Rescatando nuestra historia

Rescatando nuestra historia Esta página tiene como objetivo recuperar la historia de la ciudad,sus instituciones y personas que trabajaron por y para el bien común

Club Sarmiento:“Unos años antes de la fundación del Club Sarmiento, la práctica del fútbol en Pigüé tuvo una breve pero ...
02/09/2026

Club Sarmiento:
“Unos años antes de la fundación del Club Sarmiento, la práctica del fútbol en Pigüé tuvo una breve pero rica historia que sirvió de base fundamental para el nacimiento de esta institución.
El fútbol llegó a la Argentina a fines del siglo XIX y a principios del siglo XX se abrió un proceso de expansión del deporte con la creación de cientos de clubes que permitieron el ingreso masivo de las clases populares a la práctica del juego. Durante este proceso se creó en nuestra ciudad, en el año 1903, el “Pigüé Athletic Club”, cuya finalidad principal era la práctica del fútbol, esgrima, atletismo y realizar periódicamente tertulias y bailes que congregaba a lo más selecto y sociable del pequeño pueblo. De esta forma, el “Pigüé Athletic Club” fue la primera institución que practicó seriamente el fútbol en Pigüé. Todos los domingos se hacían las prácticas en el campo de juego situado en la manzana 95 del trazado de Pigüé, al lado sud del Hospital de Caridad. Bajo la dirección de Gustavo Bardot y Vicente Ferraz, se formaron dos equipos que jugaban entre sí y constituían una atracción para los pocos aficionados con que a la fecha contaba el incipiente deporte. Se dice que en las primeras prácticas intervenían ocho, diez y hasta quince jugadores por bando, donde no importaba el reglamento, sino que la cuestión era patear y aprender a jugar.
Según los relatos de la época, era común ver desde temprano a los jugadores uniformados, con las canilleras sobre las medias, casquete y visera, paseando por las calles o en las confiterías del pueblo, ya que, para ese entonces, no era pequeño honor ser jugador de fútbol, y, sobre todo, vestir la camiseta del club y el pantalón corto.
Las crónicas tituladas “Recuerdos de un Deportista”, publicadas en el semanario “el Orden” entre noviembre de 1939 y febrero de 1940, relatan que una vez, “los muchachos del Athletic quisieron llevar la novedad del fútbol a Arroyo Corto y cargaron sobre una Villalonga (carruaje de dos ejes) los seis maderos que constituyen ambos arcos, los plantaron en un baldío, haciendo por primera vez en aquel pueblo una demostración de fútbol”.
El año 1904 fue un período de expansión para el fútbol argentino, debido a la llegada del poderoso equipo inglés del Southampton a Buenos Aires, que despertó en todo el país un vivo interés por el deporte. A partir de entonces, algunos equipos de la Capital, empezaron a salir al interior a difundir la práctica del fútbol y enseñar en algo las valiosas e interesantes lecciones recibidas de los británicos.
El “Pigüé Athletic Club” consiguió acercar a Pigüé un conjunto integrado por empleados de F. C. Sud, británicos en su mayoría y muchos de los cuales militaban en las primeras divisiones de los equipos de la Asociación Argentina de entonces. La llegada de esos jugadores constituyó en Pigüé todo un acontecimiento y se brindó a los viajeros toda clase de atenciones, paseos a las sierras, asados, bailes, disputándose dos partidos en los que los pigüenses recibieron grandes enseñanzas.
En 1907, el Pigüé Athletic Club se disolvió y la práctica del fútbol en nuestra ciudad sufrió una larga interrupción. Dos años después el Ferrocarril del Sud inició la construcción de su ramal de Pigüé a General Alvear y con ese motivo se radicó en nuestra ciudad, en forma temporaria, un grupo de numerosos empleados de la empresa, donde se encontraban varios ingenieros ayudantes-británicos en su totalidad-que jugaban al fútbol. Es así como entre el personal de la construcción, se organizó un equipo de fútbol que practicaban en el terreno del Tiro Federal. Sin embargo, al poco tiempo y a raíz del traslado de alguno de sus integrantes, se fue disolviendo el flamante “team de la Construcción”, como se lo denominaba por entonces. Transcurrieron cerca de tres años sin que nadie se acordara del fútbol, hasta que se fundó el Foot Ball Club Pigüé, en agosto de 1912. El nacimiento de esta nueva institución deportiva despertó en el pueblo un gran interés por el deporte, y un mes después, el 2 de septiembre de 1912, se fundó el Foot Ball Club Sarmiento.
Club Sarmiento:
La historia del club se inició en el domicilio de los Gayraud, lugar donde un grupo de jóvenes comenzaron periódicamente a reunirse con la intención de formar una nueva agrupación de fútbol en la ciudad de Pigüé. Es así como el 2 de septiembre de 1912, en el comercio de Don José Pedro Gayraud, situado sobre calle Sarmiento y Av. Mitre, quedaron sentadas las bases de esta nueva institución que se denominó en un primer momento Team Colorado Pueblo Nuevo, y luego, a pocas semanas, pasó a llamarse Foot Ball Club Sarmiento.
El motivo de la elección de este nombre tiene dos explicaciones que han circulado a lo largo de la historia: por un lado, se dice que fue en homenaje al prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento, y por el otro se argumenta que se eligió haciendo referencia al nombre de una de las calles donde estaba ubicado el local comercial en que se realizó la fundación del club.
Primera Comisión Directiva:
Presidente: Juan Cazaux; vicepresidente: Celestino Cazaux; secretario: Serapio del Castillo; tesorero: José Santichio; vocales: Enrique Gayraud, Pedro Lafranchi, Jesús Pérez, Nazareno Vesprini.
También participaron Nazareno Gentile, Bautista Mutti, Carlos Cerutti, Antonio Poletto, Bernardo Ochoa, Francisco Amadio, Silverio Ayoroa, Adolfo Cingolani, Gabriel Guzmán, Ginés González, Pedro Castoldi, Francisco Greco, Agustín Fermani, Pedro Narváez y Teófilo Souladié, quienes, sin formar parte de la Comisión, aportaron al nacimiento del club.
Sedes:
La adquisición de una sede propia fue el sueño que persiguieron las primeras comisiones directivas que administraron el club desde sus comienzos. A tal efecto, se constituyeron subcomisiones “pro sede social” que trabajaron con ese propósito y presentaron a los directivos varias propuestas y ofertas de terrenos y edificaciones a lo largo de los primeros años. Pero a pesar de este intenso trabajo, recién en el año 1957 la entidad dispuso la compra de un viejo edificio sobre la calle San Martín, frente a la plaza Sarmiento. Inmediatamente se comenzó a estudiar un proyecto para la construcción de un salón, planta alta y dependencias interiores y en ese lapso se presentó la oportunidad de adquirir una antigua edificación en muy buen estado de conservación, situada en la Av. Mitre 166. Previo a un mensurado estudio y consultas a viejos asociados de la entidad, finalmente se aceptó la propuesta y se concretó la compra en $650.000, precio que en ese entonces resultaba muy conveniente.
Fue así que el club pasó a ocupar como sede social propia el actual edificio, cediendo una parte del mismo a la “Biblioteca Popular Sarmiento” para que ésta pueda desarrollar su labor educativa y cultural.
El club ha realizado a lo largo de los años importantes mejoras, entre las que se destaca la construcción del gimnasio en el año 1981, posteriormente denominado, en 1987, Rodolfo Gayraud, que se convirtió en uno de los salones más importantes con que cuenta nuestra ciudad.
Campos de deporte:
La entidad tuvo tres campos de deportes: el primero estuvo en un baldío situado frente al actual Hospital Municipal, luego se compartió con Foot Ball Club Pigüé el terreno municipal frente a la Parroquia Nuestra Señora de Luján- en lo que en la actualidad es la Plaza San Martín-, y finalmente, en el año 1927 se comenzó a alquilar el actual campo de juego situado sobre la Av. Casey, el cual fue adquirido en forma definitiva en agosto de 1943. De esta forma cuenta hoy con un campo de juego de casi 5 hectáreas, que poco a poco se fue mejorando con distintas construcciones. Entre ellas se destacan: los vestuarios, el túnel de entrada a la cancha principal, las tribunas para más de 1500 espectadores, alambrado olímpico, cancha auxiliar con iluminación artificial, cancha de tenis, sanitarios para los aficionados, remodelación de la fachada, etc.
Presidentes a lo largo de la historia: Juan Cazaux: 1912-1913-Mario Trech: 1914-1915-Pascual Cima: 1916-1917-José Luis Gayraud: 1918-1937-Andrés González: 1938-1961-Eduardo Gayraud: 1961-1991/ 1993-1995-Carlos Álvarez: 1991-1993-Eduardo Fontanazza: 1996-1998/2004-2006-Carlos Mercuri: 1998-2004-Claudio González: 2006-2008-Roberto Notararigo: 2008-2012-Juan Pedro Martinoya: 2012-2018-Hugo Caldera: 2019-2021/2021-2024-Fabián Palma: 2024 hasta octubre de 2026.
Los primeros partidos:
A poco de su nacimiento, el Foot Ball Club Sarmiento comenzó a jugar sus primeros partidos de fútbol, siendo su principal rival el Foot Ball Club Pigüé, que en ese entonces era la otra institución deportiva que existía en nuestra ciudad, que practicaba ese deporte.
A fines de 1912 ambos clubes se enfrentaron en dos partidos que se jugaron en la Plaza San Martín, uno el 28 de septiembre y otro el 2 de noviembre en donde se disputaron una medalla de plata donada por la Comisión de Fiestas del 20 de Septiembre. Las crónicas de la época destacan que “el partido resultó reñido, demostrando ambos bandos deseos de no resultar vencidos en la prueba. El desarrollo del juego entre los dos team fue bastante parejo y por más esfuerzos que se hicieran unos a otros, el partido terminó sin adjudicarse ninguno de los dos la victoria”.
En estos primeros encuentros defendieron los colores de Sarmiento: Gabino Ayoroa, Domingo Álvarez y Eusebio Barrera; Antonio Moggia, Enrique Gayraud y Argentino Partemi; Lalo Acosta, José Luis Gayraud, Isidoro Bouissou, Francisco Mutti y Víctor Acosta. Actuaba como réferi Nazareno Vesprini (integrante de la Comisión Directiva del club), quien, según las crónicas “demostró la mejor buena voluntad, pero en cambio, un desconocimiento absoluto del juego y del reglamento”.
Durante los primeros clásicos el Foot Ball Club Pigüé demostró una leve superioridad con respecto al Club Sarmiento, manteniéndose durante algún tiempo invicto frente a este último, lo que le valió la simpatía de la gran mayoría de la población. Sin embargo, Sarmiento fue preparando un equipo que, años más tarde, sería considerado como lo mejor que había actuado en la zona, superando ampliamente a su antiguo oponente.
Entre 1912 y 1914 jugó asimismo interesantes partidos con grandes equipos de la zona, entre los que pueden destacarse el Club Independiente de Bolívar, Club Arte y Sport de Saavedra y equipos de Puan y Coronel Suárez, entre otros.
A fines de 1914 se interrumpió la práctica del deporte debido a varios accidentes ocurridos dentro de la cancha, en los que resultaron heridos algunos jugadores. Estos desgraciados acontecimientos enfriaron el entusiasmo de los aficionados y, durante casi dos años, no hubo partidos de fútbol en nuestra ciudad. El interés decayó por completo, al extremo de que ambos clubes se mantuvieron inactivos y estuvieron al borde de la disolución.
En 1916 se reanudó el fútbol en la ciudad y comenzó a jugarse con mayor calidad y entusiasmo. Tanto el Club Sarmiento como el Foot Ball Club Pigüé formaron equipos de relativo poder, que brindaron partidos de gran emoción al público que concurría masivamente a los encuentros.
Durante estos años Sarmiento disputó partidos con todos los clubes de los pueblos vecinos y midieron fuerzas además con poderosos equipos de Buenos Aires, Bahía Blanca, Bolívar, Azul, Olavarría y otras ciudades, colocando al deporte pigüense en lo más alto del fútbol regional.
En el año 1938 ingresó a la Liga Regional de Fútbol de Coronel Suárez, y en 1944, obtuvo su primer título de campeón. A partir de entonces, sumó nuevas conquistas en 1945, 1946, 1947, 1955, 1957, 1958, 1959, 1960, 1963, 1966, 1969, 1973, 1978, 1979, 1981, 1982, 1988, 1989, 1991, 1996, 2004, 2007, 2017 y 2025.
A lo largo de su rica historia deportiva, el Club Sarmiento se ha consolidado como una de las entidades más destacadas del fútbol regional. Ostenta el honor de ser el máximo campeón histórico de la Liga Regional de Fútbol de Coronel Suárez, con un total de 25 conquistas en Primera División. Entre sus hitos más recordados por la parcialidad se destaca el histórico tricampeonato obtenido en los años 1944, 1945 y 1946. Este recorrido, signado por los logros deportivos y el crecimiento sostenido, ha sido posible gracias al compromiso y la dedicación de sus dirigentes a lo largo de las generaciones.
¡Muy feliz 114º aniversario Club Sarmiento!
Fuente:
“Sarmiento. Cien años de historia, pasión y gloria”. Pigüé, 2012.
Prof. María de Luján Tanco.

Jardín de Infantes N.º 906 «John Fitzgerald Kennedy»:Hacia el año 1965, la ciudad de Pigüé contaba con una única institu...
30/08/2026

Jardín de Infantes N.º 906 «John Fitzgerald Kennedy»:
Hacia el año 1965, la ciudad de Pigüé contaba con una única institución destinada a la Educación Inicial. Ante este panorama, un grupo de vecinos, junto con la docente Nelly Ruggeri, vislumbraron la necesidad imperiosa de fundar un nuevo jardín de infantes en un sector alejado del radio céntrico: el barrio “Pueblo Nuevo”. La respuesta comunitaria fue inmediata, registrándose una inscripción inicial de sesenta alumnos que fueron distribuidos en tres secciones. El establecimiento fue creado oficialmente el 20 de agosto de 1965 bajo la Resolución Ministerial N.º 006005, e inició sus actividades el 30 de agosto de ese mismo año. Su denominación, «John Fitzgerald Kennedy», surgió de una votación popular efectuada por los vecinos en el marco de la Exposición Rural de Coronel Suárez.
La primera comisión pro-jardín estuvo integrada por los vecinos Juan Pablo Garat, Jaime J. J. Bru, Liliana K. de Bru, Eduardo Martínez, Luis Barba, Oscar Soulier, Mary Fleury de Soulier y Margarita P. de Alric, contando con Nelly Ruggeri como su primera directora. El cuerpo docente fundacional de 1965 se conformó con Elsa Francesconi, María del Pilar Sola, Noemí Camaly y Hermelinda Bellomo de Garat; a quienes se sumaron Nora Díaz de Martínez como profesora de música, Nora Alazard de Biasoli como preceptora (con la suplencia de Norma García) y María Rosa Guardese de Mastrotta en el rol de auxiliar. En los actos oficiales, la primera insignia patria fue portada por el alumno Daniel Vismara, designado como primer abanderado. Asimismo, la institución contó desde sus albores con el padrinazgo del diputado Juan Larralde —representado luego por su hija, Teresa L. de Martinoya—, el Club Sarmiento, el Personal Civil del Batallón N.º 181 (BAL Pigüé) y la Embajada de los Estados Unidos.
El arraigo definitivo de la institución se consolidó gracias al invaluable apoyo del Club Sarmiento, entidad que financió con un millón de pesos la adquisición de una antigua casona edificada en 1925, ubicada en la calle Alem 795. El inmueble poseía una superficie total de más de 1500 metros cuadrados y un destacado parque compuesto por robles, castaños, nogales, magnolias y la araucaria más antigua de la localidad. Para concretar la escrituración con los sucesores de Blas Muñoz, la comisión recurrió a un préstamo de la Caja de Crédito Pigüé —cooperativa caracterizada por su constante respaldo a los proyectos locales—, donde los propios miembros de la cooperadora firmaron como garantes; dicho importe fue reintegrado tiempo después por el Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires. Tras el reacondicionamiento edilicio, la inauguración oficial se celebró con una masiva fiesta comunitaria el 30 de noviembre de 1965.
Los inicios del servicio educativo demandaron una labor titánica por parte de los directivos y de aquellas primeras maestras que, impulsadas por el entusiasmo, suplieron la falta de títulos específicos en la especialidad. En una época donde el nivel inicial no era percibido socialmente como una necesidad pedagógica, el personal docente y las preceptoras debieron recorrer a pie las manzanas del barrio para convencer a las familias y buscar a los alumnos. Además, las calles de tierra y la ausencia de transportes escolares complejizaban la asistencia en los días lluviosos. A pesar de las adversidades, el jardín se integró profundamente a la vida barrial a través de la activa participación de los padres y de las tradicionales kermeses de fin de año, las cuales culminaban con bailes populares sobre la calzada pública.
El 14 de mayo de 1966, la comisión pro-jardín cesó sus funciones para dar paso a la primera Asociación Cooperadora oficial. La misma quedó presidida por Juan Luis Benestante, acompañado por Max Metzler (vicepresidente), Mary Fleury de Soulier (tesorera), Margarita P. de Alric (protesorera), Alfredo Mazars, José Hilario Caioni, Elio José Roberti y Rodolfo Antonio Villalba (vocales), Jorge Mas y Federico Adriazola (vocales suplentes), junto a Nilda C. de Barba y Nora Alazard (revisoras de cuentas), bajo la asesoría permanente de Nelly Ruggeri. Con el devenir de las décadas, la fisonomía del barrio y del establecimiento se transformó radicalmente gracias al progreso urbano. La construcción del cordón cuneta, la llegada del pavimento y la posterior instalación de las redes de agua corriente, cloacas y gas natural elevaron sustancialmente la calidad de vida de la comunidad. Asimismo, la identidad institucional sumó hitos al calendario social del pueblo. Muestra de ello eran las celebraciones por el Día del Niño, que incluían la tradicional suelta de globos en el Parque Municipal. Con el tiempo, esta actividad se trasladó a las instalaciones del Aero Club Pigüé, donde, desde hace algunos años, se realizan barrileteadas.
A lo largo de estas décadas de constante crecimiento, la consolidación de la propuesta pedagógica y el cuidado de las infancias fue posible gracias al valioso e indiscutido paso de directivos, docentes y auxiliares. En la conducción institucional, el jardín estuvo a cargo de las directoras Marta García, Marta Peters y Elsa Kloberdans. Las aulas contaron con el compromiso de un cuerpo docente integrado por Nilda Osimi, Cristina Salvador, Stella Maris Castreccini, Norma Alet, Aracely Savy, Nora Alazard, Nancy Safontás, Gilda Curzi, Miriam Phillip, Vilma Mas, Mabel Táccari, Liliana Candal, Mariel Ganeau, Elsa Farre, Amelia Diaz, Ana María Frayssignes, Liliana Serini, Mabel Heim, Cristina Zapata, Marcela Miño, Paula Di Sarli, Mirta Maurel, Norma Rodríguez, María Gerke, Alejandra Garmendia, Claudia Lecomte y Miriam Putallaz. A su vez, el funcionamiento diario se apoyó firmemente en su personal auxiliar, destacándose la labor de Graciela Lares, Marta Visconti y Juana Ojeda.
Hoy, el Jardín N.º 906 continúa su labor pedagógica adaptado a los requerimientos actuales, albergando diariamente en sus salas a niños de dos a cinco años de edad y consolidándose como un pilar fundamental en la educación inicial de la comunidad.
El equipo directivo actual está integrado por la directora Inés Maldonado y la vicedirectora Guillermina Zapata.
En el turno mañana, el cuerpo docente está conformado por Sandra Maier, Yanel González, Analía Hirles, Celeste Grenada, Belén Monterubianessi y Paula González, junto a las preceptoras Verónica Frayssinet, Miriam Galbarino y Soledad Granada. El turno tarde cuenta con las docentes Leticia Villalba, Micaela Paz, Carolina Hecht, Claudia Tejeda y Gabriela Fernández, y las preceptoras Dianela Sánchez, Erica Bruguiere y Daniela Leonchuk.
Los profesores de áreas especiales son Marianela Ojeda, Emanuel Rodríguez y Santiago Cayssials en Educación Física; Melisa Banchi en Música, y Fiorela Hernández en Teatro. Por su parte, el Equipo de Orientación Escolar está constituido por la orientadora social Nerina García, la orientadora educacional Natalia Martínez y la fonoaudióloga Natacha Jara. El equipo institucional se completa con el personal auxiliar: María de los Ángeles Vasallos, Maximiliano Huerta, Irene Herling, María de los Ángeles Parayre y Gisella Bernadi.
¡Muy feliz 61.º aniversario, Jardín de Infantes N.º 906 «John Fitzgerald Kennedy»!
Fuentes:
Publicación trisemanal "El Argentino", años 1965 y 1966. Pigüé, 1965-1966.
Material y fotografías: gentileza de Marta García, Elsa Kloberdans, Nancy Safontás e Inés Maldonado.
Prof. María de Luján Tanco.

26/08/2026

Hernán Safontás: un valioso elemento auxiliar para autos ha sido inventado.
El señor Hernán Safontás es un experto mecánico de Dufaur, que aparte de las tareas rutinarias, ha hallado tiempo para dedicarlo al estudio y la investigación de esa técnica. Producto precisamente de sus ideales de superación, ha sido el invento que le pertenece denominado “Cajas Valvulares Saburg”, de aplicación en el motor de todo tipo de vehículos, con la finalidad de obtener un mayor rendimiento de tracción, evitar desgastes de piezas vitales y lograr positivas economías de combustibles y lubricantes.
Dicho accesorio, patente argentina N° 101.713, va adosado a la bomba de nafta y constituye una especie de válvula auxiliar que hace trabajar mejor a la bomba en días sumamente calurosos y/o cuando el motor acciona a temperaturas anormales. No permite en momento alguno que el combustible se volatilice y falle el funcionamiento de la unidad al no ser alimentado normalmente el carburador. De esa manera, la válvula Saburg realiza una acción de poner pues el perfecto cierre valvular que se consigue, hace factible el succionamiento integral del diafragma, desapareciendo, por lo tanto, toda posibilidad de deficiencias en los automotores cuando se producen recalentamientos.
Por otra parte, la experimentación efectuada se ha encargado de ratificar las bondades del Saburg. Una bomba común a 80 grados de temperatura se apuna y solo impulsa nafta volatilizada. En cambio, merced al invento de Safontás, con 95 a 100 grados de temperatura bombea en forma suficiente para nutrir al carburador, cosa prácticamente imposible de obtener a semejante temperatura, con una bomba normal.
Como ya hemos expresado, las Cajas Valvulares Saburg, han sido patentadas en nuestro país, teniendo el propósito el señor Safontas de realizar igual gestión en los Estados Unidos, a los efectos de ampliar el radio de sus actividades, toda vez que el implemento de su invención ha merecido una sorprendente acogida en las esferas vinculadas a la industria del automotor, aprestándose, además a encarar su fabricación en gran escala.
Fuente:
Material gentileza de Nancy Safontás.
Prof. María de Luján Tanco.

Hernán Safontás: pionero del automovilismo regional.Hernán Safontás se consolidó como uno de los grandes pioneros del au...
26/08/2026

Hernán Safontás: pionero del automovilismo regional.
Hernán Safontás se consolidó como uno de los grandes pioneros del automovilismo regional al iniciar su trayectoria en 1947, una época dorada y de profunda audacia para el deporte mecánico. En aquellos años, los pilotos desafiaban el destino a bordo de precarios Ford T, compitiendo en rústicos caminos de tierra o en circuitos improvisados que se delineaban entre los pastizales de los campos de la región.
A lo largo de su carrera, cosechó numerosos triunfos en los campeonatos zonales. Su hito más destacado a nivel nacional tuvo lugar en las célebres Mil Millas de los Ford T, disputadas en la localidad de Bell Ville, provincia de Córdoba. Sin embargo, tras esa notable participación, un problema de salud de su mecánico y amigo lo obligó a alejarse temporalmente de las pistas.
Su retiro generó mitos en el ambiente automovilístico, una picardía que el propio Safontás recordaba años después entre risas: «Se rumoreaba que había dejado porque me habían descubierto la "mula" —en referencia a una trampa en el vehículo—, entonces volví ocho años después, salí campeón y ya me retiré definitivamente».
A sus 87 años, el recordado piloto conservaba intacta la memoria de aquellas intensas jornadas de velocidad y adrenalina. Se remontaba a los tiempos de aceleración con la misma nitidez y precisión con la que corría en su juventud, adivinando los trazados históricos entre las densas nubes de polvo de la región.
Nacido el 31 de marzo de 1921 en la localidad de Arroyo Corto, Hernán Safontás se radicó en Dufaur a los 22 años. En ese destino rural, su familia adquirió un almacén de ramos generales que incluía la representación de la agencia Esso y la empresa de transportes La Internacional. Fue en ese entorno comercial y de constante contacto con los vehículos de la firma donde nació su pasión por los motores, iniciándose en las tradicionales «picadas» informales de la juventud de la época. En ese mismo periodo consolidó su amistad con Emilio L'Hoste, quien más tarde se convertiría en su socio y mecánico en el taller, encargándose de la preparación de los autos de carrera.
El debut oficial de Safontás en el automovilismo tuvo lugar en 1947, durante la histórica primera carrera organizada en Goyena. Para competir, los jóvenes entusiastas adquirieron un precario Ford T en Tres Picos por la suma de 150 pesos. Tras desmantelar la carrocería original para reducir el peso y optimizar el rendimiento del motor —que de fábrica apenas alcanzaba los 60 km/h—, el piloto logró un sorprendente segundo puesto tanto en la serie como en la final. Aquellas competencias primitivas se desarrollaban en circuitos improvisados sobre campos privados, sin riego artificial, donde la visibilidad era nula debido a las densas nubes de polvo, y donde las medidas de seguridad actuales, como cascos o cinturones de sujeción, eran inexistentes.
Con el tiempo, Safontás consolidó su prestigio en las pistas de la región al comandar su legendario Ford T identificado con el N.º 48. A bordo de esta unidad, se alzó con la victoria en los circuitos trazados con maquinaria vial en los campos de Pigüé, Puan y Médanos. A pesar de los triunfos y de que los vehículos alcanzaban velocidades máximas cercanas a los 167 km/h, la actividad revestía un peligro extremo; el propio piloto recordaba la precariedad de la época, marcada por el trágico fallecimiento de tres corredores contemporáneos y por incidentes severos, como las decapitaciones de alambrados linderos a las pistas. En una oportunidad, en el circuito de Villa Iris, el radiador con rosca Bugatti de su Ford T le salvó la vida al cortar los hilos de acero de una cerca tras despistarse por la falta de antiparras adecuadas.
Tras su destacada incursión en la provincia de Córdoba, Safontás coronó su campaña deportiva al consagrarse campeón en el exigente certamen de nueve fechas de Coronel Suárez. En este campeonato, su rendimiento constante despertó sospechas de supuestas irregularidades técnicas («mulas») por parte de sus competidores. Sin embargo, el secreto de su éxito radicaba en una estrategia mecánica tan simple como efectiva: a diferencia de sus rivales, que aumentaban la compresión de los motores perdiendo rendimiento hacia el final de la carrera, Safontás mantenía una configuración estándar que le permitía conservar la potencia intacta y avanzar posiciones de manera progresiva desde el fondo de la grilla hasta la bandera a cuadros.
El verdadero secreto del notable rendimiento del Ford T N.º 48 no residía en sofisticados sistemas importados, sino en la inventiva y audacia mecánica del propio Hernán Safontás. En una época donde las sospechas de los rivales apuntaban a la supuesta instalación de una sobremarcha hidráulica, la ventaja competitiva real se encontraba en el volante de inercia del motor. Mientras que la pieza original de fábrica pesaba 15 kilogramos, Safontás realizó diversas pruebas de tornería hasta reducirla a una estructura triangular de apenas 1,6 kilogramos. Esta drástica reducción de peso le otorgaba al vehículo una aceleración y un poder de reacción («pique») letales, permitiéndole alcanzar la velocidad máxima de manera casi inmediata frente a sus competidores.
Las constantes e infundadas denuncias de los rivales, quienes exigían reiteradas revisiones técnicas a la transmisión del coche, motivaron una célebre picardía por parte del piloto. Cansado de los cuestionamientos en los boxes de la región, Safontás diseñó un nuevo volante redondo en el cual inscribió una frase de tono humorístico y desafiante, dirigida exclusivamente a los inspectores de la categoría. La reglamentación de la época establecía que la transmisión era de preparación libre; sin embargo, el celo de los comisarios deportivos de Coronel Suárez los llevó a desarmar el motor tras la carrera de Pigüé en 1961. Al descubrir el mensaje oculto, las autoridades consideraron el texto como una ofensa institucional, lo que derivó en una sanción y posterior suspensión por razones disciplinarias.
Aquella polémica asamblea de 1961 coincidió, paradójicamente, con la máxima gloria deportiva de Safontás, quien se consagró campeón de la temporada tras escoltar al piloto Novack en la última competencia en Pigüé. Este título significó además una revancha personal para el corredor. A mediados de la década de 1950, Safontás se había visto obligado a un extenso receso de ocho años debido a desarreglos organizativos con los premios, su posterior radicación en Pigüé en 1955 y, fundamentalmente, por los severos problemas de salud de su socio y preparador Emilio L'Hoste. Durante ese período de inactividad, los rumores del ambiente automovilístico señalaban falsamente que su retiro se debía al descubrimiento de anomalías en el auto. Para acallar las versiones, el piloto recuperó el Ford T N.º 48 y regresó a las pistas casi una década después con la misma unidad.
La carrera de su regreso histórico evidenció su vigencia en el volante. Tras una accidentada largada provocada por la desatención de un banderillero, Safontás quedó relegado a la última posición del pelotón en un circuito mixto de tierra y asfalto. A lo largo de las 18 vueltas reglamentarias, inició una remontada memorable que lo ubicó en el tercer puesto. En el giro final, tras superar a Novack mediante una arriesgada maniobra por la zona de alcantarillas, cruzó la línea de meta con una ventaja de un minuto sobre su inmediato perseguidor, demostrando la superioridad indiscutida de su planta motriz.
Con el número uno pintado en sus laterales y superando los 40 años de edad, Hernán Safontás se retiró definitivamente de la práctica activa del automovilismo para abocarse a la actividad comercial y a la pesca deportiva. Dejó como legado una filosofía de manejo basada en la estrategia, el estudio previo de los trazados con vehículos particulares y una destreza técnica excepcional que marcó una era dorada en los circuitos del sur bonaerense.
Tras su retiro de las pistas en 1961, Hernán Safontás se afincó definitivamente en la ciudad de Pigüé, donde expandió su actividad comercial orientada a la venta y reparación de acumuladores eléctricos, alejándose de manera definitiva de la práctica activa del deporte motor. Su trayectoria, no obstante, dejó una huella imborrable, forjando las bases del automovilismo regional en una era romántica donde el coraje, la destreza conductiva y el ingenio de taller prevalecían por sobre cualquier recurso económico o tecnológico.
El éxito de su bólido de competición, que registraba un peso total de apenas 580 kilogramos con el piloto a bordo, se sustentaba en una refinada e ingeniosa combinación de componentes mecánicos de diversas marcas y épocas. La planta motriz utilizaba un block de Ford T modelo 1927 con cigüeñal de fábrica y árbol de levas original. La alimentación estaba a cargo de dos carburadores Holley de 43 milímetros de diámetro, mientras que el sistema de encendido empleaba un distribuidor de Ford V8. Para optimizar la refrigeración y permitir que el motor alcanzara un régimen máximo de 3500 revoluciones por minuto, se adaptó una tapa de cilindros de Ford T de 1918 junto con una bomba de agua de Ford V8 y un histórico radiador Bugatti de 1924. El chasis mantenía las medidas del Ford T, con una distancia de 2,25 metros entre ejes y trochas de 1,35 metros adelante y 1,28 metros atrás, complementado con un sistema de dirección Fiat y ruedas pertenecientes a un Ford A.
Dentro de su historial deportivo, la competencia más exigente de su carrera tuvo lugar en las célebres Mil Millas de Bell Ville, organizadas con motivo del premio Cincuentenario de la empresa Ford. En aquella extenuante prueba de cinco etapas que exigía carrocerías originales, el piloto —por entonces radicado en Dufaur— presentó una unidad modelo 1927 que fue galardonada con el premio al auto mejor presentado. La carrera, disputada por 86 máquinas sobre caminos de tierra, se transformó en una verdadera epopeya debido a un temporal que descargó 150 milímetros de lluvia. Durante la primera etapa, el barro rompió un elástico del vehículo y retrasó al binomio. En la segunda jornada, iniciaron una remontada de once posiciones con el radiador obstruido por el fango y una visibilidad nula, al punto de que Safontás operaba los pedales mientras su acompañante guiaba el volante. Tras considerar el abandono en las cercanías de Río Cuarto, los corredores decidieron continuar la travesía. Mientras la mayoría de las dotaciones requería auxilio mecánico, la dupla de Dufaur realizó reparaciones nocturnas a la luz de un farol Petromax y logró completar las rectas y cruces ferroviarios de la etapa final de 400 kilómetros sin recibir remolque alguno, alcanzando un histórico octavo puesto en la clasificación general.
Los triunfos locales también jalonaron su campaña. En 1953, Safontás se adjudicó el Gran Premio Aniversario organizado por el Club Blanco y Negro en Coronel Suárez, una competencia urbana trazada sobre avenidas y calles públicas. Completó las diez vueltas reglamentarias del circuito de 24 kilómetros en un tiempo de 2 horas, 49 minutos y 24 segundos, registrando un promedio de velocidad de 91 km/h. Su pericia técnica también le permitió sortear las exigencias de los comisarios deportivos en Bahía Blanca quienes, ante la falta de frenos convencionales en el Ford T, autorizaron su participación luego de que el piloto demostrara que la unidad lograba detenerse con eficacia utilizando la primera marcha y la reversa de la transmisión.
Aquella regularidad conductiva y su audacia ante las inclemencias del tiempo y del terreno coronaron su primera gran época dorada, consagrándose campeón de la provincia de Buenos Aires en la categoría Ford T en el año 1953 con un total de 70 puntos, un hito que repetiría ocho años más tarde antes de sellar su retiro definitivo como una leyenda del automovilismo del sur bonaerense.
En el plano personal, Hernán Safontás contrajo matrimonio con Leticia Inés Burg, unión de la cual nació su hija, Nancy. Tras una vida dedicada al trabajo comercial, el arraigo comunitario y el desarrollo del deporte motor regional, el recordado piloto falleció en la ciudad de Pigüé el 25 de mayo de 2013, dejando un legado imperecedero de ingenio y audacia en la memoria colectiva del automovilismo bonaerense.
Fuentes:
Semanario Reflejos, 21 de abril de 2008. Pigüé, 2008.
Material y fotografías gentileza de Nancy Safontás.
Prof. María de Luján Tanco.

Dirección

Pigüé
8170

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