Clube Caçadores de Nisa

Clube Caçadores de Nisa Clube de Caçadores de Nisa

17/06/2026
16/06/2026

Nunca será por falta de empenho!!! Clube Caçadores de Nisa Pedro Azeitona José Velez Tiago Neto Pedro Semedo Martinho Trigueiro Luis Rebelo Rogério Bugalho João Lopes Carlos Bagulho Pedro Patrício J Patricio Patricio

Inquérito a caçadores no âmbito da uma tese de doutoramento sobre governança cinegética. Apelo a participação e divulgaç...
13/06/2026

Inquérito a caçadores no âmbito da uma tese de doutoramento sobre governança cinegética. Apelo a participação e divulgação. Obrigado

Este questionário integra um estudo académico sobre a governança da caça em Portugal continental, que está a ser liderado pela Universidade de Trás-os-Montes e Alto Douro e em colaboração com a Universidade de Córdoba, aprovado pela Comissão de Ética com o número Doc59-CE-UTAD-2026. Pret...

06/06/2026

A festa vai bonita...Convívio de sócios, proprietários e todos aqueles que durante a época cinegética de alguma forma co...
06/06/2026

A festa vai bonita...

Convívio de sócios, proprietários e todos aqueles que durante a época cinegética de alguma forma contribuem para o bom funcionamento do clube. (Em actualização)

"Semeando"😉
05/06/2026

"Semeando"😉

Vamos embora rapaziada...
04/06/2026

Vamos embora rapaziada...

Um predador de topo...
04/06/2026

Um predador de topo...

el mapa global de la depredación felina. 2.084 especies cazadas por gatos domésticos (con dueño o asilvestrados) en todo el mundo. El 47% son aves, el 22% reptiles, el 21% mamíferos, el 6% insectos y el 3% anfibios. Entre las víctimas, especies en peligro crítico como la pardela, especies ya extintas como el reyezuelo de la isla Stephens, y otras amenazadas como la tortuga marina verde. No es que los gatos sean malvados; es que son depredadores hipereficientes, introducidos por los humanos en todos los continentes (excepto la Antártida) y mantenidos en densidades anormalmente altas gracias a nuestra protección. Un gato doméstico con acceso al exterior mata una media de 2-3 animales por semana; un gato asilvestrado, más. Multiplicado por los 600 millones de gatos domésticos que hay en el mundo, la cifra es astronómica: miles de millones de presas al año. El estudio no es una acusación contra los gatos, sino contra nosotros, los dueños, que permitimos que salgan al exterior sin control, que abandonamos a los que nos cansamos de ellos (que se asilvestran), y que nos negamos a tomar medidas (como mantenerlos en casa o ponerles cascabeles en el collar) porque "el gato necesita su libertad". La libertad del gato se convierte en la muerte de los pájaros. Y los pájaros, a su vez, son esenciales para los ecosistemas. No es una cuestión de odiar a los gatos; es una cuestión de ser responsables.

El análisis de fondo de esta noticia, que resume un estudio de gran escala, debe empezar por un dato que desmonta la percepción ingenua de los gatos como "animales de interior inofensivos". Los gatos domésticos (Felis catus) son una especie invasora global. Su instinto de caza no se elimina con la comida que les damos en casa; cazan por placer, por instinto, aunque no tengan hambre. El estudio de Christopher Lepczyk ha revisado décadas de literatura científica y ha construido la base de datos más completa hasta la fecha. El resultado: los gatos no son quisquillosos. Cazan desde insectos hasta reptiles de tamaño considerable, y su impacto es especialmente devastador en islas, donde las especies nativas no han evolucionado con depredadores terrestres (como ocurre en Nueva Zelanda, Hawái o las islas Canarias). En España, el investigador Manuel Nogales (CSIC) lamenta que la nueva ley de bienestar animal no distinga entre gatos domésticos (con dueño) y asilvestrados (sin dueño), lo que dificulta la gestión de colonias felinas en espacios naturales protegidos. Los gatos asilvestrados son un problema ecológico grave: compiten con depredadores nativos, transmiten enfermedades y diezman poblaciones de aves y reptiles endémicos. En las islas Canarias, por ejemplo, los gatos asilvestrados son responsables del declive de varias especies de lagartijas y aves marinas.

El impacto ecológico de los gatos en libertad es tan evidente que algunos países han tomado medidas drásticas. Australia, donde los gatos asilvestrados matan cada año más de 300 millones de reptiles y 2 millones de aves, ha declarado a los gatos como "plaga nacional" y ha implementado programas de control (incluyendo el sacrificio de millones de gatos asilvestrados). Nueva Zelanda, otro país insular con biodiversidad única, tiene el objetivo de erradicar a los gatos asilvestrados para 2050. Las asociaciones de protección animal se oponen, pero los ecologistas insisten en que la prioridad es salvar especies endémicas al borde de la extinción. Es un conflicto ético complejo: el gato es un animal doméstico, querido por muchos, pero también es una máquina de matar para la que no hay depredadores naturales en los ecosistemas insulares. El artículo no da soluciones fáciles, pero señala un camino: mantener a los gatos domésticos en el interior (o en espacios exteriores cerrados, como "catios"), esterilizarlos para evitar la reproducción incontrolada, y gestionar las colonias de gatos asilvestrados con métodos éticos (captura, esterilización, retorno) pero también con la posibilidad de aplicar la eutanasia en casos extremos. No es una solución popular, pero es ecológicamente necesaria.

La reflexión moral que sugiere esta noticia es una reflexión sobre nuestra responsabilidad como dueños de mascotas. Amar a un gato no es incompatible con proteger la biodiversidad, pero requiere que cambiemos nuestras costumbres. Dejar que el gato salga al jardín a "entretenerse" es condenar a cientos de pájaros, lagartijas y pequeños mamíferos a una muerte segura. El gato no tiene culpa; actúa por instinto. La culpa es nuestra, que no le proporcionamos un entorno enriquecido en el interior (juguetes, rascadores, ventanas seguras) y que lo dejamos salir. El estudio cuantifica el problema: 2.084 especies cazadas. No es una anécdota. Es una sangría. Y los dueños de gatos, especialmente los que viven cerca de áreas naturales o en islas, tienen la obligación ética de limitar el acceso al exterior de sus mascotas. Si no están dispuestos a hacerlo, quizá deberían replantearse si tener un gato es compatible con sus valores ambientales. Es un debate incómodo, pero necesario.

La esperanza realista está en la educación y en la tecnología. Campañas de concienciación como "Cats Indoors" (Gatos en casa) de la American Bird Conservancy han logrado reducir la mortalidad de aves en algunas zonas. También hay productos como collares de colores brillantes (que alertan a las aves) o dispositivos de movimiento que asustan a las presas sin dañar al gato. Pero la medida más efectiva es mantener al gato dentro de casa, con ventanas protegidas con mallas y acceso a un porche cerrado ("catio"). En países como Reino Unido, cada vez más dueños optan por el interiorismo por respeto a la fauna. En España, la ley de bienestar animal de 2023 obliga a los dueños a mantener a los gatos en espacios controlados, pero la aplicación es débil. El artículo no lo menciona, pero sería deseable que los ayuntamientos ofrecieran ayudas para acondicionar viviendas con mallas y catios. También sería necesario que los criaderos y tiendas de mascotas informaran a los compradores sobre el impacto ecológico de los gatos en libertad. La responsabilidad debe ser compartida.

La conclusión urgente, la que debería acompañar cada vez que abrimos la puerta al jardín para que salga nuestro gato, es una pregunta directa: ¿prefieres que tu gato sea feliz (con un juguete interactivo dentro de casa) o prefieres que los pájaros de tu barrio sigan vivos? La respuesta debería ser ambas, pero la realidad es que son incompatibles. El gato feliz puede serlo perfectamente en un entorno interior enriquecido; no necesita salir para tener una vida plena. La idea de que "el gato necesita libertad" es un mito antropomórfico. Los gatos domésticos viven más años y más sanos dentro de casa (menos peleas, menos enfermedades, menos atropellos). La libertad que les damos es la muerte de otros seres. El estudio de Lepczyk nos da las cifras. Ahora nos toca a nosotros decidir si las ignoramos o si actuamos. La pregunta final, cruel y necesaria, es esta: ¿de verdad queremos que nuestros gatos sean cómplices de la sexta extinción masiva? Porque lo son, aunque no lo sepan. Nosotros lo sabemos. Y eso nos hace responsables. No se trata de odiar a los gatos, sino de quererlos de verdad. Y a los pájaros también. Y a las lagartijas. Y a los insectos. La biodiversidad no es solo para los documentales de la BBC. Está en nuestro jardín. Y nuestros gatos la están destruyendo. Pongamos remedio. Por ellos. Por nosotros. Por el planeta. Y por los miles de pájaros que aún pueden salvarse si cerramos la puerta.

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