Muchos años de neoliberalismo que sumieron a nuestro país en el peor de los infiernos. Así empezó el principio del fin de esa larga y nefasta noche de la historia. Un nuevo sol empezó a asomar el 25 de mayo del 2003. Sin participación popular no hay movimiento nacional y sin movimiento nacional y popular no puede haber un proyecto nacional. Los proyectos de cambio son viables en función de las fue
rzas sociales y políticas que son capaces de convocar para la transformación. Se hace necesario entonces un movimiento que organice la esperanza, que rescate el valor de la unidad (superando la fragmentación del campo nacional y popular), que acompañe y amplifique las políticas del gobierno, que genere propuestas de cambio y se constituya como puente de ida y vuelta entre el Estado-Nacional y los más humildes. El movimiento que soñamos debe ser capaz de ser síntesis de las luchas de resistencia al modelo neoliberal y las construcciones políticas que no claudicaron en las banderas históricas, debe ser capaz de rescatar los actores y las prácticas históricas y actuales del movimiento obrero organizado en su lucha por la distribución de la riqueza, con un modelo de sindicalismo con un oído pegado a las necesidades del Pueblo y enmarcado en un proyecto nacional de liberación.