Principios y Valores San Isidro

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Demasiado tarde para lágrimas.Y mucho más tarde para justificarse en la propia necedad e ignorancia.Esto que está sucedi...
20/08/2026

Demasiado tarde para lágrimas.

Y mucho más tarde para justificarse en la propia necedad e ignorancia.
Esto que está sucediendo hoy en nuestro país, como están sucediendo cosas parecidas en el resto del planeta, estaba anunciado, explicado y advertido desde hace más de cincuenta años.

En junio de 1972 se publicó el resultado del primer trabajo científico/técnico exhaustivo acerca del consumo de recursos naturales y emisión de desechos por el metabolismo de la civilización humana y sus efectos sobre las existencias de los primeros y el impacto de los segundos en los parámetros del ambiente dentro de los rangos necesarios para la vida humana.
Se llamó "The Limits to Growth" y fue confeccionado luego de dos años de trabajo por un equipo de físicos, biólogos, matemáticos, ingenieros, químicos y hasta economistas, usando un método computacional para el tratamiento de variables complejas llamado "dinámica de sistemas", entonces lo más avanzado para el procesamiento de grandes cifras.
El equipo estaba presidido por la dra. Donnela Meadows y la investigación se hizo en el Instituto Tecnológico de Massachusets, financiado por la organización filantrópica "Club de Roma", presidida por Aurelio Peccei.

Pero desde la política, apoyado por estudios previos, la propia experiencia de gestión y una preclara intuición, hubo un primer líder de relevancia, jefe de Estado, que lanzó la primera alerta al mundo acerca de ello.
Fue el general Juan Perón, quien en febrero de ese mismo año, adelantándose a la publicación del informe e inclusive a las discusiones de la primera reunión de naciones por el tratamiento del problema ambiental en Estocolmo, publicó un "Mensaje Ambiental" advirtiendo del serio riesgo de la ocurrencia de esto mismo que estamos viendo hoy.
Lo expresó en términos muy concretos. Dijo que la humanidad iba en un "rumbo suicida" y que, de no cambiarlo de inmediato, podría constituir el "desastre" para todos en este nuevo siglo.
La polémica se desató y las mayorías terminaron rechazando los avisos y hasta burlándose de ellos. Algo que siguen haciendo hasta hoy.

Las inundaciones, las sequías, los incendios, las catastróficas tormentas, que estamos observando producirse hoy de manera creciente no son hechos aislados. Constituyen una tendencia que muestra un desequilibrio climático global.
Como lo haría un elástico que se estira, la materia del planeta fue acumulando un exceso de energía -especialmente los océanos- durante más de un siglo. El efecto directo de la termodinámica productiva humana, con el uso de los recursos y la liberación de los desechos.
Esa acumulación amortiguó los efectos directos de ese exceso y nos permitió atravesar ese período sin percibir grandes cambios.
Pero como todo elástico que se estira, llegado a un punto, se suelta y libera esa energía acumulada o bien se rompe, con igual resultado.
Eso es lo que está sucediendo. El clima planetario, con sus ciclos previsibles, su regularidad más o menos sostenida en los últimos 10 mil años, entró en desequilibrio y está liberando esa energía contenida.
Ese desequilibrio durará hasta que los flujos de calor vuelvan a encontrar un nuevo equilibrio. Pero en las inmensas cantidades que están involucradas, ese período de liberación puede durar siglos o milenios.
Tiempos que para el planeta son apenas instantes, pero para un animal cuya vida no supera los cien años, implica todo su futuro como especie.

No es un asunto de pronóstico meteorológico, como algunos suponen simplificando. Es un asunto de producción y supervivencia.
Las decenas o cientos de miles de hectáreas inundadas de este caso son recursos de supervivencia que desaparecen. El ganado que muere y las cosechas que se pierden no alimentarán a nadie.
Pero los consumidores siguen necesitando comer.
Lo mismo sucederá con las zonas incendiadas, o con los territorios secos.
Y esto es el comienzo.

Es tarde para lamentarse. Quizás ya lo era hace cincuenta años, cuando la humanidad comenzó a enterarse.
Estamos en manos de Dios.
Y, ciertamente, no hemos sido muy obedientes de sus consejos como para esperar piedad.

Torombolo.

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“BAJOS SUBMERIDIONALES EN ALERTA MÁXIMA”: EL AGUA SE LLEVA EL FUTURO DEL NORTE SANTAFESINO

El paisaje del norte de Santa Fe ha dejado de ser el habitual ecosistema de pastizales y montes para convertirse en un océano interior. En parajes emblemáticos como El Palmar (jurisdicción de La Gallareta) y Cañada Ombú, en el departamento Vera, el agua ya no es un visitante temporario; es una presencia destructiva que ha reconfigurado por completo el mapa geográfico, social y económico de la región.

Tras meses de precipitaciones brutales asociadas al fenómeno de El Niño, que en la primera mitad del año pulverizaron los registros anuales superando los 1.100 milímetros, los Bajos Submeridionales enfrentan hoy una de las crisis ambientales más severas de la última década.

El entorno natural se encuentra en un estado de saturación absoluta. Al ser una gran cuenca endorreica con pendientes mínimas, el suelo ha perdido toda capacidad de infiltración. Arroyos históricos como El Golondrinas se transformaron en brazos fluviales indomables que anegan más de 100.000 hectáreas.

Para la fauna nativa y la flora del lugar, el impacto es profundo: árboles nativos sufren el estrés hídrico de raíces ahogadas y las especies terrestres se desplazan hacia los pocos albardones secos que quedan, compitiendo por un espacio que se reduce día a día.

La odisea de los productores: vivir con el agua al cuello Detrás de las impactantes postales aéreas que inundan las redes sociales, se esconde el drama humano de las familias rurales. La vida de los pequeños y medianos productores del norte santafesino se ha transformado en una vigilia constante y desesperada.

Rutinas enteras se desarrollan arriba de un caballo, de una canoa o en el agua misma. Desde hace meses, los caminos rurales y las vías de acceso principales a parajes como El Palmar están totalmente cortados por el agua, obligando a los pobladores a un aislamiento intermitente donde abastecerse de comida, medicamentos o agua potable requiere una logística digna de una zona de catástrofe.

La cotidianidad es una lucha física contra el barro y el frío. Los productores pasan jornadas de diez a doce horas sumergidos hasta la cintura para arrear lo que queda de sus rodeos. Las pérdidas materiales son incalculables, pero el desgaste psicológico de ver cómo el esfuerzo de generaciones se diluye en la correntada empieza a hacer mella en una comunidad caracterizada por su resiliencia.

El ganado entre la vida y la muerte: la crudeza de las cifras La situación de la hacienda bovina es dramática. Aunque los operativos de evacuación se realizan a destajo, las muertes de animales se cuentan por miles en la región. El ganado que logra sobrevivir se encuentra en un estado de desnutrición avanzado; al estar los pastizales naturales bajo dos metros de agua, las vacas consumen malezas acuáticas de escaso valor nutricional o pasan días enteras sobre lomos de tierra apelotonadas, desgastando sus pezuñas y perdiendo masa corporal.

El factor más crítico en este mes de agosto es la parición. Las vacas preñadas están pariendo en el agua o en islas de barro sobresaturadas. La mortandad de terneros recién nacidos se ha disparado de manera alarmante: muchos mueren ahogados a los pocos minutos de nacer o caen víctimas de la hipotermia y las enfermedades sanitarias derivadas de la humedad constante. Los productores que intentan sacar su hacienda en camiones deben realizar "troperos" épicos de hasta 30 kilómetros en medio del agua profunda para llegar a una ruta transitable, un trayecto donde los animales más débiles simplemente colapsan en el camino.

¿Qué se necesita hoy en la zona de desastre? La ayuda gubernamental y civil es urgente y debe ejecutarse en múltiples frentes para evitar un éxodo rural definitivo:
Alimento e infraestructura de emergencia:
Se requiere la llegada masiva de rollos de alfalfa, balanceados y suplementos dietarios para sostener a los animales que no pueden ser evacuados.
Logística de transporte y tierras de pastoreo: Es urgente la articulación de un registro de "campos limpios" o zonas altas en provincias vecinas o el sur provincial, junto con subsidios para costear los fletes ganaderos, cuyos precios se han disparado debido a la emergencia.

Asistencia sanitaria y alimentaria humana: Las familias aisladas necesitan módulos de alimentos imperecederos, pastillas potabilizadoras de agua, botas de goma, capas de lluvia y asistencia médica móvil para prevenir enfermedades infecciosas cutáneas o zoonosis derivadas del agua estancada.

Alivio financiero real: La declaración de Emergencia Agropecuaria nacional debe traducirse en la suspensión total de ejecuciones fiscales, prórrogas severas de créditos y el otorgamiento de subsidios no reintegrables para los pequeños productores que han perdido todo su capital de trabajo.

Mirando al futuro: la amenaza latente de El Niño Lo más alarmante para el norte de Santa Fe es que el horizonte no muestra signos de alivio. Los pronósticos de los principales centros climatológicos advierten que los efectos más severos y las lluvias extraordinarias asociadas al fenómeno de El Niño todavía no han alcanzado su pico definitivo, el cual se proyecta para los meses venideros.

El futuro inmediato se presenta con una gran incertidumbre. La infraestructura hídrica regional —canales, defensas y alcantarillados— ha demostrado ser obsoleta ante la magnitud del cambio climático actual, abriendo un debate profundo sobre la necesidad de obras estructurales a largo plazo en los Bajos Submeridionales.

Mientras el agua siga subiendo y la asistencia no llegue al territorio de manera eficiente, el tejido productivo del norte santafesino seguirá desangrándose, peleando minuto a minuto por salvar las últimas cabezas de ganado en un escenario donde la naturaleza parece haber impuesto sus propias reglas.

18/08/2026

La lectura correcta.

Este es uno de esos casos. Reconocer y aceptar la realidad.
Salir de la fantasía económica/monetaria y entender que todo eso proviene inicialmente de recursos materiales y energéticos cuyo valor depende de su existencia en "cantidad suficiente para..." y la disponibilidad que tengamos de ellos. Llegados al punto de la insuficiencia, da igual el precio que pongamos a un recurso o la pugna por comprarlo. Simplemente no alcanza.
Pero aún así, esta explicación es extremadamente superficial, la punta de un inmenso iceberg que la humanidad no quiere ver.
Para no dar explicaciones rápidas e inconsistentes es necesario un análisis profundo de todo el proceso.

Está claro que la agricultura y la ganadería desde hace 10 mil años aumentaron la TRE, es decir, la tasa de retorno energético. Porque reemplazaron el sistema de caza y recolección, en los cuales el hombre debía invertir mucha más energía para obtener lo mismo.
El nuevo sistema permitía ya desde inicio reducir el territorio a recorrer y, organizando el trabajo, obtener mucho más con el mismo esfuerzo.

Pero la naturaleza es física, no mágica, y el primer principio de la termodinámica explica que no se crea energía, por lo tanto si se saca más energía útil final, tanto más se exige a los procesos.
Y para que ello sea estable debe haber un equilibrio entre la entrada y la salida de energía.
Pero la única energía de entrada es constante: la irradiación solar. La misma desde hace 4.500 millones de años.
Por tanto, cuanto más le sacamos al campo, tanto más estamos usando de sus reservas acumuladas en mucho tiempo, miles y millones de años. Es mucho, pero no es infinito y en algún momento se acaba.
De allí que hoy necesitemos fertilizantes -nitrogenados y fosforados-, cuyo origen es sintético, a partir principalmente del gas natural y líquidos del petróleo para energía e hidrógeno. Es decir, consumimos en ellos también energía fósil acumulada en, al menos, 200 millones de años.
De hecho, con la sobreexplotación actual y rendimientos absurdamente inmensos por hectárea, es lógico que los productos que obtenemos tengan menor capacidad nutritiva respecto de la producción de hace 50 o 100 años.

Pero, ¿porqué estamos agotando los suelos, como también lo hacemos con todos los demás recursos naturales?
Hay una respuesta elemental.
Al inicio de la agricultura había una población humana total en el planeta menor a 10 millones de personas. Al inicio de la revolución industrial, 10 mil años después (inicio del siglo XIX), había ya mil millones de personas.
Y hoy, apenas dos siglos después, somos 8.300 millones.
Todos comemos y casi todos dependemos de la agricultura y ganadería extensivas, las cuales además tienen una pérdida básica no menor al 30% desde el campo hasta el mercado.
La demanda es altísima, por ello la exigencia.

Hoy, cerca del 50% de la tierra seca global está siendo sobreexplotada y la mayor parte del carbono que contenía está terminando en la atmósfera y los mares luego del ciclo alimentario.
El nitrógeno excedente está arruinando las aguas y se repone usando síntesis a partir de fósiles.
El sistema es muy abierto y con una inmensa pérdida, con una demanda en crecimiento exponencial.
No hay modo de que termine bien. En pocos años colapsará y no tenemos preparativo alguno.

Es irrelevante si este panorama nos gusta o no, si queremos abordarlo o preferimos negarlo y tapar su difusión. Son hechos físicos y bioquímicos que están sucediendo así los estudiemos y comprendamos o continuemos con nuestro discurso habitual.
El general Perón fue uno de esos pocos líderes políticos que supo ver esta realidad y su proyección. Nos advirtió de ello e intentó cambiar este rumbo. De hecho en varios discursos y entrevistas entre 1972/74 enfocó especialmente el problema de los suelos, el aire y las aguas con estos procesos.
Su prédica fue rechazada por casi todos los peronistas y sus palabras ocultadas por cincuenta años. Hoy mismo se las niega como si fueran el delirio de un anciano demente.

Pero finalmente la realidad se impone sobre las ilusiones y los caprichos.

Torombolo.

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09/08/2026

Los errores del pensamiento disociado.

La organización Hope! y su divulgador Javier Peña no mienten, lo que dice en este video es estrictamente cierto. Pero es errado al mismo tiempo.
Porque no basta con decir la verdad, hay que decir toda la verdad.

Lo que explica aquí es para la perspectiva de España, pero aplica igualmente para la Argentina.
Nuestra agricultura, aún con los excelentes suelos de la Pampa húmeda, requiere de cerca de 5 millones de toneladas de fertilizantes nitrogenados (urea, nitrato de amonio, fosfato mono y diamónico, etc.) al año. El 60% de ellos son importados.
Por ello, estamos en situación bastante parecida. Y sus consejos podrían aplicar también.
Pero están mal.
No porque los mecanismos estén mal explicados o porque no sea posible hacerlos, sino porque es un razonamiento disociado del todo.

En 1918 el químico alemán Fritz Haber recibió el premio Nobel por su desarrollo del proceso para obtener amoníaco a partir del nitrógeno del aire. Y el amoníaco es la base de esos fertilizantes.
En ese entonces, la agricultura estaba en seria crisis y la humanidad completa enfrentaba el límite a su crecimiento. Desde hacía un siglo ya se le estaba exigiendo a los suelos de cultivo mucho más de lo que pueden rendir sin dañarse asimilando la luz solar y convirtiéndola en materia alimenticia. Todos estos procesos que bien describe Peña en el video.
Porque esos procesos tienen un límite.
Cada metro cuadrado de suelo, según sus condiciones previas y el clima, puede rendir una cantidad máxima de fotosíntesis y producción de acuerdo a la irradiación que recibe. Y no más.
Pero si desarrollamos técnicas le sacamos más a costa de alterar esos ciclos y perder fertilidad. Y eso viene haciendo la agricultura desde hace 12 mil años.

Esa pérdida general de fertilidad la comenzamos a notar a mediados del siglo XIX con la caída de la producción por hectárea. Pero logramos compensarla usando guano de aves traído de las islas.
Entonces la demanda continuó creciendo. En poco tiempo agotamos todo el guano y ya no había que ponerle.
Fue entonces que Haber -y muchos otros científicos- entraron en la carrera para sacar el necesario nitrógeno del aire. Y lo consiguió.
Violó el límite que volvía a poner la naturaleza y el crecimiento pudo continuar. En el siglo siguiente, la humanidad no se duplicó como fuera en el anterior, sino que se cuadruplicó. Y con ello la demanda alimentaria.
De hecho, la presión sobre los suelos aumentó más que eso, porque la producción extensiva a grandes distancias, imprescindible para abastecer a las grandes ciudades, tenía muchísima más pérdida que la producción local para abastecimiento local del medioevo.
Actualmente y ya desde hace muchos años, se pierde no menos del 20% promedio de las cosechas generales en la primera etapa (recolección, acopio y transporte en gran escala), y otro tanto en el proceso secundario (elaboración, distribución, comercialización).

Las falencias locales de fertilizantes no tienen que ver con falta materia prima -el aire- sino con los mecanismos de la producción globalizada. Su producción no sólo gasta mucha energía fósil sino que deja también muchos residuos contaminantes, lo cual es tolerado por algunos países más flexibles al daño.
España podría iniciar su producción masiva, sin duda. Pero eso implicaría importar más combustible y lidiar con mayor contaminación primaria.

Pero... ¿cuál es el error entonces? ¿porqué no seguir simplemente el consejo de hacer agricultura ecológica y regenerativa?
Porque no alcanza.
Si sacamos más, dañamos más. Si sacamos menos, dañamos menos. Una regla sencilla de entender.
Pero si sacamos menos, no hay comida suficiente para todos.
Ese es el problema.
Haber, las empresas de agroquímicos y los agricultores convencionales no son malvados que quieren dañar el planeta. No son sólo codiciosos que quieren su dinero ya mismo sin importar nada.
Son parte de una humanidad que quiere crecer ilimitadamente. Y hacen su negocio con ello, del mismo modo en que un quiosquero hace negocio si la gente fuma más o come más golosinas.
¿Acaso usted lo culparía por el cáncer de pulmón o la obesidad generalizada?
Estoy seguro de que no. Pero los gastos generales de atención médica por esas causas aumentan igual que aumentan los daños ambientales por la agroindustria.
Las asignación de culpas se puede evitar, los costos no.

El crecimiento ilimitado es imposible, siempre lo fue. Pero hasta ahora ocurrió.
Ésta es la factura a pagar y no tenemos suficiente para afrontarla.
Muy pronto ya no se podrá continuar pero seremos demasiados para resolverlo con la huertita ecológica. En ese momento comenzará la discusión acerca de quien come y quien muere de hambre.
Ya veremos cuáles serán los términos de esa discusión.

Torombolo.

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¿La soberanía no se discute o no se discute nada?Hemos visto la manifestación violenta frente al Congreso Nacional, orga...
08/08/2026

¿La soberanía no se discute o no se discute nada?

Hemos visto la manifestación violenta frente al Congreso Nacional, organizada e impulsada por esa extraña oposición consistente en una alianza entre el progresismo neoperonista y el trosquismo que lo detesta, con la adición de ciertos sectores doctrinarios del peronismo que son detestados por ambos.
Y la coincidencia pasiva de los grupos nacionalistas de amplio espectro.
Algunos de ellos que detestan a todo el resto de la humanidad.

Sin embargo, la consigna es atractiva y emocionante: "la soberanía no se negocia/discute/entrega/etc."
Soberanía. ¡Qué palabra motivadora! Ser soberanos de algo, o dueños.
Pero tenemos un problema, si la soberanía no se negocia ni discute... ¿cómo sabemos qué es realmente la soberanía con un criterio unificado y sin discrepancias, para así poder ejercerla colectivamente?
De hecho me pregunto... ¿es eso lo único "indiscutible" o en realidad la consigna implica no discutir ni razonar ni analizar nada de la política?

Pues yo sí quiero discutir. Quiero pensar, quiero razonar, quiero escuchar los razonamientos ajenos, de todos incluyendo aquellos a los que considero -en principio- equivocados.
Porque hay que tener un mínimo de humildad al menos. Si todo aquello de lo cual estamos convencidos de certeza y verdad fuese así, no estaríamos en los problemas que tenemos.
Problemas muy graves. No sólo aquí, en todo el planeta.
No estarían los orcos tirando piedras contra el edificio y contra la policía, ni los policías con escudos cuidando, ni los depredadores por el conurbano buscando presas sobre las cuales caer a hacerse el día, ni el riachuelo podrido, ni la gente autopercibiéndose pobre, ni los terroristas matando personas, ni los ejércitos lanzándose misiles.
Algo de todo lo que creemos correcto, en realidad no lo está. O lo decimos pero no lo hacemos, o somos muy torpes, o lo que fuera. Pero no está funcionando.

¿Son mejores los Blaquier, los Saenz Valiente o los Anchorena para administrar nuestra soberanía rural agrícola -sea por mano propia o por interpósito consorcio sojero-, que un fulano nacido en Italia o Inglaterra que les compra algunas tierras para hacer exactamente lo mismo?
¿O acaso el trigo, maíz, soja y carnes van a parar a un sitio y consumo distinto según sea la partida de nacimiento del poseedor de título de propiedad?
El petróleo, el gas, el cobre, las célebres tierras raras, ¿son realmente "nuestras" hoy? ¿cuál sería el alcance de esa palabra? ¿mías, suyas, del vecino del 4º B? ¿quién, cómo y por cuánto, dispone de todo eso para comercio y a dónde va a parar la ganancia?
¿Y cuando se acaben? ¿quién resuelve el vacío, quién limpia el desorden? ¿quién será entonces el dueño "soberano"?
Porque en general, del edificio a estrenar quieren ser dueños todos, pero del baldío lleno de mugre, basura y ratas, no hay puja de propietarios.
Hay cosas para discutir, ¿nocierto?

Por ejemplo, en esta entrevista decidieron discutir.
https://www.facebook.com/share/v/18WEVFR7jC/
Lo más interesante es cuando empiezan a meter cuchillo más adentro y hablan de "recursos naturales", de lo que se "usó" y no se usó. Porque allí está la clave para dar significado a todo el palabrerío automatizado.
¿Cuáles son esos recursos? ¿porqué los llamamos recursos? ¿para qué sirven? ¿quién es el destinatario final de su uso? ¿vale el recurso y sus derivados o vale la plata?
Los 15 mil millones de dólares que mencionan... ¿de dónde salen? ¿quién los paga? ¿a cuál bolsillo van finalmente destinados? ¿qué se comprará con ellos?
A ver si en realidad estamos haciendo círculos en una baldosa.

Por ejemplo, yo compro cosas. Cosas que creo necesitar cada día aunque no estoy del todo seguro. Pero la inercia está y las compro.
La mayoría, al menos de lo que no me como, viene de China o está armada con partes que vienen.
¿Cómo llegaron los chinos a fabricarlo, a enviarlo y a reemplazar al fabricante local que antes me lo vendía?
¿Será verdad eso de que de aquí sale todo y luego vuelve, gastando descomunales cantidades de energía y perdiéndose gran parte en el camino?
¿Podemos evitar ese trayecto innecesario y usar los recursos para producir aquí?
Si así lo hiciéramos, ¿quién lo haría? ¿cómo? ¿con cuál criterio?
¿Fabricaríamos igual que los chinos, todo aquello que se pueda vender y que dure lo mímimo posible para poder volver a vender, sin importar cuánto material y energía se desperdicie, o aplicaríamos un criterio industrial propio relacionado con nuestra razón y nuestra "soberanía"?

¿Usted ya pensó acerca de todo eso? ¿lo discutió con alguien más?
¿O será que nadie quiere pensar en nada y espera que el negocio de la política lo haga por ellos?
Bueno, ya va siendo hora de comenzar.
Porque se va haciendo tarde y no sabemos si mañana tendremos todavía algo sobre lo cual discutir soberanía.

Torombolo.

Fritz Haber, la moral y la ciencia.¿Qué es el bien?Concepto discutido por los filósofos durante siglos, concluye en cier...
04/08/2026

Fritz Haber, la moral y la ciencia.

¿Qué es el bien?
Concepto discutido por los filósofos durante siglos, concluye en cierta concepción coincidente: "la acción libre y consciente del hombre que perfecciona la naturaleza humana y promueve el bienestar general", o parecidas.
Sin embargo, hay un problema vinculado al tiempo en esas definiciones.
¿Cómo categorizamos algo que genera un bien hoy al costo de un mal mayor mañana?

A menudo solemos escuchar que la ciencia es capaz de producir para el bien o para el mal.
Salvar vidas, ofrecer confort o matar a millones y contaminarlo todo.
Pero el silogismo se completa agregando que es el interés y la moral los que terminan derivando el conocimiento de los científicos hacia uno u otro destino.
Fritz Haber es un ejemplo interesante.
Reconocido históricamente por su desarrollo del procedimiento para fabricar amoníaco -base de los fertilizantes sintéticos nitrogenados- lo cual inició la era de la agricultura moderna con rendimientos muy superiores a los límites biológicos.
El "bien".
Haber no encontró su método por azar. Fue resultado de una búsqueda específica por motivos muy concretos que el científico conocía y comprendía muy bien.
Es decir, su acción fue voluntaria y consciente, como lo reclama la definición filosófica.

Durante el siglo XIX y con el crecimiento demográfico disparado por el uso del carbón, la agricultura había tocado su límite de rendimiento y la sobreexigencia comenzó a mermarlo.
Entonces las naciones echaron mano a aquel viejo recurso del imperio inca: el guano.
Tan importante era ese recurso que el gobierno de EEUU otorgaba propiedad protegida para cualquiera que descubriera una isla guanera, incorporándola al territorio estadounidense mediante la "Guano Islands Act", ley aprobada el 18 de agosto de 1856. Por ello cerca de 200 islas del Pacífico y el Caribe pasaron a propiedad estadounidense, algunas tan famosas como las Midway.
La extracción fue salvaje y aquella solución al problema terminó paradojalmente agravándolo.
El guano sirvió para que el proceso de crecimiento continuara, pero antes de fin del siglo ya era insuficiente y estaba al límite del agotamiento.
La población pasó de mil a dos mil millones y la demanda se duplicó, como mínimo.

Los científicos no eran idiotas y comprendían bien que no se pueden traspasar las capacidades máximas de carga de los ecosistemas. Esos habían sido avisos, alertas, luces rojas en el tablero para detener la marcha.
Pero Haber decidió avanzar igual.
Si la naturaleza avisaba, entonces él violaría la naturaleza.
Por supuesto, además de esa megalómana idea había un premio más prosaico. Se hizo inmensamente rico con su descubrimiento.
La consecuencia del "bien" de Fritz Haber es una humanidad actual de 8.300 millones, y la agricultura -con el agregado de otras ayudas científicas posteriores- está hoy peor que entonces. Su producción esencial depende del fertilizante sintético como un drogadicto de su droga.
Por ejemplo nuestro país, teniendo suelos conocidos como los más ricos del mundo, necesita al año más de 5 millones de toneladas de fertilizante para sostener su producción.
Es decir, ocurrió algo parecido a lo del guano, pero peor.
Con el agregado de un desequilibrio climático global que no se resolverá con un nuevo truco de laboratorio.

Cuando Haber subió a retirar su premio Nobel en 1918 por aquel desarrollo, la mayoría de sus colegas científicos le dió la espalda. Inclusive algunos decidieron rechazar el suyo propio como protesta.
Era por el "mal". Pero no por ese mal.
Fue rechazado por haber sido un patriota voluntario en la primera guerra mundial y haber impulsado el uso de ese mismo nitrato como explosivo en favor de Alemania, tanto como haber desarrollado el mortífero gas de cloro como arma química.
De hecho hay un cruel detalle paradojal en esa moral.
Luego de prestar valiente servicio militar por su Patria -y aún con cierto perdón por esa causa- Haber fue incluído en la purga de científicos judíos ejecutada por Hi**er.
Tanto de cruel es el destino que el gas Zyclon B a base de cianuro de hidrógeno que terminó sirviendo para asesinar a miles de judíos en los campos de exterminio, fue sintetizado a partir del Zyclon A creado como insecticida en el instituto Haber por el bien de la humanidad.
La empresa creada con la fortuna de su gran descubrimiento inicial.
Pensándolo bien a la vista de las consecuencias, aquellos científicos que repudiaron a Haber debieron hacerlo por el "bien".

A veces la definición moral no es lo que parece.
O sí lo es pero nosotros preferimos que parezca otra moral.

Torombolo.

Confusión total.Autoengaño científico.El texto dice: "la causa raíz es el cambio climático". Error gravísimo o mentira p...
20/07/2026

Confusión total.

Autoengaño científico.
El texto dice: "la causa raíz es el cambio climático". Error gravísimo o mentira para impedir la consciencia masiva, no lo sé.
Induce a pensar que eso que llaman "cambio climático" -en realidad calentamiento global- es algo que ocurre, un proceso ajeno en el cual el lector no tiene injerencia.

El calentamiento global no es la causa primaria. Es la consecuencia del acelerado crecimiento de la población en los dos últimos siglos.
Desde el año 1.800 hasta hoy, la humanidad se multiplicó por ocho.
De mil a más de ocho mil millones.
En sólo 200 años octuplicamos la cantidad de personas que habíamos tardado 100 mil años de existencia y 10 mil años de civilización en alcanzar.
Una función exponencial de enorme aceleración.
Ésa es la causa primaria.

Luego podemos analizar los procesos físicos y geológicos que generan el calentamiento a partir de ese crecimiento y que actúan como estímulo para acelerarlo en un ciclo de retroalimentación positiva.
Es evidente que el descubrimiento del uso práctico de los combustibles fósiles como vector energético es ese factor que opera en ambos sentidos. Calentando físicamente el planeta y estimulando el crecimiento demográfico por facilitación de la supervivencia.
Lo que llaman "paradoja de Jevons".
Pero la voluntad de aumentar la reproducción es nuestra. Es decir, hipotéticamente podríamos tomar la decisión racional y consciente de detener ese crecimiento e incluso de decrecer reduciendo el número de hijos en el contexto de una planificación termodinámica.
Pero no lo hicimos ni lo hacemos aún viendo los efectos destructivos que amenazan nuestra propia vida y de los demás seres del planeta. Y es probable que no lo hagamos jamás.
Quizás ése sea el límite que nuestra parte animal le impone a la razón pura.

El problema no es cómo hacemos las cosas sino en cuál cantidad lo hacemos.
Todo metabolismo biológico genera calor y desechos. Pero cuando una especie está integrada a un ecosistema, esos efectos de su metabolismo explicados por el segundo principio de la termodinámica se integran a un sistema compensatorio.
Y ese sistema se sostiene compensando su pérdida con aporte externo de energía. En nuestro caso, radiación solar.
Y el planeta completo libera el exceso entrópico por la pérdida de cada transacción físico química, irradiando el valor residual al espacio.
Así funciona la vida.

Pero el requisito para que eso ocurra es que exista un equilibrio numérico entre las especies que integran el sistema.
Si una de ellas crece por encima de su límite de tolerancia, rompe el equilibrio y el ecosistema se destruye.
Eso hicimos los seres humanos.

Y no es por el vector energético.
Es cierto que la causa principal del efecto invernadero es la quema de fósiles, pero no por su existencia sino por su cantidad.
Si hiciéramos lo mismo que hoy, pero fuéramos 500 millones probablemente nada malo ocurriría. Los ecosistemas se acomodarían para adaptarse.
Lo mismo con los plásticos y otras moléculas sintéticas.
La cantidad en que hacemos todo eso para sostener el metabolismo de una civilización sobredimensionada es lo que supera la capacidad de todos los mecanismos naturales.

Y la base de ese problema es la irracional ilusión del crecimiento infinito en un planeta finito con recursos finitos.
Casi todos los seres humanos en el planeta, puestos frente a esta elemental explicación desde la biofísica responden argumentando que "el problema no es la cantidad sino la injusta distribución asimétrica" y creen que todavía podríamos continuar creciendo si hacemos otros procedimientos.
Inclusive aquellos que reclaman acciones para "detener el cambio climático".
Especialmente ellos.

No sólo lo creen, lo desean sin saber realmente porqué.
Pero cuando se les pregunta "¿creciendo hasta cuál cifra?", no pueden contestar y zafan con "todavía hay mucho espacio/recursos disponibles".

Pues, no. No los hay.
Estamos al final del camino. Estas noticias sólo son el principio de ese fin. Y no hay solución.
Salvo que reduzcamos drásticamente la población ya mismo.
Pero... ¿cuántos de quienes quieren "salvar el planeta" estarían dispuestos a eso?

Muy pocos, si es que alguno.

Torombolo.

https://www.facebook.com/share/p/1C1WNneM2Y/

El estudio, que ha analizado 30.652 especies, es la de una advertencia. Los investigadores han creado proyecciones que van de 1850 a 2100, y han concluido que el colapso de los ecosistemas se producirá a partir de 2030 si no se actúa. La imagen de los océanos, que serán los primeros en sufrir, es la de una inminente catástrofe. La imagen de las especies, que no podrán adaptarse a los cambios abruptos, es la de una pérdida irreversible. La imagen de la tierra, que se calienta, es la de un planeta que está llegando a su límite.

Esta historia se conecta con el resto de postales como un ejemplo de la urgencia de actuar contra el cambio climático. Es el reverso de los caballos salvajes en Sierra Nevada; aquí, la atención se centra en el colapso. La causa raíz del colapso de los ecosistemas es el cambio climático, impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero. La investigación, que ha analizado el impacto de las temperaturas en las especies, ha concluido que los cambios serán abruptos. La imagen de los ecosistemas, que no podrán adaptarse, es la de un futuro incierto. Los océanos, que serán los primeros en sufrir, son un ejemplo de la vulnerabilidad de la vida. La imagen de las especies, que se enfrentarán a condiciones drásticas, es la de una crisis de biodiversidad. La imagen de los investigadores, que advierten de la necesidad de actuar, es la de una llamada a la acción.

El impacto ecológico del colapso de los ecosistemas sería la pérdida de miles de especies y de servicios ecosistémicos. El impacto moral es la responsabilidad de las generaciones actuales de actuar para evitar el colapso. La esperanza realista reside en que aún hay tiempo para actuar, y que la reducción de las emisiones puede retrasar el impacto. La esperanza también está en que la sociedad pueda adaptarse y encontrar soluciones. La historia del colapso de los ecosistemas es una advertencia de que el tiempo se agota.

La pregunta que el colapso de los ecosistemas nos deja, es una que debería extenderse a todos los que habitamos el planeta: si el colapso de los ecosistemas puede ocurrir a partir de 2030, y si la reducción de emisiones es la clave, ¿qué estamos dispuestos a hacer para actuar ahora, y qué parte de nuestra responsabilidad estamos dispuestos a asumir para que el planeta no llegue a un punto de no retorno? Lo que está en juego no es solo el futuro de la biodiversidad, sino el de la humanidad. La historia del colapso de los ecosistemas es una historia de urgencia y de esperanza. Nos recuerda que el cambio climático es una amenaza real, y que la acción es necesaria. Si aprendemos a actuar ahora, estaremos dando un paso hacia un futuro más sostenible. La próxima vez que oigamos hablar de cambio climático, recordemos que el tiempo se agota.

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