteriores que muestra realmente la palomillada de los muchachos, fue cuando un grupo de niños y jóvenes de otro barrio llevó muy campante su “Ño Carnavalón” (muñeco grande de trapo) al barrio para que las tiendas y bares les den propina, y sucedió que en una de esas visitas a una cantina antigua, ubicada en la esquina de Loreto y Marco Polo, perteneciente a un señor de edad avanzada llamado Don Benito, justo al salir los muchachos de esta cantina, de pronto, les cayó desde el techo una lluvia de tierra seca con excremento de gatos techeros. Como resultado, los pedigüeños salieron disparados y todos enterrados y apestando a mula mu**ta, dejando tirado su Ño Carnavalón en el suelo, y los muchachos del barrio riéndose de su hazaña
Aparte de estas palomilladas, todo se daba dentro de lo sano, sin violencia ni asaltos o robos, sino por diversión. Hasta los “perros mu***os” que se le hacía a algún vendedor de ocasión era más una palomillada que una maldad. Esta era una época que vivíamos intensamente las canciones que se difundían por las radios y las radiolas, época de famosos valses como “Alma corazón y vida”, “La rosa del Pantano”, en la voz de los Embajadores Criollos, así como tiempos de la famosa “Sonora Matancera” con sus guarachas y boleros animando el ambiente, con la guarachera Celia Cruz, o los boleros cantados por Leo Marini (con Amor de cobre) Daniel Santos (con Dos Gardenias), Bienvenido Granda (con Angustia), Alberto Beltrán (con Aunque me cueste la vida). Ni qué decir de Carlos Argentino con su canción de moda “En el mar la vida es más sabrosa”, o “Los Panchos” en la voz de Hernando Avilés, desde, “Me voy pal pueblo”, “Parece que va a llover”, y después la presencia de Julito Rodríguez con “Mar y Cielo”, y luego años más tarde un adelanto de la futura salsa con “El negro bembón” y “Quítate de la vía, Perico” en la voz de Ismael Rivera (El gran Maelo, padre de la Salsa), posteriormente ya en la etapa de la adolescencia, la presencia de Johnny Albino con “Poquita fe” y “Luz y Sombra”, canciones que marcaron a toda una ge, allá por el año 1957, con Al compás del Reloj, también llegan las canciones de Elvis Presley y, seguido, llegó la nueva ola y la famosa Plaga y Hombre de Barro en la voz de Enrique Guzmán, así como las canciones de los 5 Latinos o de Billy Cafaro toda esta música que marco todo una época, que siempre acompaña a mi memoria, y que forman parte de los mejores recuerdos de mi niñez y pre-adolescencia.

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11/01/2025

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30/12/2024
29/12/2024

🌟 **Presentamos una nueva poesía de Ricardo Yuri Sánchez Vargas** 🌟

Queridos amigos y amantes de la literatura,

Hoy tengo el placer de compartir con ustedes una nueva obra, titulada "Yo aún vivo y no podrán vencerme". Esta poesía surge como una reflexión sobre la resistencia, la lucha interna y la búsqueda constante de la libertad y la felicidad. Siendo una invitación a la reflexión, que a pesar de todas las adversidades y los momentos oscuros, siempre hay una chispa de esperanza y determinación en cada uno de nosotros. Es un grito de vida y un homenaje a la fuerza inquebrantable del espíritu humano.

Aquí les dejo con mis versos:

--

Yo aún vivo y no podrán vencerme

Desearía ser pétreo
Y así resistir los embates de la vida
Desearía ser la gloria
Y así divisar las derrotas desde arriba
Y cuando siento
Que nada soy
Presiento como me devora la vida
Sin piedad
Sin gracia
Y sin vida

Sumido en esa grave decepción
me ahínco
En la arista agónica
En aquella división de planos
Entre la vida y la muerte
En ese breve lapso de depresión humana
De pronto
Oigo un grito
Que nace desde mi pulmón hacia los cuatro vientos
Yo aún vivo y no podrán vencerme!
Ni un mundo de opresores
Ni un mundo de oprimidos
Sólo quiero ser libre
Y ser feliz para siempre
Yo aún vivo y no podrán vencerme!

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Espero que estos versos resuenen con ustedes tanto como lo han hecho conmigo al escribirlos. Gracias por ser parte de esta comunidad y por acompañarme en este viaje literario.

Con cariño, el autor:
Ricardo Yuri Sánchez Vargas.

19/12/2024

NADANDO CON LOS BORRACHITOS

Diana Azucena Sánchez Chiock
Cerro Azul-Perú

Tenía como 9 años vivía muy cerca a la bella y apacible playa en el distrito de CERRO AZUL- Provincia de Cañete, Lima, Perú, donde, todas las tardes solíamos correr con mis hermanas, mis primos y amistades del pueblo. juntos íbamos hacia las pozas naturales que estaban ubicaban pegadas al cerro, estás se formaron con cada ola que llegaba y se empozaba, transformándose en pozas naturales que se iban llenando y traían consigo a los conocidos borrachitos y tramboyos, estos eran unos pequeños peces, muy famosos en Cerro Azul. Sobre todo porque, al comerlos, despejaban los malestares de aquellos beodos o borrachines consuetudinarios que, un día anterior, tomaban licor y se metían un trancazo de padre y señor mío, después de emborracharse buscaban a los pescadores de playa para que les regalen los borrachitos y tramboyos pequeños y se llevaban consigo los peces para que sus familias les preparen un sopón de borrachos y tramboyos de buena sazón, que podía levantar a cualquier mu**to en vida, para nosotros los más pequeños era difícil atraparlos, así que preferíamos nadar con dichos pececillos.

Un buen día, decidimos atrapar a las arañas, parecidos a los cangrejos pero muy flacos, que corrían por las rocas, es más, nuestro juego era quien atrapa más, ya que los borrachitos y tramboyos era difícil de cazar y a nuestra corta edad, no sabíamos la maña. A medida que fueron pasando los años y las pozas iban desapareciendo llenándose cada día de arena y achicándose las áreas de esparcimiento con cada construcción, por ahí veías uno que otro borrachito o tramboyo nadando en la orilla de playa, buscando refugio entre la arena y los peñascos, ya que todavía quedaba algo de escombros del muelle antiguo que iba desapareciendo por la acumulación de arena, tapándolo todo de a pocos. Por esos años eramos testigos de cómo, poco a poco iban desapareciendo los añosos pilares del viejo muelle, iban desapareciendo las pozas e iban desaparecieron los borrachitos y tramboyos.

19/12/2024

LA LLEGADA DE LA TELEVISIÓN AL BARRIO

Héctor Hugo Sánchez Carlessi

Recuerdos y anécdotas de infancia

La llegada de la Tv. al Perú, en blanco y negro, en enero del año 1958, fue todo un acontecimiento en el barrio, y marcó un antes y un después de la infancia, pubertad y adolescencia de muchos de mi época. Muchos años después en el año 1978 (20 años), llegó la Tv a colores, lo que constituyó un segundo nuevo acontecimiento, que seguramente impactó en las nueva generación.

La pregunta es: ¿Qué hacían los niños y púberes antes que llegue la Tv al Callao? La respuesta: jugábamos grupalmente, nos socializábamos, fortalecíamos nuestro amor al barrio y cumplíamos las reglas que dictaban nuestros padres, respetábamos a nuestros vecinos, compartíamos días festivos, todos nos conocíamos, escuchábamos en la radio, y se comentaba, canciones: criollas, tropicales, mexicanas; radioteatros, radionovelas. Es decir, se nos formaba un sentimiento de Barrio.

En el día, aparte de los juegos de moda, en la calle, como grupo, recorríamos la Mar Brava, íbamos a ver jugar partidos a La Siberia, a la cancha de la Unidad Modelo, o a la Cancha Amarilla. En verano íbamos a las playas Cantolao y la Arenilla, vale decir, mataperreábamos recorriendo parte del Callao.

En el atardecer y en las noches, antes de la llegada de la Tv, los niños y púberes nos reuníamos colectivamente para realizar juegos grupales, había socialización; se jugaba: a la pega, a las escondidas, a la soga, la gallinita ciega, a las rondas. Lamentablemente al aparecer la Tv. en nuestro medio, a partir de enero del año 1958, los juegos, sobre todo los vespertinos y nocturnos fueron desapareciendo, pues los niños se fueron ausentando de la calle desde las 4 pm para ver el novedoso aparato con imágenes en blanco y negro, y con ello se perdió gran parte de nuestra infancia y parte de la socialización entre niños y niñas.

Al no participar más en los juegos colectivos dejando transcurrir y perder nuestros primeros años de pubertad frente a la conocida como caja boba, prácticamente diría que la llegada de la Tv fue tanto, o igual de dañina que los teléfonos celulares con que cuentan actualmente niños, adolescentes y adultos; y es que, con la presencia de la televisión, no solo se fue nuestra niñez, sino nuestra pubertad. Los púberes ya no jugaban, ya que paraban ensimismados viendo televisión. Entre chicos y chicas, no había mayor comunicación, pues todos estaban en sus casas, o en casa de la vecina frente al aparato, absortos, viendo su serie preferida.

Muy pocas familias se daban el lujo de tener un televisor, por lo elevado de su costo, los que tenían, lo veían como un pequeño negocio, ya que en las tardes, cual si fuera un cine, cobraban para que uno vea Tv, para lo cual colocaban banquitas de madera para sentarse. Los dueños de casa aprovechaban para vender gelatina, chicha morada o algún caramelo o galleta. La entrada costaba 20 centavos y te podías quedar hasta las 10 de la noche.

El primer Canal de Tv, que apareció fue Canal 7, canal del Estado, que operaba en el piso 22 del entonces Ministerio de Educación, y el cual tuve oportunidad de conocer en el año 1959, cuando con nuestro profesor de música Miguel Angel Abarca, fuimos los del Coro de la G.U.E. 2 de Mayo a presentarnos en un programa. Al inicio los programas que pasaba la Tv. Canal 7, eran dibujos animados de ratoncitos que corrían con el fondo musical de una música clásica, luego, en las noches pasaban programas culturales.

Con la aparición del Cana 4, de Radio América, en diciembre del año 1958, y más adelante en el año 1959 Panamericana Tv. Canal 13, comenzamos a ver series de la época tales como: Jim de la Selva, Sheena, Tarzán, El Sheriff de Cochisse, Roy Rogers, Annie Okley, El Llanero Solitario, Hopalong Cassidy, Cisco Kid, Daniel Boone, Papá lo sabe todo, Yo amo a Lucy, Abbot y Costello. Luego vinieron Maverick, la Ciudad Desnuda, Un paso al más allá, Rintintín, Laramie, Cheyenne; Perry Mason, Dimensión Desconocida, Los intocables, Bat Masterson, el Oso Yogui, Huckleberry Hound. entre los que recuerdo. Algunas veces cuando de improviso se iba la televisión, aparecían solo puntos lluviosos y luego el famoso “patrón de sintonía”, una especia de barras en blanco y negro. Después de un rato de espera regresaba la transmisión. Al comienzo se daba muy poca propaganda, las primeras que recuerdo eran de las líneas aéreas internacionales.

En estos primeros años, en las noches había espacios culturales y educativos. Algunos de los primeros fueron: El mundo al vuelo (1958-1959), El Repórter Esso (1959-1969), Bar Cristal (1959-1962), luego vinieron: La Escalera del Triunfo, El Show de Muñoz de Barata, Charlas de Café, Lo que vale el saber, Esta es su vida, Helen Curtis, pregunta.

Con el predominio de la Tv, atrás quedaban los programas de radioteatros y radionovelas para niños y adolescentes, que uno escuchaba en la radio entre las 5 y las 7 de la noche, para después salir a jugar con los amiguitos y amiguitas del barrio. Atrás quedaron los cuentos de la Tía Natacha, el famoso Poncho Negro y su amigo el indio Colunga, o Tamakún el vengador errante y para los mayorcitos después de las 8 pm, el famoso Derecho de Nacer, Los Miserables o Cumbres borrascosas.

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