30/04/2026
Noviembre de 1964.
“Los rumores de un golpe de estado liderizado por Barrientos comenzaron a inquietar a Paz Estenssoro. A Barrientos lo conocí en el MNR. Se mostraba como un buen y consecuente amigo, pero era bastante ladino. Tenía gran pasión por volar en cualquier avión, lo que lo hacía un hombre intrépido hasta el borde de la irresponsabilidad. Varias veces me tentó a volar junto a él y siempre le dijo que no. los rumores no eran infundados. Su conspiración era vox populi. Estaba conspirando con todo el mundo. En dos oportunidades mando a sus emisarios para pedirme que me sumara.
-El general estaría gustoso si usted, don Juan, forma parte del nuevo gobierno; me dijo Arguedas, quien más tarde sería ministro del Interior y uno de los que me enfrentara.
La segunda vez, Arguedas no quiso tomar asiento en el living:
-Parado estoy bien. Además, es breve. El encargo del General es que usted se sume al golpe. Tenemos a un grupo de civiles con nosotros. Entre ellos, Siles, Andrade y Guevara.
-La única vez que he conspirado con un militar ha sido con Seleme y no lo volveré hacer con militares, le respondí.
El grupo de civiles que Arguedas mencionó me habían invitado a una reunión con el jefe de la Democracia Cristiana, Remo Di Natale. Creían que con su condición de experimentados políticos conducirían al gobierno por encima de Barrientos.
-Recuerden que desde hace tiempo la embajada de Estados Unidos tiene el control del país y desde hace mucho tiempo, ellos deciden la política nacional. Lo mismo ocurrirá con Barrientos. Ustedes no decidirán, ni manejarán nada, lo hará el gr**go Fox, les dije.
-No va ser como tú dices, me respondió no sé cuál de los conspiradores.
-Ojalá
(…)
Un día antes del golpe, le preguntó al General si el estaba en trajines golpistas. Barrientos fue contundente: ´¿Cómo voy a golpear al libertador económico de Bolivia? ´, dijo y se fue a Cochabamba.
Dicho y hecho. Desde Cochabamba, creo que el 2 de noviembre, Barrientos movilizó a la aviación militar de El Alto y se levantó contra Paz Estenssoro. Fuera de la aviación, el resto de los regimientos se habían mantenido quietos. Era un golpe mal organizado. Sin el apoyo de las fuerzas de tierra, estaba condenado al fracaso.
Fellman Velarde sostenía que había que sofocar la revuelta con bala. El general Ovando, jefe del Ejército, entró en escena y convenció a Paz de que el levantamiento respondía a un grupículo de las Fuerzas Armadas y que él podía controlar la situación sin violencia. Tomo contacto con los militares alzados y le dijo a Paz que iban a rendirse y que los cabecillas habían pedido asilo en una embajada, dispuesta a recogerlos en un automóvil para garantizarles su integridad. Paz le creyó. En realidad, no existí el rendimiento, lo que estaba ocurriendo era que Ovando reorganizaba a toda prisa el golpe.
El 4 de noviembre, la madrugada, Ovando le informó a Paz que el golpe había triunfado a pesar de las gestiones y que con gusto le acompañaría por seguridad de su vida hasta El Alto, para embarcarle en un avión rumbo a Lima.
Mientras tanto, la radio en cadena nacional convocaba al pueblo a buscar al ´monstruo de Paz Estenssoro que esta disfrazado de chola´, camino al aeropuerto para fugarse. ¡Agárrenlo, agárrenlo! ´, gritaba en tono histérico el locutor. Paz ya estaba en Lima.
Ese 4 de noviembre hubo mucha confusión pues no se sabía si el ejército se había consolidado el golpe o si seguía dividido. Parecía una situación similar a la del 9 de abril. Al salir de la Federación de Mineros, el el Padeo del Prado, vi que llegaban centenares de compañeros.
-¡Compañero Lechín, hemos ganado! ¡Paz ha sido derrotado!, gritaban.
Nuestros recientes enfrentamientos con Paz, habían sido tan frontales y tan fuertes que los compañeros pensaban que nosotros lo habíamos tumbado. En hombros me subieron por la Yanacocha hacia el Palacio de Gobierno. ´! ¡Lechín al poder!´, gritaba la multitud mientras subíamos hacia la plaza Murillo. Cuando llegamos al palacio las puertas estaban abiertas de par en par.
(…)
Los soldados tomaron posición de tiro y cuando las puertas cedían, el estruendo de las balas silbó por todas partes. Se hizo un caos. Vi car a algunos hombres. Una bala alcanzo al que estaba delante mío. Otros que desde atrás se apoyaba en mi, cayo también empujándome sobre el primer caído.
(…)
La balacera continuaba en la plaza. Corrimos calle abajo. Yo sin un zapato. A dos cuadras, en el Banco Central. Un grupo de militares golpistas nos intercepta y un mayor me grita: ´¡Alto! ¿A dónde cree que va? –´a mi casa ¿A dónde más?, le respondí sin pensar. Me apresan y me llevan al cuartel. Allí un oficial me prestó un par de botas militares. Ovando llegó al cuartel y me pidió que cooperara con el nuevo gobierno ya que iban a continuar con las medidas de la Revolución de Abril. Me volví a negar.
(…)
Barrientos comenzó declarando que `Lechín es un comunista`, que en los últimos años se la ha pasado viajando por el extranjero`.
Convoque a una conferencia de prensa para responderle. Mi casa estaba llena de periodistas. De pronto, Julio Zuaso, que en medio de un libro había encontrado una carta de Barrientos dirigida a mí, la leyó en voz alta. La había escrito antes del golpe y allí me decía: `Usted es el faro que alumbra al pueblo` y otras lisonjas más. Poco le faltaba para compararme con Jesucristo.
Vengativo como era, Barrientos le hizo pagar su rabieta al arbolito que crecía, inocente y ajeno a la agitada vida política, frente a la oficina de la Federación de Mineros y donde yo atendía a diario a la gente. Le llamaban simplemente el arbolito o el arbolito de Lechín y al café contiguo lo habían bautizado como el Lechíngrado, (…) Barrientos lo hizo sacar de raíz (…) fue repuesto por un alcalde, pero volvió a ser destruido por la dictadura de García Meza.
Lo de “comunista” y “viajante”, era el inicio de unan ofensiva. Me acusaron de formar un plan subversivo incitando al pueblo a una guerra civil y que una vez triunfante haría asesinar a Barrientos (…) Creía que destruyendo mi imagen le resultaría fácil controlar el movimiento obrero.
(Vendría después el exilio y clandestinidad en Paraguay, Perú… las guerrillas del Che, hasta la muerte del general R. Barrientos).
Fuente: Memorias de Juan Lechin Oquendo
Litexa – 2000
Edición elaborada y organizada por el grupo nombrado por Lechín.