09/05/2017
EL MATE, LEYENDA Y MÁS
El historiador uruguayo Gonzalo Abella narra en “Nuestra Raíz Charrúa” el significado que tiene la infusión ritual del mate para los pueblos originarios, como vehículo de influencias que han hecho de la yerba mate un arbusto sagrado.
Dice Abella: “Según los ancianos, a través de las raíces de esta planta penetra y después sube por su tallo leñoso la sabiduría de los abuelos enterrados-sembrados, la memoria de los mu***os sabios de las antiguas generaciones.
La savia, sangre del vegetal, eleva esta memoria de los mu***os desde el suelo a las hojas altas de la planta. Por eso cada hoja desmenuzada para hacerse yerba mate es portadora de la memoria subterránea.
Esta memoria, al ser convocada por el agua vertida sobre ella, al ser succionada por los seres humanos en torno a una hoguera, brinda al grupo la iluminación espiritual que la comunidad
necesita.
Por ello de mano en mano circula el recipiente con la infusión sagrada. Porque si las raíces de la planta hurgaron en la memoria dormida, si la yerba mate ahora la ofrece para ser bebida, el agua vertida es principio y renovación de vida. El agua acorrala a la muerte, resucita la palabra que los mu***os soñaron.
El consumo ritual de la yerba mate tuvo y tiene muchas variantes. La más común es el consumo en la rueda de la comunidad, y para ello se calienta el agua sobre el fuego en una olla hecha de cueros cosidos y previamente humedecidos en el arroyo.
El agua ya entibiada se vierte en pequeñas cantidades sobre la calabaza llena de yerba, y a partir de la segunda vertida (la primera desaparece, “la beben los espíritus”) la calabaza con la cañita ahuecada para sorber va de mano en mano y todos van bebiendo de la infusión sagrada.
La yerba mate fue domesticada por los pueblos de la selva húmeda subtropical, hace más de diez mil años. Hace más de cuatro mil llegó a los pueblos de la pradera. En nuestra tierra, en la Sierra del Yerbal, por el arroyo del mismo nombre, y en zonas cercanas a la Quebrada de los Cuervos, existen relictos de milenarios cultivos de yerba mate adaptada a las heladas del clima templado de pradera, cultivos que hoy se han vuelto silvestres.
Todos los dibujos del siglo XVIII y del siglo XIX muestran a los charrúas tomando mate. El sentido ritual (y el contenido sagrado de la práctica de beberlo en colectivo) pasó al gaucho y a los afrodescendientes prófugos que se refugiaron entre los charrúas.
Los descendientes charrúas, aunque ya viven fuera de sus comunidades originarias, toman el mate de una manera particular, encorvándose sobre él, de cara al fogón, atrapando entre sus dos manos el recipiente, los ojos entrecerrados, en oración.
Jamás toman mate a la manera “urbana”, con termo bajo el brazo, desplazándose.”
LOS NEGROS TAMBIÉN
Esta circulación por un vegetal de una influencia intensamente significativa es propia también de los africanos, de modo que el rito indígena no debió serles incomprensible.
Por consiguiente, cuando adoptaron el mate como costumbre no habrá sido del mismo modo enteramente profano que las clases urbanas, que en el mejor de los casos lo encomian como propiciador de la amistad, de las “tradiciones” o del “criollismo”.
En Africa, y luego en América, los negros adoran los árboles, se ha dicho. Pero no es exactamente así. Para los africanos solo “Muntu” tiene inteligencia y puede ser objeto de adoración. Los árboles pueden ser una excepción aparente, pero porque son las vías por donde se expresan los antepasados,
que tienen la palabra (“mommo”) que deben recibir los vivos. No se trata de adoración de los árboles sino de la influencia que puede circular por algunos de ellos.
Los antepasados no viven pero existen. No son progenitores, lo que solo puede caber a los vivos, pero pueden infundir su poder creador. Los africanos conocen un universo de esencias puras, sintético, uno en sí mismo pero que puede diferenciarse en apariencia, que llaman Ntu. No es un dios ni recibe adoración. En él están contenidos de manera indiferenciada pero cognoscible para nosotros sus aspectos fundamentales, los “dioses”.
En Haití, ni Olorum ni Bon Dieu pueden ser objetos de culto. La “religión” de los africanos se dirige a otras personificaciones, a los antepasados fundamentalmente en la medida en que se puede apelar a su poder. Rogar a Ntu no tendría sentido, sería como pretender que para sacar adelante mi propósito reclamara una alteración de las leyes naturales.
Estos antepasados tienen una fuerza que puede crecer si muchas personas vivas la alimentan. Cuando llegaron los cristianos al Africa, cuando intentaron inculcarles el cristianismo
en América a los negros, éstos advirtieron que Jesús, por ejemplo, era reconocido por muchísimas personas. Debía tener entonces mucha fuerza, y lo incorporaron sin dudar junto a los demás orichas. Se “convirtieron” para satisfacción de los misioneros, hasta que éstos cayeron en la cuenta de lo que
había pasado.