14/06/2026

UN GOBIERNO SIN RUMBO NO PUEDE HIPOTECAR EL FUTURO DE SANTA CRUZ
La discusión no es si Santa Cruz necesita obras. La discusión es si un gobierno debilitado políticamente y cuestionado por sus resultados está en condiciones de comprometer el futuro financiero de la provincia con una deuda de 600 millones de dólares.
La discusión sobre los 600 millones de dólares que pretende tomar el Gobierno Provincial no es únicamente una discusión financiera.
Es, ante todo, una discusión política.
Porque detrás de cada deuda hay una pregunta fundamental: quién la toma, para qué la toma y quién la va a pagar.
Santa Cruz necesita obras. Nadie lo discute.
Necesita mejorar rutas, ampliar infraestructura energética, fortalecer servicios públicos y generar condiciones para el desarrollo productivo. El problema no son las obras. El problema es que el Gobierno pretende presentar el endeudamiento como si fuera sinónimo de gestión.
Y no lo es.
Gestionar no es pedir préstamos.
Gestionar es administrar eficientemente los recursos disponibles, establecer prioridades y demostrar capacidad para ejecutar políticas públicas con resultados concretos.
A casi tres años de asumir, Claudio Vidal todavía no logró demostrar esa capacidad en la magnitud que la provincia necesita.
Por el contrario, la sensación que predomina en amplios sectores de la sociedad santacruceña es la de un gobierno que prometió mucho más de lo que pudo cumplir.
Un gobierno que llegó prometiendo acercar la política a la gente y construir una nueva forma de gobernar.
Pero que con el paso del tiempo fue quedando atrapado entre anuncios grandilocuentes, decisiones difíciles de comprender y una creciente desconexión con los problemas cotidianos de los santacruceños.
La derrota electoral de octubre de 2025 no fue un episodio menor.
Fue un mensaje político contundente.
El espacio que conduce el gobernador obtuvo apenas alrededor del 15,4% de los votos y quedó sin representación propia en la Cámara de Diputados de la Nación.
La sociedad habló.
Y cuando la sociedad habla de manera tan clara, los gobiernos inteligentes escuchan.
Sin embargo, nada indica que el oficialismo haya realizado una autocrítica profunda ni que haya modificado sustancialmente el rumbo de su gestión.
Mientras la provincia enfrenta dificultades económicas, incertidumbre laboral y una preocupante falta de perspectivas, el Gobierno continúa actuando como si conservara intacto el respaldo político con el que llegó al poder.
Pero la realidad es otra.
Hoy la administración provincial aparece cada vez más aislada, con tensiones internas visibles, una coalición que muestra signos de desgaste y una conducción que parece haber perdido capacidad para interpretar el clima social.
En ese contexto pretende avanzar con una deuda de 600 millones de dólares.
Y ahí surge la pregunta inevitable.
Si el Gobierno no logró construir confianza política suficiente en la sociedad, ¿por qué debería recibir un cheque en blanco financiero?
Porque eso es exactamente lo que está en discusión.
No son solamente obras.
No son solamente números.
Es el futuro económico de Santa Cruz.
Es comprometer recursos provinciales durante años para financiar proyectos cuyos beneficios, en muchos casos, no garantizan por sí mismos los ingresos necesarios para afrontar una deuda de semejante magnitud.
La deuda se tomará en dólares.
Pero quienes la pagarán serán los santacruceños.
Y la pagarán independientemente de quién gobierne mañana.
Santa Cruz necesita obras.
Necesita inversión.
Necesita empleo
Necesita recuperar la confianza y volver a creer que el futuro puede ser mejor.
Lo que no necesita es que la política vuelva a confundir endeudamiento con gestión.
La Legislatura tiene la responsabilidad histórica de analizar esta propuesta sin presiones, sin consignas y sin obediencias automáticas.
Porque no se está votando una obra.
No se está votando un anuncio.
No se está votando una promesa.
Se está votando una deuda de 600 millones de dólares que deberán afrontar los santacruceños durante muchos años.
Y cuando una provincia atraviesa dificultades económicas, cuando los recursos que respaldarían esa deuda generan incertidumbre y cuando el gobierno que la impulsa ya recibió una clara señal de desgaste político por parte de la sociedad, la prudencia deja de ser una opción.
Se convierte en una obligación.
Claudio Vidal llegó al Gobierno prometiendo una transformación profunda para Santa Cruz. Hoy, frente a una provincia que reclama respuestas y no anuncios, debería demostrar que también es capaz de escuchar el mensaje de la realidad.
Porque gobernar no es acumular poder.
No es pedir cheques en blanco.
No es comprometer el futuro esperando que otros paguen la cuenta.
Gobernar es asumir responsabilidades.
Y, sobre todo, merecer la confianza de la sociedad todos los días y hoy no la tiene.