19/08/2022
𝐍𝐢𝐧𝐠𝐮́𝐧 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐨 𝐯𝐞𝐧𝐝𝐫𝐚́ 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐞𝐥 𝐂𝐨𝐧𝐠𝐫𝐞𝐬𝐨, 𝐞𝐥 𝐆𝐨𝐛𝐢𝐞𝐫𝐧𝐨 𝐧𝐢 𝐥𝐚 𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚. 𝐒𝐨𝐥𝐨 𝐥𝐚 𝐦𝐨𝐯𝐢𝐥𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐲 𝐥𝐚 𝐨𝐫𝐠𝐚𝐧𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐚𝐮𝐭𝐨́𝐧𝐨𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐲 𝐞𝐥 𝐩𝐮𝐞𝐛𝐥𝐨 𝐥𝐨 𝐩𝐨𝐝𝐫𝐚́𝐧 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫.
La tercera semana de este agosto de 2022 nos confronta con un segundo hecho que solo nos da vergüenza y nos hace ver el atraso en el que estamos. Hace unos días María Carmen Alva arremetía contra la compañera Isabel Cortés en el Parlamento, haciendo aflorar —aquella— sus costumbres gamonales. En este caso más reciente, es la Iglesia, la Conferencia Episcopal, la que, siguiendo su vieja costumbre de intervenir a favor de los empresarios y las dictaduras, convocando a la prensa y tomando una estatura moral que no tiene; cuando, por ejemplo, las trabajadoras obreras del sindicato del SITOMUN de la Municipalidad de Lima están en su cuarto día de huelga y no hay ninguna línea sobre esto emitida por esta prensa ni por estos mantenidos por el Estado. Nosotros nos preguntamos ¿dónde estuvieron cuando tuvimos tantos heridos y mu***os entre ellos Inti y Bryan?, ¿dónde están cuando cada 45 minutos es secuestrada una mujer en nuestro país?, ¿o cuando siguen aumentando los feminicidios? Con qué moral lo intentan, si han sabido ocultar sus hechos de violación de menores; o de encubrimiento de personas inculpadas por abusos a niños y mujeres.
Por otra parte, Castillo en nada se ha distinguido a la Iglesia en la persecución a las mujeres y sus justos derechos sobre su cuerpo, así como con las disidencias sexuales, siendo parte también de ese atraso señalado líneas arriba. Pedro Castillo se ha ganado a pulso el repudio del movimiento de masas, manteniendo los privilegios de los grandes grupos, multinacionales, y grandes empresarios, que son los grandes responsables de la continuidad de las miserias de nuestro país.
Ningún cambio vendrá desde el Congreso, el Gobierno ni la Iglesia, puesto que ninguno de estos renunciará a sus privilegios. 𝐒𝐨𝐥𝐨 𝐥𝐚 𝐦𝐨𝐯𝐢𝐥𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐲 𝐥𝐚 𝐨𝐫𝐠𝐚𝐧𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐚𝐮𝐭𝐨́𝐧𝐨𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐲 𝐞𝐥 𝐩𝐮𝐞𝐛𝐥𝐨 𝐥𝐨 𝐩𝐨𝐝𝐫𝐚́𝐧 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫: con un plan económico que ponga por delante regular los precios, aumentar los salarios, nacionalizar las empresas privatizadas, con una verdadera reforma agraria, así como incrementar el presupuesto de salud y educación sustancialmente para cubrir el déficit, y aplicando impuestos a las grandes fortunas.
Desde el Partido de los Trabajadores y Trabajadoras-Uníos 𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐥𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐢𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐫𝐞𝐩𝐢𝐭𝐚 𝐦𝐚́𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐨 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 —y que realmente nos libere de las cadenas en las que nos tienen las grandes transnacionales y los grupos económicos— 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐫𝐠𝐢𝐫 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐥𝐮𝐜𝐡𝐚 𝐲 𝐥𝐚 𝐦𝐨𝐯𝐢𝐥𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐲 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐲 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐮𝐞𝐛𝐥𝐨𝐬.