30/09/2021
Buen día sanmiguelenses, comparto con ustedes las palabras que tuve oportunidad de presentar en la conmemoración del 256 natalicio de José María Morelos y Pavón.
Asimismo, quiero hacer mención especial, dedicar estas palabras y externar mi profundo respeto al personal docente y alumnado de la escuela Primaria José María Morelos, nada ni nadie debe estar por encima de nuestras tradiciones ni de nuestras instituciones educativas.
Hablar del siervo de la Nación es un gusto y un privilegio, me siento honrado de poder dedicar estas palabras en este, el 256 Aniversario de su Natalicio.
José María Morelos y Pavón nació en la antigua villa mexicana de Valladolid, hoy Morelia en honor a él, y puedo decir con mucho orgullo que un servidor es también es nacido en la misma ciudad.
Estudió durante los primeros años de su vida con su abuelo paterno. Posteriormente ingresó al Colegio de San Nicolás para estudiar su carrera y en 1795 se graduó del Seminario de Valladolid donde se preparaba para ser sacerdote.
Cuando se enteró del levantamiento que se organizaba para la Independencia, buscó unirse y fue comisionado por el cura Miguel Hidalgo, el 20 de octubre de 1810 en Charo, Michoacán, como jefe insurgente encargado de levantar armas en el Sur de la Nueva España. Una de sus principales encomiendas fue ocupar el puerto de Acapulco, considerado estratégico para la comunicación de la Nueva España.
Desde 1811 y hasta el inicio de su declive militar en 1814, Morelos, ayudado por muchos lugartenientes, logró conquistar la mayor parte del sur del país y una parte del centro, en la región del actual Estado de Morelos.
Organizó el Congreso de Anáhuac, siendo éste el primer cuerpo legislativo independiente de la historia mexicana. Cuyas sesiones tuvieron lugar en Chilpancingo, actual Estado de Guerrero.
En ese mismo lugar, el 13 de septiembre 1813, Morelos presentó el documento llamado “los Sentimientos de la Nación”, donde resaltó la importancia de los derechos humanos y la libertad.
Asimismo, el Congreso aprobó el 22 de octubre 1814, en Apatzingán Michoacán, el decreto constitucional para la libertad de la América Mexicana.
Como Morelos, todas y todos podemos ser siervos de nuestra nación, podemos dar una mayor fuerza a esos ecos del pasado y de los valores que nos han sido inculcados desde que empezó la construcción de esta nación.
Seamos artífices de los cimientos que nos dejaron nuestros antepasados, seamos rocas y esos pilares donde lo que dejaron esas mujeres, hombres, niñas y niños que dieron su vida por nosotros.
Si hoy estuviera presente el Siervo de la Nación no permitiría que siguieran existiendo las situaciones actuales en agravio del pueblo.
Hoy debemos de luchar en contra del influyentismo, en contra de los políticos y los partidos que gobiernan para sus propios intereses y que se convierten en caciques de pueblos.
En la actualidad ellos son los que generan la corrupción, por defender intereses particulares y partidistas, lo repito por que es una realidad en nuestro país.
Se requiere construir una verdadera democracia dentro de los ayuntamientos, para terminar con la autocracia y el cáncer que representa la oligarquía familiar.
El problema actual de los políticos que dirigen nuestros pueblos es que se creen mas importantes que los demás, cuando mas bien son mas responsables, “no mas importantes”.
Llevan consigo mayor responsabilidad de actuar y decidir por el bien común y no quedarse enfocados en su posicionamiento y el poder que los corrompe.
Morelos fue un gran luchador, cuya única causa era construir ese país libre y justo, una república mexicana.
Hoy, han pasado 200 años desde aquel 27 de septiembre de 1821 donde se concluyó con el abrazo de Acatempan entre los generales, enfrentados a muerte, Agustín de Iturbide del ejercito realista y de Vicente Guerrero del ejercito insurgente, la lucha y se hizo realidad el sueño que alguna vez tuvieron Allende, Hidalgo, Leona Vicario, la Corregidora, los Hermanos Aldama y José María Morelos, entre tantos otros y que sus acciones por la libertad quedaran plasmadas en la eternidad.
Todas y todos ellos nos dejaron claro que cuando un pueblo decide cambiar, no existe fuerza que lo detenga. Hoy y todos los días podemos decidir cambiar y cada uno tiene el poder de hacerlo.
Y en efecto… “Morir es nada, cuando por la patria se muere.”
Muchas Gracias.