¿Quiénes somos? Los integrantes de la lista “Unidad y Solidaridad Docente” somos, en su gran mayoría, jóvenes docentes que por nuestras condiciones de trabajo nos reconocemos como trabajadoras y trabajadores precarizados. Muchos venimos desde hace años llevando adelante una lucha sindical contra la Precarización Laboral en la Facultad de Cs. Exactas, Ingeniería y Agrimensura (FCEIA) y en la Univer
sidad Nacional de Rosario (UNR). Algunos de nosotros hemos transitado también el proceso de lucha nacional del 2001 y seguimos sosteniendo las banderas populares de aquel Diciembre, como la participación y democracia directa. Esta Lista condensa la historia de la mayoría de sus integrantes y muchos más, la de todos aquellos que consecuentemente venimos luchando en esta Facultad y en esta Universidad contra la privatización del conocimiento¹ y de los espacios públicos (bar, aulas bajo llaves, etc.), por becas reales para estudiantes, por el aumento del Presupuesto Universitario, contra la pérdida de la Autonomía Universitaria, entre otras cosas. Muchos de nosotros, ya siendo estudiantes, desarrollamos una participación activa en las distintas instancias institucionales de la FCEIA (siendo consejeros directivos y superiores por el claustro estudiantil), y asimismo en el activismo gremial estudiantil. Todos estos compañeros y compañeras somos parte de esta propuesta. Durante las movilizaciones y asambleas del último año, nos encontramos peleando juntos en las calles y en las aulas por una mejora salarial. Este proceso generó nuevas reuniones y debates identificando la Precarización Laboral en la UNR como problema estructural de la Educación Superior. Así, fuimos abriendo distintos canales de comunicación y armando espacios de debate en la Facultad y en la Universidad misma, generando nuevos vínculos y relaciones entre compañeras/os que, aun compartiendo una misma actividad y condición, estábamos separados. Hoy, muchas/os de nosotros hemos logrado identificarnos y reconocernos como lo que somos: trabajadores precarizados. Esta condición nos interpela y repercute en muchos aspectos de nuestras vidas, y a la vez nos compromete a transformarla. Por esto, creemos necesario buscar una identificación propia, renovadora y superadora a lo existente, convencidos de que estamos sumando debate y participación en la diversidad de corrientes docentes existentes, apostando a fortalecer los procesos democráticos, tal como lo demostró la última elección de Delegados Gremiales de ADFI de 2014, cuando se incrementó la “participación” docente (votaron 50% más de docentes respecto de la elección anterior de 2012). Además de dar una pelea desde el plano gremial, queremos iniciar un proceso de transformación político-académico en la Facultad y en la Universidad. La Precarización Laboral implica un deterioro de la “calidad” educativa y por ende conlleva necesariamente una disputa en el plano académico.
¿Cómo evaluamos la situación universitaria? Concebimos que esta problemática estructural se inscribe en una Crisis General del Sistema Educativo donde, por ejemplo, casi la totalidad de los egresados del nivel medio aspiran a graduarse en una carrera universitaria; sin embargo sólo un número escaso de ellos logra hacerlo. Dicha crisis expresa entonces dos sujetos de la precarización: la gran mayoría de la docencia y la gran mayoría del estudiantado. Por un lado, la precarización del trabajo docente se manifiesta, entre otras cosas, en los siguientes aspectos: inestabilidad laboral, concursos digitados, clientelismo y disciplinamiento, sobrecarga de trabajo, salarios indignos, condiciones de higiene y seguridad deficientes, inexistencia de tiempo rentado para la formación, ausencia de lugar de trabajo además del aula, diversas formas de acoso y violencia institucional. Por otro lado, esto repercute directamente en la pauperización de las principales cualidades que supo tener el sistema educativo superior argentino. El proceso de enseñanza y aprendizaje inexorablemente reproduce la precarización en el vínculo docente-estudiante. La Crisis Educativa, que cada vez más se pone en juego en nuestro proceso de trabajo y sus dificultades, viene poniendo sobre la mesa la discusión curricular pedagógica. En el marco de la búsqueda de una transformación profunda de los procesos de enseñanza y aprendizaje, resulta ineludible replantearnos el sentido de la estructura actual de la docencia universitaria, con sus categorías y funciones docentes actuales. ¿Cómo concebir las distintas tareas según las jerarquías, cuando, por ejemplo, resultan indisociables la teoría y la práctica? ¿Cómo se expresaría esto último frente a una nueva forma evaluativa? Todo esto no ocurre por generación espontánea sino que es el resultado de la aplicación de políticas educativas inspiradas en la visión neoliberal del capitalismo dependiente, y que, en el caso de las Universidades Nacionales, tiene como máximo ejemplo a la nefasta Ley de Educación Superior (LES) que aún nos rige. Este modelo de Universidad trajo como consecuencia que se generen diferencias abismales entre aquellos que ingresan a la docencia y aquellos que han alcanzado el “logro” de las categorías y dedicaciones más altas. Esto último erosiona la unidad del claustro, razón por la cual consideramos necesario el desarrollo de políticas inclusivas que reviertan el proceso de precarización docente-estudiantil.
¿Por qué nos denominamos “Unidad y Solidaridad Docente”? UNIDAD de los docentes: porque necesitamos de todos, unidos en la acción, por la defensa de nuestros derechos por años vapuleados. Y porque necesitamos de la SOLIDARIDAD docente para apoyar la lucha de quienes están más precarizados y a la vez, SOLIDARIDAD con nuestro Pueblo que necesita una Facultad y Universidad puestas al servicio de las mayorías.
¿Qué proponemos en el largo plazo? Es indispensable que promovamos la construcción de un movimiento de trabajadores docentes que apueste a nuevas formas de trabajo, de relación y comunicación entre compañeros y compañeras. Que nos reconozcamos en el hacer a partir de identidades laborales comunes, que reconozcamos dificultades y problemas colectivamente, y busquemos salidas que nos permitan no quedar atrapados en el “orden instituido”. Queremos construir un protagonismo colectivo que promueva el control de gestión, la rotación de responsabilidades, la rendición de cuentas, la evaluación periódica y una genuina “carrera” docente. Un movimiento que no se ate a lo viejo conocido, que sea osado y desprejuiciado, buscando nuevas formas de enfrentar las problemáticas de nuestros tiempos. Que asumamos el desafío de abrir el juego para todos, no sólo para un sector determinado de la comunidad universitaria. Que no demos nada por supuesto ni por sabido y que aprendamos a preguntarnos lo obvio. En síntesis, un movimiento docente desde el cual nos propongamos, mediante la lucha, con voluntad de aprendizaje, con humildad pero con firmeza, la más amplia unidad y solidaridad entre pares.