01/06/2020
ACTIVIDADES EN HONOR A NUESTRO FUNDADOR
CUENTOS
3er Lugar: Daniela Mena Vargas (S2A)
EL AMOR LO PUEDE TODO
Era un 24 de diciembre por la noche, todos sentados alrededor de la mesa preocupándonos por celebrar la navidad, por una cena o simplemente un regalo que esperábamos que estuviera debajo del árbol ; sin darnos cuenta que lo que pasaba fuera de nuestro alrededor era más grave de lo que parecía; todo comenzó un 17 de noviembre de 2019 cuando en Hubei (una provincia de Wuhan en China) algo tan diminuto podría cambiar el mundo y en especial nuestras vidas.
Un virus… tan mortal que llegaría a quitar la vida de muchas personas; muchos creyeron que la situación no era tan complicada y simplemente la dejaron pasar, no lo negaré yo también lo creí en algún momento de mi vida. Y así escuchamos la noticia en la radio mientras comíamos la cena que mamá había preparado, la dejamos pasar y continuamos hablando.
Ya ha pasado un mes y la situación mundial ha empeorado, los casos de coronavirus se encuentran en casi todo el mundo, es un alivio que aquí aún no llegó, la gente oculta su miedo burlándose de lo que pasa y así trata de convencer a los demás que no está asustado.
Ya casi es carnavales y aún el virus no ha llegado a Bolivia, todos están muy emocionados por que se viene un feriado y por fin tendrán tiempo de pasar con sus familias e ir a fiestas con amigos; al fin podré quedarme en casa y salir a jugar a la calle con agua y espuma.
Ya estamos en marzo, 10 de marzo para ser exactos, estaba sentado al lado de mi mamita veíamos las noticias y la noticia que impactó más a todo el país... el coronavirus ya había llegado a Bolivia; la noticia causo pánico en casi toda la población ya que nadie sabía si estuvo en contacto con alguna de las personas contagiadas.
Miré a mi mamá y la vi muy sorprendida me miró a los ojos y me dijo que no me preocupara, que estaríamos bien si nos cuidábamos y que seamos un poco más pulcros con la limpieza; vi la esperanza en sus brillantes ojos marrones y supe que todo estaría bien si permanecía a su lado ya que nada pasaría si nos cuidábamos mutuamente.
El ministerio indicó que ya no debíamos ir al colegio, es un poco triste ya que me enteré camino a casa y no me despedí muy bien de todos mis amigos, tenía en cuenta que hablaríamos muy seguido y pensé que sería muy divertido quedarme en casa con mi familia, desde ese momento pensé que todo iría mejorando.
Ya se acercaba el día del padre así que estaría con papá un poco más de tiempo ya que no debía ir al colegio mi mamá y yo decidimos darle una sorpresa y le preparamos un pastel con el cual lo despertaríamos y desayunaríamos juntos; decidí hacerle una tarjeta para demostrarle cuánto lo quería, usé todos sus colores favoritos y me inspiré mucho para que le gustara mucho.
Pasaron unos días y vimos en las noticias que todos debíamos quedarnos en casa ya que debíamos evitar contagiarnos y así empeorar la cantidad de casos que habían en el país. Papá y mamá debían ir cada semana al mercado a comprar la comida para la semana.
Extrañaba a mi abuela ella siempre me contaba sobre su vida y me cocinaba algo rico, ella era muy cariñosa conmigo y la quería mucho, la única manera de hablar con ella era por teléfono pero no era lo mismo.
Respecto a mis amigos, pues no hablé mucho con ellos es un poco triste ya que aveces pienso que se olvidaron de mi; claro tenemos clases virtuales y puedo verlos al menos respondiendo a las preguntas que hace el profesor.
Los casos de coronavirus han aumentado mucho en el país y en realidad me preocupo mucho por mis papás ya que al salir a hacer las compras podrían contagiarse y en realidad no se que es lo que haría si les pasa algo malo, yo no tengo hermanos así que ellos han sido mis compañeros toda la vida.
Es de noche y escuche a mis papás hablando en la cocina, estaban muy preocupados ya que al parecer en la calle en que vivimos se reportó un caso de coronavirus, eso me afectó un poco pero traté convencerme a mi mismo que no era tan grave como parecía y que todo esto terminaría y hallarían la cura.
Tenía la ilusión de que saldríamos de esta situación en unos días y volvería a ver a mi familia pero aún así, sólo con imaginarlo no significaba que pasaría como yo creía; los casos seguían aumentando y estar en casa tanto tiempo no fue tan divertido como creía.
Al menos tenía muchas tareas que hacer así que eso me mantenía ocupado durante la semana, aunque claro llegaba algún momento del día que me aburría y quería salir ya que ver la calle por la ventana no era lo mismo que estar en ella.
Ya se acerca el día de la madre y lamentablemente aún seguimos encerrados en casa; llevo mucho tiempo ahorrando dinero para comprarle algo especial a mi mamá aunque creo que como van las cosas no podré hacerlo.
De todas formas nada me impide hacer algo especial para ella y que mejor que consentirla un día entero ya que en realidad casi nunca tuvo tiempo de estar realmente relajada, ella y papá debían salir a hacer las compras y llegaban muy cansados ya que iban a pie y regresaban a casa con las bolsas pesadas del mercado.
Como ya sabía el dinero no cae del cielo y ví a papá un poco preocupado ya que si la situación continuaba así era muy probable que llegara un momento en nuestras vidas en el que ya no tendríamos dinero.
Las noticias tienen a todos con los pelos de punta ya que escuchar cada noche la cantidad de casos que incrementaban durante el día despertaba la preocupación en la gente; las personas que antes pensaban que no era algo muy serio ahora decían lo contrario, sin embargo no todo era tan triste ya que muchas personas empezaron a realizar cosas que antes no y se atrevieron a intenter cosas nuevas.
Mamá fue a hacer las compras y yo empecé a sentir mucho frío a pesar de que estaba haciendo mucho sol afuera, decidí abrigarme un poco más y me fui a parar a la ventana para calentarme un poco; respecto a papá el había ido al banco así que yo estaba solo.
Empecé a sentirme un poco mal y ninguno de mis padres llagaba a casa, me hice un té caliente pero aún así tenía frío, de pronto empece a estornudar y me di cuenta que me había resfriado; al fin mamá llegó le conté lo que tenía y ella se preocupo un poco así que corrió por el termómetro y me tomo la temperatura.
Ella sólo me miró y me dijo que estaba normal y me dio un ibuproféno para que la fiebre bajara y me dijo que era mejor que me acueste a dormir un momento y así me sentiría mejor; no se equivocó, me sentía un poco mejor y al levantarme vi que mi papá ya había llegado, él me saludó y me miró tiernamente.
Al día siguiente mamá me dijo que me vistiera ya que la acompañaría a salir, yo acepté aunque en el fondo me di cuenta que algo no estaba bien ya que la mirada de mi madre que antes me reflejaba esperanza, ahora sólo me mostraba un sentimiento de preocupación.
En el camino mamá me dijo la verdad me dijo que íbamos al médico ya que iban a hacerme unas revisiones sin embargo ella no me dijo qué tipo de pruebas; al llegar al hospital me hicieron algunas pruebas como mamá me dijo; esperamos un momento y mi mamá empezó a llorar y yo empecé a llorar sólo por el hecho de que la vi muy herida.
Entregaron las pruebas a mi mamá y lastimosamente ocurrió lo que temía mucho en el fondo; debía alejarme de mamá ya que debía quedarme en el hospital mamá me abrazó y me mostró las pruebas… mi prueba dio positivo a coronavirus.
Inconscientemente comencé a llorar ya que sabía de que habían muchas probabilidades que mis sueños de que todo sería diferente no se cumplirían.
Pasaron los días y estaba muy deprimido pero traté de ponerme fuerte para salir de esto, y así sabía que volvería a los brazos de mi madre y estaríamos juntos tal y como solía ser antes, tenía la esperanza de volver a ver a mi abuela y escuchar esas historias que me contaba cuando iba a visitarla, salir de aquí y volver a jugar con mi papá tal y como lo hacíamos antes; tenía una esperanza y sabía que nunca debía perderla.
Cada vez me siento un poco más débil y poco a poco mis esperanzas fueron desapareciendo y eso me lastimaba más que cualquier enfermedad, más que cualquier caída, más que nada porque con cada día que pasaba era un kilómetro más de distancia con mi mamá. La extrañaba más que a nada y no podía estar a su lado.
Me pregunto cómo se siente mi mamá, ese día que la vi llorar viene a mi mente cada hora y me debilita un poco ya que me siento tan mal porque es muy probable ya no poder sentir su cálido abrazo ni escuchar su bella voz, extraño a papá no me despedí tan bien de él; siento que las palabras no serían capaces de expresar todo lo que siento en mi corazón.
Me siento bastante mal, creo que es momento de decir adiós, adiós a mi vida, adiós a mi familia, decir adiós a todo lo que me hacía feliz, a todo lo que formó parte de mi vida.
En verdad lo siento mucho, realmente no quisiera irme y dejar así a mi mamá, se que ella se sentiría muy triste si me voy, extrañaría mucho los momentos que pase junto a ella, junto a papá y junto a mi querida abuela; ellos eran mi vida mi todo y realmente no soportaría perderlos.
Ellos eran la fuerza que necesitaba para seguir adelante, pero aún así me sentía muy débil y sólo me quedé rendido y cerré los ojos… era de noche y de pronto lo único que recuerdo era ver a un hombre entrar a mi habitación en el hospital me miró fijamente y me sonrió, yo me sorprendí mucho.
De pronto el se acercó a mi, ví claramente y parecía un médico y me dijo:
-Descuida, vas a salir de éste hospital; fuiste alguien muy bueno y realmente puedo ver que amas mucho a tu familia verdad?
-Si, yo realmente los quiero mucho, ellos me apoyaron en cada momento de mi vida pero creo que no los volveré a ver; Doctor, le puedo preguntar algo?
-(él me dijo) Claro.
- Usted cree que yo me voy a sanar?
-Pues es por eso que estoy aquí, toma esta pastilla y verás que todo estará bien mañana.
-(yo le dije) Muchas gracias y con tan solo darme la vuelta para coger mi vaso de agua ví que él ya no estaba; luego de eso ya no recuerdo nada, sólo desperté y llegaron mis pruebas que me tomaron por la mañana y cuando las ví solamente salté de alegría y comencé a llorar ya que ya no estaba enfermo y lo que más me alegraba era que volvería a estar con mi familia.
Pregunté a la enfermera qué fue lo que me dió el doctor la noche anterior y ella me miró muy sorprendida ya que me dijo que nadie entró a su habitación la noche anterior y aún así ellos no sabían sobre ninguna pastilla, ella me dijo que fue muy probable que me lo soñé o que en realidad quien entró era Dios quien me regaló la vida al haber demostrado amar tanto a los demás que sería capaz de hacer lo que fuera por permanecer siempre a su lado.
Me quedé muy sorprendido y miré a mi vaso y estaba vacío tal como se quedó después de tomar esa pastilla que me dio ese doctor, levanté el vaso y ví una hoja de papel, la leí y decía: “ Nunca dejes de ser ese niño amable y amoroso, te dí una oportunidad más de vida porque demostraste amar más al prójimo que a ti mismo, nunca pierdas la esperanza y mucho menos la fé”.