10/03/2024
Dios sacó a los israelitas de la esclavitud en Egipto, los guió en un viaje por el desierto hasta la Tierra Prometida. No había tiendas, ni pozos de agua, sin embargo, Dios les proporcionó maná para comer cada mañana y todo lo que necesitaban. Incluso sus ropas y sandalias no se gastaron. Ellos veían la mano de Dios diariamente, pero todo en lo que se enfocaban era en lo que no tenían. Incluso la provisión milagrosa de maná por parte de Dios, estaba Su presencia con ellos, de día una nube y de noche fuego, pero en el proceso del desierto perdieron de vista lo más importante, Dios nunca les abandonó y los había escogido para entregarle algo increíble. Sin embargo muchos no pudieron entrar en la Tierra Prometida.
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La clave de este peregrinaje de fe en el que estamos esta en lo que decidimos mirar. Mientras mas miraban el desierto menos apreciaban lo que tenían y lo que vendría.
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Si te centras en lo negativo -lo que falta, lo que está tardando, lo que no te gusta- no encontrarás alegría en el viaje, y vendrán las dudas. Empezarás a quejarte y te perderás lo mejor de Dios. Te perderás que a lo largo del camino, Dios te está sosteniendo, protegiendo, proveyendo para ti, ordenando tus pasos. Tienes que reconocer Su bondad. Padre, gracias por el viaje en el que me estás guiando.
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Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos. Números 11:5-6