15/07/2026
Escritura
A propósito de los jóvenes reclutados para la guerra entre Rusia y Ucrania, enviados a morir como elementos prescindibles y utilizados como señuelos para que las verdaderas tropas operen en un entorno de mayor seguridad, comparto este breve cuento, que escribí el año 2024 y refleja con crudeza el drama y el sufrimiento que muchos de ellos podrían estar viviendo:
EL ZUMBIDO DE LA MUERTE (Omar Cordero Balderrama)
La noche cae sobre el campo de batalla en la regiónde Dombás al Este de Ucrania y las tropas rusas se ven envueltas en una densa oscuridad, el olor a pólvora se fusiona al hedor de carne chamuscada de cadáveres en descomposición.
Iván quien acostumbraba pasar las tardes en el campo, persiguiendo mariposas y soñando con ser un héroe, confundía aquellos ecos de risas infantiles con el aire enrarecido por el miedo. ¿Dónde había quedado aquel niño lleno de sueños?". Iván el novato con rostro sucio y uniforme desgarrado, intentaba descansar en una trinchera camuflada con ramas y telas, solo atinaba a sujetar su AK-12 que es el nuevo fusil de asalto ruso derivado del soviético AK-74M; sus ojos medio dormidos observaban el cielo como intentando encontrar algo en la oscuridad y sus oidos muy alertas a cualquier ruido; le habían aconsejado confiar más en este sentido que en cualquier otro, pues cuentan que el arma de moda, se manifestaba emitiendo un diabólico y estridente ruido que era imposible ignorarlo. El miedo se apoderaba de él como una sombra opresiva. Cada crujido a su alrededor le hacía saltar; su corazón latía con fuerza, como si quisiera escapar de su pecho. "¿Por qué estoy aquí?", se preguntaba, mientras una lágrima solitaria surcaba su rostro sucio.
Sus temblorosas manos sujetaban con fuerza el AK-12; la desesperación y nerviosismo, hicieron que casi dispare a los grillos que hacían ruido frotando sus alas como presagio de un in****no.
El silencio casi absoluto, perjudicado solo por algunos crujidos de ramas secas y susurros del viento, fue súbitamente interrumpido por el zumbido aterrador y mortal de un dron, acabando con el momento de descanso en las trincheras. Al principio, los soldados lo ignoraron, pues, medio adormilados, asumieron que molestos mosquitos volaban sobre sus cabezas; sin embargo, a medida que el zumbido se intensificaba, la inquietud comenzó a apoderarse de sus corazones. Era como si una sombra se acercara y una presencia inminente trajera consigo la muerte.
El novato Ivan miró alrededor; toda la tropa estaba tensa, con los rostros pálidos y ojos desorbitados, la mitad de ellos eran recién reclutados. El sonido del dron no era solo un ruido; era una advertencia, un presagio de lo que estaba por venir., no había refugio ni protección contra ese robot volador. Rápidamente, el zumbido incrementó de intensidad, convirtiendose en gritos ensordecedores para los oídos, pues generaban ecos de terror en el ambiente.
“¡PROTEGERSE!” gritó el Sargento, con una ronca voz que se perdía en el aire, pero antes que pudieran reaccionar, un punto en la oscuridad descendió como rayo de muerte, era varios drones que parecían caer chillando enloquecidamente hacia las posiciones. Instantáneamente, brillantes destellos iluminaron la noche y se escucharon infernales explosiones, la tierra temblaba bajo sus pies mientras el caos estallaba a su alrededor, seguida de gritos desgarradores de soldados cuyos brazos y piernas habían sido cercenadas. Soldados caían uno tras otro, algunos atrapados en llamas, otros gritando por ayuda mientras el horror invadía el campo de combate, era una masacre silenciosa; los que todavía no fueron alcanzados, empezaron a disparar en todas las direcciones, pero los drones parecían divertirse con los disparos, mientras el zumbido persistente continuaba ufananfose con una danza mortal sobre sus cabezas.
Todo era caos. Gritos ensordecedores llenaban el aire. Iván apenas podía pensar. Disparos resonaban a su alrededor. ¡Tenía que moverse! Pero sus piernas eran pesadas como plomo.
El Sargento habia caido, reconocieron su uniforme y grado, pues no tenia la cabeza. El novato Iván con esquirlas en el pecho y heridas expuestas, intentó reunir al resto, pero la desorientación reinaba en la tropa. Cada vez que aumentaba el zumbido, la esperanza se desvanecía. No podían ver al enemigo; solo podían sentir su presencia en forma de muerte inminente. Con cada explosión, perdían más camaradas y la moral de combate se devanecia.
“¿Qué hicimos para llegar a esto?” pensó Ivan mientras corría entre los escombros, tropezando con miembros de los cuerpos mutilados. Era su primera experiencia, su bautizo de fuego, pero había sido entrenado para luchar con honor y valentía; ahora se sentía como presa acorralada por un enemigo invisible e implacable. El sonido de los drones resonaban en su mente como un eco interminable: un recordatorio constante del fracaso y sufrimiento de la tropa que fue obligada a luchar por una causa difusa. En medio del horror y la confusión, comprendió que no estaban luchando contra hombres; estaban siendo cazados como animales por máquinas letales que no conocían compasión.
La noche continuó su danza macabra mientras los drones danzaban en círculos sobre ellos, dejando tras de sí un rastro de destrucción y desesperación. Al amanecer, no solo habían perdido a muchos hombres; habían perdido la humanidad en una guerra donde la tecnología había superado al valor humano.
Mientras Ivan caía al suelo, sintiendo el frío abrazo de la muerte, comprendió que habían invadido no solo territorio ucraniano sino también los límites de lo que alguna vez consideraron honorable en la guerra.
Bajo el zumbido constante de la muerte voladora, Iván se desvaneció entre sueños y esperanzas que solo la oscuridad eterna podía ofrecer.
Omar Cordero Balderrama
GENERAL DE BRIGADA