04/04/2014
COMERSE AL CANÍBAL
La creciente cantidad de hechos de violencia vinculados a la delincuencia no puede justificar en ningún caso el linchamiento de una persona. Las sociedades modernas se diferencian de las primitivas principalmente a partir de la creación de los estados nacionales como únicos responsables de la represión al delito y la ejecución de justicia. Algunos sectores de la sociedad argentina se están asomando de manera acelerada al precipicio.
No se trata de negar la existencia de delitos o de hablar de sensación de inseguridad. Pero no hay ningún argumento, ni tampoco ningún intento de posicionamiento político de ningún sector, que pueda, por acción u omisión, justificar la aparición de esta suerte de tribunales populares que juzgan y condenan en una turba a ciudadanos que, si son delincuentes, tienen el derecho a un proceso judicial, al ejercicio de la defensa en juicio y las garantías constitucionales que los protegen.
La última solución viable para terminar con el canibalismo es comerse al caníbal. Deberían saberlo Mauricio Macri o Sergio Massa, porque tienen una responsabilidad central en el escenario de efervescencia por el que pasa por estos días la sociedad argentina.
Un homicidio o un intento de homicidio sólo puede ser condenado con todo el peso de la convicción, sin cortapisas y sin peros. Los dirigentes políticos y los medios de comunicación no pueden justificar la barbarie en la ausencia del Estado.
El primer paso del despropósito fue falsear un debate sobre un anteproyecto de reforma del Código Penal con el objetivo de utilizar el miedo como instrumento de impulso político. El daño en aquel caso se le hizo a la sensatez.
Cuando no se condenan los linchamientos de manera taxativa y se deja abierta la puerta a creer que se dan porque el Estado está ausente, el daño es mucho más grave. Tanto que cuesta vidas humanas.
Por Hernán Dearriba
COMERSE AL CANÍBAL
La creciente cantidad de hechos de violencia vinculados a la delincuencia no puede justificar en ningún caso el linchamiento de una persona. Las sociedades modernas se diferencian de las primitivas principalmente a partir de la creación de los estados nacionales como únicos responsables de la represión al delito y la ejecución de justicia. Algunos sectores de la sociedad argentina se están asomando de manera acelerada al precipicio.
No se trata de negar la existencia de delitos o de hablar de sensación de inseguridad. Pero no hay ningún argumento, ni tampoco ningún intento de posicionamiento político de ningún sector, que pueda, por acción u omisión, justificar la aparición de esta suerte de tribunales populares que juzgan y condenan en una turba a ciudadanos que, si son delincuentes, tienen el derecho a un proceso judicial, al ejercicio de la defensa en juicio y las garantías constitucionales que los protegen.
La última solución viable para terminar con el canibalismo es comerse al caníbal. Deberían saberlo Mauricio Macri o Sergio Massa, porque tienen una responsabilidad central en el escenario de efervescencia por el que pasa por estos días la sociedad argentina.
Un homicidio o un intento de homicidio sólo puede ser condenado con todo el peso de la convicción, sin cortapisas y sin peros. Los dirigentes políticos y los medios de comunicación no pueden justificar la barbarie en la ausencia del Estado.
El primer paso del despropósito fue falsear un debate sobre un anteproyecto de reforma del Código Penal con el objetivo de utilizar el miedo como instrumento de impulso político. El daño en aquel caso se le hizo a la sensatez.
Cuando no se condenan los linchamientos de manera taxativa y se deja abierta la puerta a creer que se dan porque el Estado está ausente, el daño es mucho más grave. Tanto que cuesta vidas humanas.
Por Hernán Dearriba