07/07/2017
“la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos.” Alejandra Pizarnik
Desde la Biblio se generaron muchas salidas y paseos, visitar el Rosedal que se encuentra en el Parque de Mayo de Bahía Blanca, fue uno de ellos.
En las antípodas de las propuestas que circulaban en esa época, como la infaltable visita a una de las empresas del Polo Petroquímico con sus lapiceras y fotitos grupales de regalo al final del paseo junto a su discurso sobre cuánto colaboran en el cuidado del medio ambiente o la visita a la empresa Coca Cola donde regalan bebidas y te hablan sobre la fórmula secreta!
En fin…aún me pregunto cuáles son las razones que motivan esos paseos frente a tanta maravilla por conocer. Quizá la respuesta esté en darle apertura a la necesidad de cuestionarnos nuestro hacer de forma constante.
Vuelvo al Rosedal antes de que se contaminen estas líneas.
Hanami Literario se denominó la actividad.
Hanami (ver las flores) es una tradición japonesa que consiste en observar la belleza de las flores y se asocia al periodo en que florecen los cerezos.
Llegamos al rosedal después del mediodía, la primer reacción de los chicos al entrar: una salpicadura de divinidad, no paraban de mencionar el bello aroma que habitaba en el lugar.
El jardinero, cuidador del espacio, al observar el ingreso de una multitud de chicos alborotados se acercó rápidamente y sin poder disimular la expresión de susto y preocupación nos informó que le restaban 30 minutos a su jornada laboral. Atiné a regalarle un susurro para intentar descontracturar sus facciones.
¿Es la poesía un pretexto de la locura? ¿O es la locura un pretexto de la poesía? se pregunta Roberto Juarroz.
A partir de ahí imposible superar la perfección de los hados. Desplegamos los manteles entre los rosales y disfrutamos de un momento de lectura.
Norberto, el jardinero, ya se había contagiado de la maravilla y comenzó a enseñarle a los chicos cómo remover los pétalos acariciando las rosas. Juntaron un balde lleno!!
Los pibes, ni lentos, ni perezosos, atentos al tesoro que habían logrado conseguir le contaron que en la biblio los usábamos para hacer dibujos. Así fue como uno de los manteles ofició de costal de pétalos para acompañarnos en el regreso.
Nos despedimos, sin antes regalarle susurros a los rosales y al jardinero, quien había extendido 2 horas su jornada laboral. Nos despedimos? Luego de caminar un par de cuadras para esperar el colectivo, divisamos un hombre que se acercaba apresurado haciendo gestos con sus brazos. Era Norberto que nos traía un ramo de rosas en agradecimiento.
Y la cosa no terminó ahí, días después recibí un correo de aquel hombre que estaba deseoso de saber más sobre los susurradores y sobre aquella palabra japonesa.
El cruce epistolar se mantiene hasta el día de hoy.