06/01/2012
ACLARACIÓN; no me gusta llamar al miembro de un hombre ni pene ni polla, así que le puse como apodo Junior. Los apodos son bueno :D
Narra Justin:
Me besó con avives, mientras yo la tomaba por la cintura, acercandola con urgencia a mi cuerpo. Noté que fruncia el ceño, y que me apretaba más aún a ella. Fui subiendo las manos, hasta dejarlas atrás de su cabello ondulado acariciandolo. Me alejé apenas de ella, apoyando mi frente contra la suya. Ella apretó el agarre conmigo.
- Quiero que esto termine - noté como una lágrima caía lentamente por su precioso rostro.
- Yo también - susurré.
Besé despacio su rostro. Investigandolo todo. Hasta caer nuevamente en su boca, dandome ella la bienvenida. Sabía a la perfección que allí había una cama. No me malinterpreten, por favor. La levanté en brazos, mientras ella besaba mi cuello, seductoramente. ¡Por los Dioses! Amber si sabía como exitar, y lo hacia muy bien.
La rescoté lentamente, dejandola debajo de mí. Ella me miró en la oscuridad. De seguro estaba notando mis ojos dorados, como se me ponian cuando me exitada. Ella recorió mi rostro con sus cálidas manos, inspeccionando todo. Cerré los ojos, y me deleité ante su tacto afrodisiáco.
Ella empezó así, hasta que sus manos llegaron a mi pecho. Al borde de mi remera. La levantó, hasta que se deciso de ella. Pegué mi frente con la suya, acariciando nuestras narices.
- ¿Quieres esto, Amber? - pregunté, tratando de regularizar mi respiración.
- Si, lo quiero. Quiero desaparecer del mundo contigo, Justin - antes de contestarle, me besó callandome.
Amber agarró ambas manos mías, y las dirijió hasta abajo de su remera. Me obligué a mi mismo a tranquilizarse y no apurar las cosas, pero el único que estaba en desacuerdo conmigo era el que estaba abajo de todo. Le saqué la remera lentamente, y aprovechando tocar con mis manos su suave y delicada piel. Cuando la saqué por completo, pude admirar las hermosas curvas de Amber. Arrojé la remera por allí, ya ni me interesaba la ropa.
- No hay vuelta atrás ahora. ¿Te arrepientes? - ella negó ante mi pregunta.
- Quiero hacerlo, Justin. Por favor - rogó.
Yo asenti, y empezé a besarla de nuevo. Ella bajó su mano hacia mi pantalón, desabrochandolo cuidadosamente. Cuando terminó, siguiendo el beso, me los saqué yo mismo, sin dejar de besar sus labios. Solamente en boxers. Besé su cuello delicadamente, mientras ella dejaba escapar un gemido de placer, descendiendo lentamente. Cuando llegué a su pansa chata, mis manos se desicieron del jean que llevaba puesto, dejandola solamente en ropa interior. Subi nuevamente a ella y besé su cuello.
Mi manos se desviaron hacia atrás, donde se encontraba el corpiño de Amber. Desabroché lentamente el corpiño de encaje, también tirandolo por allí. Miré sus pechos, erectos por la exitación. No me pude resistir y los besé. Ella respiró profundamente, cuando llevé su pesón a mi boca. Sin previo aviso, Amber me volteó, dejandome debajo de ella.
Su melena le caía libremente sobre su rostro mirando hacia mí. Era casi imposible, poder mirarla bien. Amber se sentó, justo encima de mi Junior exitada por su culpa. Se movió en semi-circulos, haciendo que ambos hecharamos la cabeza hacia atrás. Y eso que todavía no nos sacabamos lo último.
Ella se agazapó sobre mí, besando mi cuello, como si estuviera poseída y fuera una experta en el asunto. Mordió mi cuello como si fuera un verdadero vampiro, no me molestó. Pero si pude sentir como me sangraba un poco y ella solamente me pasaba la lengua, como si fuera un prodigioso alimento para ella. Eso solo prolongo mi exitación.
Bajo lentamente su cabeza, dejando un recorrido de besos por mi cuerpo. Llegó hasta mi boxer, el cual, ya me quedaba un poco apretado. Antes de sacarlo, mordisqueó mi ombligo, haciendo que me estremeciera. Después, solo se deciso de mis boxers, dejandome como quien quiera que fuera me trajó al mundo.
Ella solamente besó una gota preseminal que se hallaba en la punta. Todavía su pelo le tapaba su rostro, dejandome sin respuesta de su cara. Luego hizo todo un recorrido por la altura de mi Junior. Eso solo me exitaba aún más.
No aguantando más el poco autocontrol que me quedaba, la di vuelta, dejandola a mi merced. Ella solo se rió en voz alta, yo la miré extasiado. ¡No aguantaba más! Le arranqué la última prenda que se interponia entre yo y mi meta. Ella gimió de placer cuando lo hice. Luego, solo puse ambos brazos de cada lado de ella, dejandola sin escapatoria y la miré.
Ella me devolvió la mirada fugazmente y me sonrió, invitandome a seguir con lo que estaba por hacer. Y lo hice. Me hundi dentro de ella, lentamente. Ella hechó un respingón de dolor y placer. Era su primera vez, mi**da.
- Ahhh... - susurró lentamente, mientras yo la miraba.
- ¿Te encuentras bien? - dije, mientras trabata de hablar coherentemente.
- Ajam - asintió con su cabeza. - Es mi primera vez, perdona si no te lo dije - arqueó su espalda, dandome más acceso a ella. Y haciendo que gimieramos ambos.
Al principio, di ligeras y largas embestidas, pero poco a poco el placer me cegó, y lo que fue ligero y largo, se volvió rápido y corto, pero exitante.
No aguantando más, me senté en la cama, con Amber arriba mío - y sin salir de dentro de ella. Ella me agarró por los hombros y empezó a dar pequeñas embestidas. Arriba, abajo, arriba, abajo. Sin aguantar mucho más, la agarré por la cintura, haciendo embestidas más brutas.
Ella empezó a jadear, tirando la cabeza hacia atrás, mientras clavaba sus dedos en mi espalda. Noté que pequeños espamos se apoderaban de ella, por los estremecimientos, y aceleré el ritmo. Cuando llegó al tan esperado orgasmo, clavó aún más sus uñas en mi piel, haciendo que yo gritara por mi liberación. Igual que ella.
Pero ella me sorprendió aún más.
Cuando gritó su orgasmo, diciendo mi nombre, ella se dirijió a mi hombro y me mordió con fuerza, insentificando mi orgasmo y haciendolo más ardiente. Parecia beber de mi. No me interesó mucho. Lo único que sentia era, su cuerpo, el mío y el creciente orgasmo en mí.
- Ahhhhhh - jadeé, después del brutal climáx.
Ella se separó de mí y se apoyó en mi hombro. Sin salir todavía de dentro de ella, Amber suspiró en busca de aire, y luego me miró. Una sonrisa surcó sus labios sonrosados e hinchados por los besos. Entonces, una gota de sangre calló por su labio, antes de que me besará apasionadamente y comenzaramos de nuevo.
¿Era mi imaginación o me había mordido de verdad?
Narro Yo:
Esteban miró a sequitó de personas. Todos ellos eran un punto clave para su plan. El que le había dejado su padre. Pronto se levantaran aquellos que empezaron con el principio de los tiempos. Él los volvió a mirar, pero solo se enfocó en uno. Meiren.
- Meiren - dijo en voz alta, para que todos escucharan - me has desepcionado, querido amigo.
- Lo siento mucho, mi señor - dijo, mientras hacia una reverencia. - Mi hermano se fue, dejandome débil. Y la humana, también escapó.
- Lo sé, estoy al tanto de todo - puntualizó.
Esteban era descendiente directo de Adán, y Amber, descendiente directo de Eva. Ellos hiciceron el pecado original, y los descendientes, serán los que lo acabaran.
- Quiero estar a solas con Meiren - dijo en voz alta, y todos sus seguidores desaparecieron.
- ¿Qué pasa ahora, mi señor? - se acercó a donde estaba sentado.
- ¿Tu hermano se lo creyó todo? - Meiren asintió.
- Él piensa que queremos a Madisson para sacar a su familia del mercado de la sangre, pero es mentira. No sabe que la queremos para el Armagedón. - Sonrió ante el malvado plan.
- Perfecto. - dijo Esteban. - Cuando llegue el momento, se van a impresionar. Amber será mía como tuvo que haberlo sido Eva para Adán - sus ojos cambiaron a un color cobrizo, como la sangre. - Vengaré a mi antepasado. La descendiente de Eva, será mía. Ojala que el alma de Eva vea como su descendiente y el descendiente de Adán son los principales en acabar con el mundo - sonrió - para que después, solo gobiernen los descendientes de ambos y el pecado original sea borrado - ensanchó más su sonrisa. Meiren solamente suspiró y asintió.
- Si, mi señor.
Luego de que Meiren de marchara, Esteban quedó solo. Suspiró. Mataría primero al que apenas tocara un pelo de ella, y ni imaginar a quien hubiera tomado lo légitimo en ella. La necesitaba solo para él y nada más que para él. Cuando iniciara el Armagedón, solamente quedarían ellos en la Tierra, para después poblarla con humanos nuevamente.
Sabía a la perfección que era una idea estúpida y que iva contra las reglas. Jhéova no estaría nada contento cuando supiera el plan descabellado que estaba llevando Esteban. Ni hablar de Lucifer. Ya quería tener en brazos a Amber, amandola y viceversa.
Un sonrisa diabólica cruzo sus perfectas facciones. Sus ojos violetas hacian más interesante su personalidad, pero lástima por lo que iva a ser, porque si fuera un demonio común y corriente, muchas - incluyendo humanas - caerían rendidas a sus pies. Pero él solo quería a una.
Amber.
No paraba de saborear su nombre y tampoco quería dejar de hacerlo. Recordo la primera vez que la vio. Supo al instante que era descendiente de Eva. La maldición que lanzó Dios contras sus antepasados, era que, cuando un descendiente de alguno viero al descendiente de otro se reconocerían, para luego cometer el mismo error que hicieron en el pasado Adán y Eva.
Pero él tenía un as bajo la manga. Está vez no habría ningún ángel que dejara embarazada a su amada. Así que tenía la partida ganada, y ella sería suya por primera vez en siglos. Cuando ella lo había visto, en ese mismo momento, él supo que no lo había reconocido, pero no importaba, pronto lo haría.
"Cuando la última de tus descendientes sea humana de nuevo, y el descendiente de Adán sea también humano, y se reconoscan, cometeran el mismo error que ustedes. Eva, tu último primogénito amara al incorrecto, pero con el alma, la cosa más pura en el universo. Adán, tu primogénito quedara cegado igual que tú. Nadie puede cambiar nada, solo yo. Por eso, yo los considero humanos, por cometer errores y por cometer su pecado original."
Al final, Adán mató a Eva por venganza de haberlo traicionado con un ángel y haber tenido un hijo con aquel ser celestial. Cuando Jhéova escuchó las voces de las almas y se enteró de la muerte de Eva y el culpable de ella, sentenció que todos los descendiente de Adán representarían la maldad, mientras que los de Eva, representarían bondad.
Jha. Le daba ganas de escupirle en la cara al ser más supremo del universo. Se burlaría en sus propias narices.
Y todo poco a poco. Primero llevando a los padres a la Judicia, con un homicidio que él mismo hizo. Luego, con el veneno inyectado en Amber. Después, la mejor parte, cuando ella cayera en el poso de la depresión por la futura muerte de sus padres, apareceria él como su salvador y Amber sería suya.
- Es hora de que empieze la acción - sonrió y desapareció por entre la oscuridad de la noche.
-Luly