03/06/2026
https://www.facebook.com/share/1Gcbfd75Vq/
Las sociedades humanas funcionan como ecologías de conocimiento adaptativo
La continuidad grupal, la identidad anónima y el control territorial se construyen mediante prácticas culturales acumulativas desde hace más de 400.000 años
Por Redacción Nota Antropológica
Piensa en tu grupo de amigos. Si mañana desaparecieran las bromas internas, los apodos y las canciones que solo ustedes conocen, ¿seguirían siendo un grupo o simplemente un montón de personas que alguna vez se cayeron bien? Algo parecido ha ocurrido con las sociedades humanas completas.
El investigador Francesco d’Errico, del Centro de Comportamiento del Sapiens Temprano en la Universidad de Bergen, ha pasado años rastreando este fenómeno. Su equipo ha encontrado evidencias de que hace al menos 400.000 años nuestros ancestros ya empezaban a decorar sus cuerpos y a marcar el espacio. No fue un salto repentino en la inteligencia. Fue una acumulación lenta de herramientas culturales.
¿Qué lograron con eso? Despegar la persistencia social de los límites biológicos. En el reino animal, las sociedades funcionan por reconocimiento individual. Los chimpancés se conocen entre sí. Cuando ese lazo se rompe, el grupo se disuelve. La primatóloga Jane Goodall lo documentó con su concepto de “deschimpancización”. Sin memoria personal, el grupo simplemente deja de existir.
Los humanos resolvimos ese problema usando símbolos. Un collar, una pintura facial, una historia compartida. Esos elementos funcionan como andamios invisibles. Mantienen la cohesión aunque la mayoría de sus miembros nunca se hayan visto las caras. D’Errico llama a esto “andamiaje epistémico”, una forma de decir que construimos conocimiento colectivo para sostenernos.
Este proceso también cambió nuestra relación con el territorio. Para un grupo de cazadores-recolectores, la tierra no se poseía como propiedad. Se conocía caminándola. Se reclamaba contando mitos y realizando rituales. Por eso muchas disputas actuales no son solo por el suelo físico. Tal vez estemos defendiendo una historia encarnada más que unos metros cuadrados.
Con los imperios y las sociedades industriales, el mecanismo llegó a otro nivel. Por primera vez, un solo grupo humano ha logrado controlar desiertos, bosques y deltas sin cambiar su biología. No hicieron falta nuevas adaptaciones físicas. Bastó con inventar calendarios, leyes, escritura y rituales estandarizados. Las sociedades humanas han dejado de ser solo conjuntos ecológicos para convertirse en ensamblajes ecoculturales. No solo ocupamos un nicho. Lo fabricamos.
Si esos andamios culturales se rompen, la sociedad puede colapsar sin invasiones ni hambrunas. D’Errico advierte que muchas veces el colapso es epistémico. Significa un quiebre en el reconocimiento mutuo y en la transmisión del conocimiento. Es posible que nos desmoronemos simplemente porque dejamos de creer en las mismas historias.
¿Qué símbolos de tu comunidad crees que se están perdiendo en la actualidad?
Fuente
D’Errico, F. (2026). Human societies as adaptive knowledge ecologies. Synthese, 203(37), 1-5.