17/08/2026
**¿Por qué el radicalismo va a internas?
El radicalismo vuelve a las internas. Y muchos lo leen como una señal de debilidad, de crisis, de un partido que no se pone de acuerdo. Ese análisis es superficial. Y es injusto.
Las internas no son el problema. Las internas son la regla.
La UCR es uno de los pocos partidos argentinos que tiene una tradición democrática interna genuina y sostenida en el tiempo. Mientras otros espacios políticos se ordenan por decreto, por decisión de un líder o por la presión de quien tiene más recursos, el radicalismo eligió históricamente dirimir sus diferencias en las urnas. Eso no es una anomalía. Es una fortaleza.
Hipólito Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear, Ricardo Balbín, Raúl Alfonsín — ninguno llegó a conducir el partido sin antes atravesar disputas internas, tensiones, sectores enfrentados. La interna radical no es una disfunción del sistema. Es el sistema funcionando.
Un partido que nunca tiene internas no es un partido unido. Es un partido donde alguien impone, y el resto acepta. Eso puede parecer orden, pero es fragilidad disfrazada.
Dicho esto, hay una diferencia crucial que el radicalismo necesita aprender a sostener: la diferencia entre una interna que es un debate y una interna que es una pelea de egos.
Cuando la interna gira en torno a ideas — qué radicalismo queremos, qué modelo de gestión defendemos, cómo nos posicionamos frente al gobierno nacional — fortalece al partido. Obliga a los candidatos a explicarse, a convencer, a construir equipos. Y quien pierde sabe por qué perdió y puede seguir aportando.
Cuando la interna gira en torno a nombres y a quién controla el sello, el resultado es otro. Deja heridos sin razones. Deja militantes confundidos. Y el partido llega a la elección general con menos energía de la que tenía al arrancar.
El desafío del radicalismo hoy no es evitar las internas. Es elevar su calidad. Que sean el momento donde el partido se muestra ante la sociedad como lo que dice ser: un espacio donde las diferencias se resuelven con votos, con argumentos y con respeto por las reglas.
Eso sí es una ventaja competitiva. En un país cansado del verticalismo y del "yo decido", un partido que se democratiza hacia adentro tiene algo genuino para ofrecer hacia afuera.
Las internas no debilitan al radicalismo. Lo debilita no saber aprovecharlas.