El Comunitarismo presenta una alternativa al liberalismo y al individualismo, una visión nueva del equilibrio que permite que la sociedad funcione en armonía, ese equilibrio entre Estado y Mercado, al cual le incluye una tercera categoría: la Comunidad. Creemos que ser humano, es humano en tanto que vive en Comunidad con el objeto de lograr la satisfacción de sus necesidades y de las de todos los
sus miembros sin excepción, cooperando entre sí. El hombre se realiza así mismo en tanto la Comunidad se realice a sí misma. El hombre sólo logra la plena satisfacción de sus necesidades materiales individuales, si primero garantiza en conjunto la satisfacción de las necesidades inmateriales colectivas. Sin Comunidad no hay individuos, hay sujetos. La vida de las personas no puede entenderse al margen de la Comunidad, creyendo que persiguiendo el bien individual propio la sociedad evolucionaría si todos hiciéramos lo mismo y al mismo tiempo. Esto lo único que produce es “un todos contra todos”, en donde la satisfacción de las necesidades de uno, implica la no satisfacción de las necesidades del otro. O vamos hacia el país del “sálvese quien pueda”, o volvemos a la Comunidad. La primacía del Bien Común debe ser la base de las reglas y procedimientos políticos, sociales, económicos y jurídicos. El sujeto político ante todo pertenece a una Comunidad, por consecuencia, el bien comunitario se encuentra por encima de los derechos individuales. El Comunitarismo no implica una supresión de los derechos y libertades individuales, en tanto que estas no vayan en contra del Bien Común, sino que ampara al individuo en las Comunidades, innatas o por elección, a las que pertenece y que son menester fomentar, proteger y defender, y suma a los derechos derechos, los deberes, entendidos como responsabilidades sociales. El Estado y la sociedad deben promocionar una política del Bien Común, adecuada a la forma de vida de la Comunidad. La vida comunitaria es precisamente el espacio para la autorrealización individual, entendiendo la ciudadanía desde la identidad con la comunidad, y sólo bajo ese esquema de valores compartidos se hace posible la participación. La naturaleza esencialmente política del ser humano, y la importancia de la comunidad en el proceso de desarrollo de la condición personal del sujeto, rechazan los presupuestos de la filosofía y las teorías éticas de pensadores liberales. El Comunitarismo aporta una visión nueva de lo que es el sujeto, incorporando el sujeto colectivo, “el nosotros”, un nosotros que hay que reconocer y qué es algo más que el agregado de sujetos individuales: el sujeto comunitario, que hay que proteger y cultivar. No hay monopolio de comunidad, hay pluralidad de comunidades, más allá de la Comunidad Organizada entendida como el Estado que administra la sociedad. La identidad de este sujeto comunitario, se conforma con múltiples soberanías identitarias que es necesario conocer. Nuestras identidades se conforman a partir de todas esas soberanías identitarias articuladas, que hay que reconocer y respetar en el entendido de que cada una de ellas tiene su soberanía particular. Las comunidades deben entenderse en un contexto dinámico, las comunidades que nosotros conformamos no son un numero cerrado: podemos dejar unas comunidades y crear otras, y lo público debe estar sensible a ese redescubrimiento de comunidades. Lo público debe estar atento a no constreñir, sino al revés a incentivar defender y proteger la aparición de nuevas comunidades: los muchos “nosotros” que nos hacen ser a cada uno lo que somos. Por eso el Comunitarismo es internacionalista y multicultural, reconociendo la Diversidad en la Unidad: de puertas afuera máxima unidad, y de puertas adentro máxima diversidad.