05/07/2026
📖El 3 de julio de 1933 fallecía Hipólito Yrigoyen, una de las figuras más decisivas de la historia política argentina.
Nacido en Buenos Aires en 1852, en el barrio de Balvanera, Yrigoyen construyó una trayectoria marcada por la austeridad personal, la reserva pública y una concepción profunda de la vida cívica. Fue docente, comisario de Balvanera, legislador y dirigente político, pero su figura se proyectó especialmente a partir de las luchas por la democratización del sistema electoral argentino.
Su camino político estuvo ligado desde temprano a Leandro N. Alem, su tío y referente. Participó en la Unión Cívica, acompañó el clima revolucionario de 1890 y luego fue una figura central en la consolidación de la Unión Cívica Radical. Frente al régimen conservador y al fraude electoral, Yrigoyen sostuvo una estrategia de abstención, organización partidaria y presión cívica que buscaba abrir paso al sufragio libre.
La sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912 cambió el escenario político nacional. Cuatro años después, en 1916, Yrigoyen llegó a la Presidencia de la Nación, convirtiéndose en el primer presidente argentino elegido bajo el sistema de voto secreto y obligatorio masculino. Su ascenso expresó la incorporación de nuevos sectores sociales a la vida política y marcó un punto de inflexión en la democracia argentina.
Gobernó entre 1916 y 1922, volvió a la presidencia en 1928 y fue derrocado por el golpe de Estado de 1930. Su figura quedó asociada a una etapa clave: la transición entre la política oligárquica del siglo XIX y la democracia de masas del siglo XX.
A 93 años de su fallecimiento, recordar a Yrigoyen es también volver sobre una pregunta central de nuestra historia: cómo se construye una ciudadanía activa, organizada y capaz de transformar la vida pública.