19/10/2025
El 17 de Octubre de 1945 no sólo vio nacer un nuevo movimiento nacional: el Peronismo; sino que también es una fecha que significó un parteaguas en la izquierda argentina.
Mientras los Partidos Socialista y Comunista sólo veían en Perón la versión argentina del "nazi-fascismo", el grupo trotskista que editaba el periódico "FRENTE OBRERO", encabezado por Aurelio Narvaja, Adolfo Perelman y Enrique Rivera, entre otros, hacia una caracterización acertada del nuevo fenómeno que tenía ante sus ojos.
Y así lo expresaba:
"La misma masa popular que antes gritaba ¡Viva Yrigoyen!, grita ahora ¡Viva Perón! Así como en el pasado se intentó explicar el éxito del yrigoyenismo aludiendo a la demagogia que atraía a la ‘chusma’, a ‘las turbas pagadas, a ‘la canalla de los bajos fondos’, etc., así tratan ahora, la gran prensa y sus aliados menores, los periódicos socialistas y stalinistas, de explicar los acontecimientos del 17 y 18 en iguales o parecidos términos. Con una variante: comparan la huelga a favor de Perón, con las movilizaciones populares de Hi**er y Mussolini. Identificar el nacionalismo de un país semicolonial con el de un país imperialista es una verdadera ‘proeza’ teórica que no merece siquiera ser tratada seriamente; señalemos sin embargo una diferencia: los fascistas utilizaban a las tropas de asalto, compuestas en su mayoría por estudiantes, en contra del movimiento obrero. Perón utilizó al movimiento obrero en contra de los estudiantes en franca rebeldía.
La verdad es que Perón, al igual que antes Yrigoyen, da una expresión débil, inestable y en el fondo traicionera, pero expresión al fin, a los intereses nacionales del pueblo argentino. Al gritar ¡Viva Perón!, el proletariado expresa su repudio a los partidos seudo obreros cuyos principales esfuerzos en los últimos años estuvieron orientados en el sentido de empujar al país a la carnicería imperialista. Perón se les aparece, entre otras cosas, como el representante de una fuerza que resistió larga y obstinadamente esos intentos y como el patriota que procura defender al pueblo argentino de sus explotadores imperialistas. Ve que los más abiertos y declarados enemigos del coronel lo constituyen la cáfila de explotadores que querían enriquecerse vendiéndole al imperialismo anglo-yanqui, junto con la carne de sus novillos, la sangre del pueblo argentino.
Una justa interpretación de los sucesos indicados no puede hacerse sin considerar el momento que vive el mundo. La clase trabajadora de todos los países, siente oscuramente que las condiciones han cambiado, que debe reorganizar sus cuadros y rectificar el rumbo seguido en los pasados años. Al proletariado argentino, la política peronista en los sindicatos, le ofreció un inesperado apoyo para liberarse, en parte, del abrazo asfixiante de los partidos socialistas y comunistas que querían utilizar las fuerzas de la clase obrera para remachar las cadenas de la explotación imperialista.
Sólo un cretino sin remedio puede creer que el proletariado se deja engañar totalmente con las promesas de Perón o se deslumbre con los adornos de su gorra militar. Sólo quien desconoce en absoluto la situación del proletariado en la sociedad capitalista puede pretender que un movimiento que surge desde lo profundo de las capas más explotadas, tenga, desde el principio, una expresión de clase correcta. Los dirigentes amarillos encubren habitualmente su política entregadora con una atrayente fraseología proletaria; a la inversa, la clase obrera puede tener manifestaciones de neto carácter clasista encubiertas con consignas aparentemente reaccionarias. La historia nos lo muestra acabadamente. Tomemos un solo ejemplo: la revolución de 1905, en Rusia, fue liderada en sus primeras etapas por un cura, el pope Gapón; pocos meses después, el mismo proletariado que había marchado detrás de los íconos, entonando cánticos religiosos, designaba a León Trotski presidente del Soviet de San Peterburgo. De nosotros depende que el proletariado argentino que marchó el 17 y 18 de octubre por las calles entonando el Himno Nacional y la Marcha de San Lorenzo y aclamando a un miembro de la clase explotadora, encuentre las consignas que correspondan al contenido revolucionario de su lucha.
Aquellos que desconocen el sentido y la importancia de las tareas nacionales en nuestra Revolución están incapacitados para comprender estos acontecimientos; en general, están incapacitados para comprender nada. Los que se engañaron tomando la movilización de estudiantes, burgueses y damas perfumadas, en los preludios de ‘la revolución’, juzgan a la huelga general del 17 y 18 de octubre como una especie de aberración que echa al suelo todas sus teorías. La aberración estaría, en todo caso, en que individuos que se denominan a sí mismos marxistas, se pongan del lado del imperialismo en sus escaramuzas con algunos sectores de nuestra burguesía semicolonial."
Desde entonces, han quedado delimitados dos campos claros dentro de la izquierda argentina: la Izquierda Nacional y la Izquierda Cipaya.
Ahora, la Izquierda Nacional no surgió abruptamente ese 17 de octubre. Jorge Enea Spilimbergo, uno de sus intelectuales más brillantes lo aclara muy bien: «Sólo con reservas cabe decir que 1945 fue el año de su nacimiento. Hay un período anterior, en cierto modo gestatorio, que corresponde al de la lucha dentro de la izquierda contra el frente popular, contra la guerra imperialista, contra los métodos burocráticos del stalinismo y del socialismo reformista. Sólo este proceso gestatorio explica que en 1945, a los pocos días de producirse el 17 de Octubre, el periódico ‘Frente Obrero’ trazase una apreciación esencialmente correcta de los acontecimientos, sin dejarse confundir (ni intimidar) por el terrorismo ideológico de la izquierda cipaya, que veía barbarie, fascismo y «lumpenproletariat» en los descamisados de Perón. Adviértase que el último gran movimiento que concitara las esperanzas de la vieja izquierda (en escala mundial) fue la revolución española; que las posibilidades revolucionarias abiertas en Francia y en Italia al concluir la segunda guerra contribuían a mantener esta fijación sobre las perspectivas europeas, y que sólo al final de la década y principios de la siguiente, con el triunfo de la revolución china, el nasserismo en Egipto, etc., pudo medirse la amplitud mundial de los movimientos antiimperialistas de los que el peronismo aparece entonces como primera manifestación, al par que como continuación superadora (lo que también puntualiza Frente Obrero) del viejo yrigoyenismo.»”
En el año 1953 se funda el Partido Socialista de la Revolución Nacional (P.S.R.N.), que editaba un periódico "Lucha Obrera". Este partido realizó un apoyo crítico al gobierno de Perón, que por ese entonces afrontaba importantes problemas y la oposición sostenía una clara política golpista. Con el golpe de Estado de 1955 los únicos dos partidos proscriptos fueron el Peronismo y el PSRN.
La influencia de la Izquierda Nacional (a través de los hombres de "Frente Obrero" ya citados, a los que debemos agregar Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo, Alfredo Terzaga, Roberto Ferrero, Norberto Galasso y tantos otros) ha sido muy importante, aunque muchos quieran negarlo y pretendan condenarla al olvido. Hoy siguen vigentes los principios que impulsaron la conformación de esta corriente ideológica y la necesidad de que se exprese en una organización política independiente que siga levantando las banderas de la Justicia Social, la Independencia Económica, la Soberanía Política y un Gobierno Obrero y Popular.