30/05/2026
¿Sabías que en la Villa Imperial se creía firmemente que Dios mismo caminaba entre la gente?
Durante la colonia, la procesión de Corpus Christi en Potosí no era un evento simbólico; para el pueblo y los mineros, el Santo Sacramento era la presencia viva, real y absoluta de Dios. Por eso, ningún lujo era suficiente para recibir al "Rey de Reyes".
En 1737, la devoción potosina esculpió una majestuosa carroza de plata de aprox. 5 metros de altura para transportarlo. A su paso, la Villa Imperial se transformaba: las familias ricas cubrían los balcones con platería fina, los mineros pavimentaban las calles con barras de plata ma**za y el pueblo entero se volcaba a las calles extendiendo sus mantos más finos, telas y alfombras de pétalos para que la divinidad avanzara sobre el amor de su gente.