07/10/2026
*Alas*
El rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetreria para que los entrenara. Pasado unos meses, el instructor comunicó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente educado pero que al otro no sabía lo que le sucedía: no se había movido de la rama desde el día de su llegada al palacio, a tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí.
El rey mandó a llamar curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió.
Por la ventana de sus habitaciones, el monarca podía ver que el pájaro continuaba inmóvil. Publicó por fin un bando entre sus súbitos, y, a la mañana siguiente, vió al halcón volando ágilmente en los jardines.
Traedme al autor de ese milagro, dijo.
Enseguida le presentaron a un campesino.
¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago, acaso?
Entre feliz e intimidado, el hombrecito sólo explicó: No fue difícil, Su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dió cuenta que tenía alas y se largó a volar.
Esa es también la condición humana, si nos traen la comida, para que incomodarnos en salir a buscarla. Si estamos sobre la rama, no importa cuán linda o fea sea esta, nos acostumbramos al paisaje y no queremos volar, reducirmos la amplitud y lo incierto de la vida y ese pedacito "nuestro". Más vale malo conocido que bueno por conocer, como dice el refrán. A los padres que estamos en *Renacer*, también nos cortaron la rama, y la vida no nos dió la opción de elegir: ¿vuelo o no vuelo?
Simplemente tuvimos que aprender a volar, descubrir esa enorme fuerza del espiritu que no sabíamos que teníamos dentro nuestro y que aparece en los momentos en que más la necesitamos.
¿Es fácil? No, no es fácil, pero se puede, y eso hace que emprendamos la tarea difícil y hermosa de *re significar nuestras vidas*. Los nuevos paisaje que vamos descubriendo, no sin dolor, nos dan una vida nueva y distinta, más próxima a la que es real, esa que fluyen incesantemente y nunca para de cambiar y crearse a cada momento.
No elegimos perder hijos, podemos elegir qué hacer ante la pérdida. Como dice *Victor Frankl*, "no somos libres de, somos libres para". En este caso, no nos está dado elegir que nuestra vida sea en compañía de aquellos a quienes tanto amamos, pero podemos elegir ante su ausencia, cuando nos cortan la rama, quedarnos en el suelo sintiendo lástima por nuestra suerte o aprender a volar y enriquecernos en lo que nos quede de viaje. Pero cualquiera sea nuestra decisión, debe quedarnos claro que siempre *elegimos* y eso nos haces respondables de la elección.
Para terminar una cita:
*"Todos hemos nacido con alas. En tiempo de dificultad, despliégalas:*.
Kevin Meyers.