05/09/2026
EL PRESIDENTE PEZET Y LA DEFENSA DEL PERÚ 🇵🇪
El 3 de abril de 1863 falleció repentinamente el presidente del Perú, Miguel de San Román, víctima de una enfermedad. Su gobierno apenas duró cinco meses y nueve días.
Según la Constitución vigente, el vicepresidente debía asumir la presidencia. Ese lugar lo ocupaba el general Juan Antonio Pezet, pero al hallarse en Francia, por motivo de salud, recién pudo hacerlo el 5 de agosto.
El perfil de Pezet era el de un militar con experiencia administrativa, y su gobierno buscó inicialmente mantener el orden institucional y la continuidad del Estado, sin embargo, nubes de tormenta se acumulaban en el plano internacional.
Aún en vida del presidente San Román, una expedición científica había partido desde España con rumbo a Sudamérica, activando las alarmas del Ejecutivo. El 10 de julio la escuadra española llegó al Callao siendo recibida cortésmente por las autoridades antes de continuar su recorrido hacia el norte.
Sin embargo el 4 de agosto de 1863 (es decir, un día antes del regreso de Pezet al Perú), se desató un incidente en la hacienda peruana de Talambo (cerca de Chiclayo) entre inmigrantes vascos y agricultores peruanos, como resultado del cual un español falleció y otros cuatro quedaron heridos.
Este incidente fue aprovechado por los españoles para exigir satisfacciones al Perú a través de su representante Eusebio Salazar y Mazarredo quien ostentaba el cargo de Comisario Extraordinario para el Perú. En marzo de 1864, el gobierno de Pezet, aunque aceptó entrevistarse con el enviado español, indicó que no le reconocía el cargo de Comisario, pues ese tratamiento correspondía a los enviados de la época colonial, advirtiéndole que solo lo recibiría como agente del gobierno de Madrid. Salazar rechazó entonces cualquier entrevista y marchó al encuentro de su escuadra, que había vuelto al Callao, donde se entrevistó con su almirante, acordando la ocupación de las islas Chincha, como protesta, a decir de ellos, por la grave ofensa inferida por el Perú a un representante de la corona española.
Pese a que la ciudadanía peruana pedía el uso inmediato de la fuerza ante lo que consideraban una flagrante ocupación del territorio nacional, el presidente Pezet, conciente de la debilidad militar del país, apeló a la diplomacia para solucionar el conflicto, lo que en realidad era una forma de ganar tiempo para armar adecuadamente al Perú en el caso de que la guerra fuese inevitable.
Cuando ocurre la agresión española, el Perú sólo disponía de escasos y anticuados fusiles, cañones de débil potencia y la escuadra estaba constituída únicamente por las fragatas Apurímac y Amazonas y las goletas Loa y Tumbes, unidades mal armadas y de reducido poder. En tales condiciones, de producirse el combate, el Perú no hubiera tenido la menor posibilidad de resultar victorioso. Por ese motivo, ni bien sonaron las primeras alarmas, se enviaron a Europa y Estados Unidos comisiones para negociar la adquisición de buques de guerra y material bélico.
En estas fechas, Francisco Bolognesi fué enviado a Europa con la misión de comprar veinticinco mil fusiles, cuatro mil carabinas, cuatro mil sables, gran cantidad de municiones y proyectiles y doce cañones de grueso calibre, los poderosos Blackeley y Armstrong.
Sin embargo, bajo la presión de España y ante la urgencia de recuperar las islas de Chincha, de la cual dependía el gobierno para pagar a sus acreedores. El gobierno de Pezet, puesto en jaque, tuvo que llegar a un acuerdo con los españoles en enero de 1865 a través del Tratado Vivanco-Pareja.
Este acuerdo establecía, entre otras cosas:
El pago de una indemnización a España, el saludo a la bandera española y la aceptación implícita de ciertas exigencias españolas.
Para muchos peruanos, esto fue visto como una humillación nacional y la indignación fue inmediata. Esta desembocó en el estallido de una revolución nacionalista encabezada por el coronel Mariano Ignacio Prado, en Arequipa, el 24 de febrero de 1865.
Aunque Pezet trato de resistir el tiempo suficiente hasta la llegada de las armas y los buques que había adquirido, fue derrotado y tuvo que renunciar al poder el 8 de noviembre, partiendo inmediatamente a Europa.
Radicado en Inglaterra, y pese a no tener un cargo oficial, movió sus influencias para apresurar la salida de los buques de guerra que había adquirido su gobierno, en particular el monitor Huáscar y la fragata Independencia. En su gobierno también se habían adquirido en Francia las corbetas Unión y América, las cuales participaron en el combate de Abtao.
Cuando ocurrió el combate del 2 de mayo, el mismo Pezet resaltaría que las principales piezas de artillería que defendieron el puerto del Callao, habían sido adquiridos en su gestión.
Tras volver al Perú en 1871, se mantuvo retirado de la política. Falleció en Chorrillos, pocos días antes del estallido de la Guerra del Pacífico. Se cuenta que, por entonces, el presidente Mariano Ignacio Prado (el mismo que se había rebelado contra su gobierno y forzó su destierro), había propuesto a sus ministros nombrar a Pezet como jefe del ejército de la república, ante el inminente conflicto con Chile. Mariano Felipe Paz Soldán se encargó de llevar el mensaje a Pezet, quien, ya muy enfermo, respondió repitiendo un viejo dicho: «Diga usted a Prado que al a**o mu**to, la cebada al rabo».
Falleció finalmente el 24 de marzo de 1879.
📌 El historiador Coronel Néstor Gambetta destacó, en una brillante conferencia sobre el combate del 2 de Mayo, (pronunciada y publicada en 1951) el rol preponderante que tuvo la previsión del presidente Pezet en la victoria peruana:
«Ahora bien, si no se hubieran traído con el tiempo suficiente los elementos defensivos del Callao, ¿el 2 de Mayo habría sido un día de triunfo? Posiblemente, que no lo hubiéramos logrado. Esa previsión nos dió la inmensa satisfacción de sentirnos unidos en esas horas angustiosas y de no contemplar impotentes la destrucción de nuestro primer puerto como acababa de suceder en Valparaíso.
Pezet, viejo soldado de la Independencia, sumergido por las dificultades insalvables de las deficiencias en elementos de guerra, adopta la política de contemporizaciones, procurando evitar de haber sido posible la inminencia de un conflicto armado. Pero hombre de guerra al fín, prepara nuestra defensa no obstante las críticas de la opinión pública que pide la guerra sin dilaciones ni demoras. El General Pezet había cumplido su misión al proveernos del material de guerra indispensable para sostener una posible lucha con España».