02/08/2026
🙌🏼 Asociación Pesquera de Culebra Mujeres de Islas 👏🏼🇵🇷
"La cadena de suministro de ostras en Puerto Rico surge, en su mayoría, en la costa oeste y va directo del pescador al consumidor, reveló un nuevo estudio hecho por investigadores de la organización Mujeres de Islas, que identificó, además, que parte del suplido es importado.
Mujeres de Islas, en colaboración con otras entidades, lanzó los primeros dos cultivos marinos de ostras en Culebra, como parte de un programa piloto para convertir la industria ostrícola en una oportunidad sostenible para pescadores y otros pequeños negocios en el archipiélago.
“Este proyecto surge a partir de la necesidad comunitaria de tener seguridad alimentaria y de aumentar los trabajos en el mar, no solo de pesca, sino también de sembrar en el mar”, resumió Nicolás X. Gómez Andújar, coinvestigador del estudio y científico ambiental en Mujeres de Islas.
El proyecto consiste en dos criaderos en la costa de Culebra, donde se sembraron ostras juveniles recolectadas de cinco nidos silvestres. Los juveniles se obtienen utilizando columnas de agua localizadas cerca de criaderos naturales, que permite mover las larvas o “spats” al cultivo.
“En Puerto Rico, no contamos con distribuidores locales de ‘spats’, por lo que es necesario recolectarlas directamente del mar. Con las columnas, también hemos logrado monitorear la temperatura y pH del área a través del año. Así que tenemos más información de las condiciones óptimas para su crecimiento”, explicó, por su parte, Megan E. Considine, experta en acuicultura y coinvestigadora principal del estudio.
Con esta información, el equipo está optimizando el cultivo para cumplir con las demandas del mercado de manera sostenible. Además, esperan aumentar el acceso al comercio de ostiones en comunidades costeras dentro y fuera de Culebra.
“Es importante que estos hallazgos científicos sirvan a la comunidad, y queríamos proveer algo que antes no tenían en su abanico de opciones, en armonía con nuestra misión de autogestionarnos”, dijo, en tanto Dulce del Río Pineda, cofundadora de Mujeres de Islas.
El estudio encuestó a varios pescadores, restaurantes, comercios locales y distribuidores de ostras en la isla, y encontró que el suplido local consiste en dos especies centrales del Caribe: la ostra de mangle (Crassostrea rhizophorae) y la madre perla del Atlántico (Pinctada imbricata). La mayoría son pescadas en el oeste, pero también en el área metro y el sur.
Además, se reveló que el 75% de los pescadores de ostras vendía directamente a consumidores o negocios callejeros, en lugar de restaurantes u otros intermediarios.
Pese a la importancia cultural de estos organismos en la isla, el estudio resaltó que “los datos históricos de la pesca comercial de especies silvestres indican una disminución tanto en el número de pescadores que recolectan ostras de mangle como en la cantidad de capturas silvestres”.
Las empresas encuestadas informaron que compraban un promedio de 654 ostras semanalmente o cada dos semanas. La mayoría indicó vender ostras de mangle nativas, pero algunas importaban ostras no nativas de Estados Unidos, Canadá, Países Bajos y Japón.
Además de su consumo culinario, las ostras proveen varios servicios ecosistémicos. “Filtran el agua, extraen nutrientes que incorporan en sus conchas y crean espacios tridimensionales para otras especies marinas”, explicó Considine.
Gómez Andújar coincidió: “Hasta ayudan a crecer mangles. Tener estas fincas de ostras en mar es otra forma en la cual podemos proteger los ecosistemas marinos y mejorar nuestra resiliencia ecológica”.
Destacó, en esa línea, la importancia de viabilizar los permisos requeridos para estos cultivos a las comunidades costeras que ya habitan áreas oportunas y pudieran aprovecharlos como sustento.
“Especialmente ahora, en momentos que vemos más privatización de costas, desarrollar nuestros propios proyectos colectivos que protegen la salud de la costa es más indispensable”, alertó.
Los cultivos marinos también han tenido un impacto comunitario.
“Hicimos una actividad comunitaria en Culebra y me sorprendió ver cuántas personas asistieron, no solo para consumirlas, pero también hacer artesanías con las conchas y aprender del potencial para obtener perlas de estas”, compartió Del Río Pineda.
Para los investigadores, los hallazgos representan solo un primer paso.
“Estamos colaborando con ISER Caribe para establecer tanques para depuración que filtren ostras antes de venderlas, lo cual no es practica estándar en Puerto Rico aún”, dijo Gómez Andújar.
También, continuarán estudiando las características biológicas y ecológicas de las ostras nativas para entender mejor su rol en el ecosistema.
Del Río Pineda reconoció, por último, “el rol que las mujeres han empleado en esta labor, dentro de un campo investigativo que han sido tradicionalmente excluidas”.
Además, enfatizó en la importancia de desarrollar proyectos marinos que involucren a la comunidad costera y le provean los recursos necesarios para “echar pa’lante, formar parte de la resistencia y proteger la costa, que es nuestra”.
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Nuevo estudio sobre la cadena de suministro acerca al equipo a su meta de ayudar a cumplir con las demandas del mercado de manera sostenible