27/01/2026
Queridas alumnas:
Escribir estas palabras no es sencillo. Esta despedida no nace del deseo de irme, sino de la necesidad de ser honesta conmigo misma y cuidarme.
Quiero agradecerles profundamente cada momento compartido. Cada clase, cada risa, cada paso aprendido, cada inseguridad vencida y cada abrazo sincero. Durante mucho tiempo hicimos este trabajo con amor, compromiso y una enorme vocación. Pusimos el cuerpo y el corazón en cada clase y en cada encuentro, creyendo de verdad en el sentido del Programa de Recreación y Deportes para el Adulto Mayor.
Dentro de ese programa fui muy feliz. Fue un espacio sostenido desde el compañerismo, el respeto y el trabajo en equipo. Entre profes nos cuidamos, nos acompañamos y construimos juntas, con la convicción de que lo que hacíamos tenía valor. Ese clima humano, de apoyo y compromiso compartido, fue una parte fundamental de todo lo que se logró y de lo que hoy me llevo con profundo agradecimiento.
Fue también un espacio donde el baile, el disfrute y el encuentro tuvieron un valor real, pensado para acompañar, incluir y respetar a las personas adultas mayores como sujetas de derechos, con voz, con presencia y con dignidad. Sin embargo, el recorrido institucional no siempre acompañó ese mismo espíritu. Hubo situaciones que hicieron que el trabajo dejara de ser un lugar cuidado, y continuar en ese contexto ya no fue posible, aun cuando el deseo de seguir estuviera intacto. Dar un paso al costado fue una decisión necesaria para preservar la coherencia entre lo que se enseña y lo que se vive.
Quiero también que sepan que este cambio no me atraviesa solo a mí. En este momento, el equipo que compartió este recorrido también ha sido desafectado de esta área, por lo que varias profes que ustedes conocen y quieren ya no estarán presentes. Tampoco continuarán, por ahora, las coordinadoras, hasta que se puedan resolver ciertas situaciones. Lo nombro porque sé que los vínculos importan y porque muchas veces las ausencias generan preguntas.
Con el tiempo una también aprende que, aun cuando todo se haga con amor y entrega, no siempre alcanza. Que quienes sostenemos estos espacios no somos imprescindibles, que vamos y venimos más allá de todo lo construido. Comprender eso duele, pero también ordena y fortalece.
Quiero dejar también una reflexión desde el cuidado colectivo. Estos espacios se construyen pensando en acompañar distintas etapas de la vida, respetando tiempos, cuerpos y procesos diversos. Acompañarlos y sostenerlos es una forma de valorar el derecho de cada persona a participar, sentirse incluida y transitar el paso del tiempo con propuestas pensadas para ella.
Hoy cierro esta etapa dentro del Programa de Recreación y Deportes para el Adulto Mayor y de la Subsecretaría de Promoción y Protección para el Adulto Mayor. A partir de ahora continuaré mi camino laboral en otra área del municipio.
El baile, sin embargo, no se termina acá. Seguiré bailando y enseñando en espacios privados. Si en algún momento surge la posibilidad de reencontrarnos en ese formato, se conversará oportunamente con la gente del centro.
Tal vez, con el tiempo, escuchen distintas versiones o comentarios. Ojalá puedan quedarse con la experiencia compartida, con la profe que fui en cada clase, con el respeto, el cuidado y el amor con el que trabajé siempre. Ustedes me conocieron desde el cuerpo, desde la presencia y desde el vínculo, y eso vale más que cualquier palabra ajena. Saben que tienen mi teléfono y que pueden seguir comunicándose conmigo. La verdad no necesita apurarse: siempre encuentra la manera de salir a la luz.
Me llevo lo mejor de ustedes: su alegría, su compromiso, su valentía para animarse y la certeza de que el movimiento transforma y sana.
Ojalá nunca dejen de hacerse escuchar, de preguntar, de cuidar lo que es de ustedes. Porque cuando la voz se mantiene viva, los derechos también.
Con mucho amor.
Profe vale