08/30/2026
Les invito a ver el siguiente video sobre la historia del "Barrio El Morro" de Arica.
https://youtu.be/zhRGQxRAX9k?si=Jg0t-fKXadlG3Fub
BARRIO EL MORRO
DONDE LA HISTORIA VIVE Y SU GENTE NO SE RINDE
Crónicas de Arica
Este sábado 29 de agosto tuve el honor de realizar un relato sobre el barrio El Morro de Arica a solicitud de la junta de Vecinos N°20 "MORRO DE ARICA" y su presidenta Beatriz Arce.
No soy un habitante de este sector, sino que tan solo alguien que ha recorrido, estudiado y respetado la historia entera de Arica. Como tal realice un repaso sobre la historia de su barrio: ese lugar que no es solo un sector de la ciudad, sino que parte del corazón mismo de la identidad ariqueña. Porque todo lo que Arica es hoy, nació y se forjó también en esa falda del Morro.
Les comparto el material que prepare para esta charla y un video de dicha presentación.
I. LOS ORÍGENES DEL BARRIO EL MORRO: Un suelo habitado desde la noche de los tiempos.
Hace más de 7.000 años, mucho antes de cualquier frontera, de cualquier nación, ya vivía gente en esa falda. Eran los pescadores arcaicos, hombres y mujeres que bajaban cada mañana al mar, recogían sus frutos y subían a la falda norte del cerro para vivir, amarse y enterrar a sus seres queridos. De ellos surgió la cultura Chinchorro, el pueblo que creó la técnica de momificación artificial más antigua del mundo, 2.000 años antes que los egipcios. El sitio Morro 1, justo en el faldeo donde hoy se levanta su barrio, es el cementerio Chinchorro más grande y mejor conservado que se conoce. Es decir: el suelo donde se construyeron sus casas es uno de los espacios arqueológicos más valiosos de todo el planeta.
Siglos después, surgio la agricultura: la Fase San Miguel, parte de la Cultura Arica, que combinó la pesca con el cultivo del maíz, el poroto y el zapallo, y mantuvo vínculos con el altiplano y la cultura de Tiwanaku, a orillas del lago Titicaca. Todo esto ocurrió allí, en el mismo terreno que ariqueños recorren día a día. Este barrio es, sin exagerar, uno de los lugares habitados de forma continua más antigua de Chile y del Cono Sur de Sudamérica.
II. LA ÉPOCA COLONIAL: El Morro, centinela del puerto de la plata.
Es necesario comenzar este período con claridad, porque la historia de la fundación de Arica ha sido objeto de construcciones posteriores. No existe evidencia histórica de un acto fundacional formal de la ciudad de Arica. La idea de una fundación con fecha y ceremonia específica es una construcción que se difundió principalmente en la década de 1990, sin respaldo documental.
Lo que sí sabemos con certeza es que Lucas Martínez de Vegazo fue un encomendero a quien se le entregó, por parte de la corona española, el control sobre los pueblos indígenas del territorio de Arica. Su rol no fue el de "fundador" de una ciudad, sino el de un encomendero al cual se le asignaron indígenas de los pueblos originarios de la zona para su cuidado, en teoría, y su explotación comercial, principalmente a través del trabajo forzado y el cobro de tributos. Entre esos indígenas también hubo habitantes de estas faldas del Morro
Bajo este dominio español, Arica se consolidó como el puerto de salida de toda la plata de Potosí hacia España. Miles de mulas, cientos de recuas, subían y bajaban por las faldas de este cerro. En su cima se construyeron torres de vigilancia para alertar de piratas como Francis Drake, Edward Davis y Bartolomé Sharp, que asolaron estas costas.
Deseo destacar a un héroe ariqueño.
El 5 de noviembre de 1641, piratas comandados por Sharp desembarcaron en la playa La Chacota, hoy conocida como La Lisera, para subir al Morro y de allí atacar a la ciudad.
Los indios “morreros”, vigías del Morro de Arica, dieron rápidamente la alarma. Alertando a toda la población. El Maestre de Campo Gaspar de Oviedo, que tenía su hogar por dónde hoy está el Mercado Central, comandó las Milicias Ciudadanas, mayoritariamente de mulatos y negros y combatieron con los piratas casa a casa, hasta vencerlos. Resulta entonces, que este héroe que lucho contra los piratas, era también un Morrino de este mismo barrio.
Mientras el asentamiento urbano se organizaba en la planicie, en lo que hoy llamamos el casco histórico de Arica, las faldas del Morro quedaron para la gente del pueblo: pescadores, lancheros, cargadores, mestizos e indígenas que no cabían en el espacio delimitado por las autoridades. Así nació, sin decretos ni planificación, el barrio que conocemos: un barrio de los que trabajan, de los que viven del mar y del esfuerzo, un barrio popular desde su primer día.
III. BAJO LA BANDERA DEL PERÚ (1824–1880)
Tras la independencia del Perú, Arica fue parte de esta República y las familias que habitaban la falda del Morro construyeron viviendas con techos en mojinete, estilo arquitectónico típico del sur peruano, de los cuales ya casi no quedan en las calles de este sector. El barrio creció con su propio ritmo, con su propia gente, viendo llegar comerciantes de todas partes del mundo.
IV. LA GUERRA DEL PACÍFICO:
Una vez iniciada la Guerra y desplazándose el frente de batalla hacia Tacna y Arica, nuestra ciudad fue armada y vecinos del Morro formaron parte de las tropas del Perú para defender su suelo y patria.
En la madrugada del 7 de junio de 1880, comenzó el asalto al Morro. Las tropas chilenas, al mando del Coronel Pedro Lagos, avanzaron en silencio por la quebrada del norte. El combate fue feroz, pero en ella se escribió una de las páginas más intensas de la historia de Chile.
El Teniente Coronel Juan José San Martín, comandante del Regimiento 4° de Línea, fue el primer oficial chileno en llegar a la cima, y allí cayó mortalmente herido. Junto a él murió el Capitán Tristán Chacón y decenas de soldados chilenos. Por su parte, por el Perú cayeron defendiendo el cerro los héroes peruanos Coronel Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte, Juan Guillermo More y el comandante del Fuerte Ciudadela, Medardo Cornejo.
Es importante decirlo con claridad: El Morro fue regado con la sangre de hombres de ambos lados, por ello el Morro pertenece a quienes lo habitan, a quienes lo respetan, a quienes conocen su historia. Vuestro barrio vecinos del El Morro, está construido sobre un suelo sagrado para todos los ariqueños, sin distinción.
V. PERÍODO DE ADMINISTRACIÓN CHILENA Y REPÚBLICA DE CHILE
Tras la batalla, Arica quedó bajo administración chilena. El Tratado de Ancón de 1883 y el Tratado de Lima de 1929 confirmaron su pertenencia definitiva a Chile. Y el barrio, fiel a su vocación, recibió a todos sin preguntar de dónde venían: peruanos que decidieron quedarse, chilenos que llegaron del sur, bolivianos, italianos, chinos, sirios, ingleses. Todos encontraron refugio en estas faldas.
En 1913 llegó el Ferrocarril Arica a La Paz, y con él miles de trabajadores. Muchos de ellos instalaron sus hogares allí, consolidando al barrio del Morro como barrio de trabajadores ferroviarios y portuarios. De esa mezcla, de ese esfuerzo común, nació la identidad que hoy los caracteriza: la de los "morrinos", gente unida, solidaria, orgullosa de su cerro y de su mar. La sede de su Junta de Vecinos, en Patricio Lynch N° 2, se ubica sobre el camino histórico que conectaba el puerto, la estación y el cerro: cada vez que se entra allí, se pisa un camino que recorrieron miles de personas que hicieron grande a Arica.
VI. EL BARRIO QUE LOS MAYORES CONOCIERON
Y así llegamos a los años que los más adultos vivieron. El barrio ya estaba ahí, con sus calles, su gente, su alma. Aparecen los apellidos que forman el tejido de su comunidad: Bórquez, Lemos, Torrejón, Maturana, Colón, Ordóñez, Guerra, Paredes, Aguilera, Díaz, Ferry, entre otros. Familias que hicieron de este lugar su hogar, que lo construyeron ladrillo a ladrillo.
El patrimonio rodea a estas familias, caminan por allí es hacerlo por la historia de Arica. Ahí están:
• La Casa de La Respuesta o Casa Bolognesi, testigo del siglo XIX y de la batalla.
• El Museo de Sitio Colón 10, Patrimonio Mundial UNESCO, donde descansan sus antepasados chinchorros.
• El Mercado Central, la antigua recova.
• Los restos del antiguo convento franciscano, sobre el cual se levantó el Mercado Central.
• La Biblioteca Pública Municipal Alfredo Wormald Cruz, corazón cultural del sector.
• El Liceo Integrado Eduardo Frei Montalva, antes Grupo Escolar, cuna de generaciones de ariqueños.
• El antiguo Instituto Comercial, inaugurado en 1909 por el Presidente Pedro Montt, hoy sede de Gendarmería en Baquedano 01.
• La Casa Copaja y la Casona del Casino de Carabineros, antigua residencia del Marqués de Peña, una de las construcciones más nobles de la ciudad.
• La Virgen del Carmen en la parte alta de calle Colon, patrona de Chile.
Los rincones que formaron su vida comunitaria en esos años aun son recordados. El barrio tenía sus propios centros, sus puntos de encuentro: el Negocio del Caqueo, donde los niños corrían con monedas en la mano; la Ferretería Gardilcic, proveedora de herramientas para seguir construyendo el barrio; la fábrica de chancaca envuelta en totora, con su aroma dulce que flotaba por las tardes; y la fábrica de fideos, cuyo olor a harina fresca era parte del paisaje cotidiano.
Los niños del Morro no necesitaban más que su cerro y su mar. Durante los días de septiembre, el cielo se llenaba de volantines. En las esquinas, jugaban a la payaya o quechua, juego heredado de pueblos milenarios. Hacían bailar el trompo y apostaban sus bolitas como el mayor tesoro.
El fútbol unía a grandes y chicos. La cancha de tierra en Colón con Yungay, junto al Conventillo del Diablo, era su estadio. Los rivales tradicionales eran los del barrio Yungay, y en los años 70, los morrinos eran campeones. Pero el verdadero estadio era el mar: en la caleta y el muelle, los waterpolistas del Unión Morro dejaron el nombre del barrio en alto. Se practicaba natación, saltos ornamentales, y la legendaria Maratón del Mar: se llevaba a los nadadores en botes hasta la Isla del Alacrán, se cubrían el cuerpo con grasa para resistir el frío, y nadaban de regreso hasta el muelle. Nadie que vivió esos días lo olvida.
Un barrio es, sobre todo, su gente. Nombres que forman parte de la memoria colectiva de Arica:
Ronnie Torrejón, eterno campeón de natación, orgullo deportivo de toda la ciudad;
Luis Bravo, dirigente que organizó el deporte barrial con pasión;
Y los vecinos que formaban parte del paisaje cotidiano:
Calino, Copito, Nervio Díaz, Eduardo Medina "Pichongo", Alfredo Quinteros "Masca Rieles", Froilán Vásquez "Pecoso Care Bajada". Personas que no necesitaron títulos para ser importantes: bastó con ser buenos vecinos.
En estas pocas palabras recorrí la historia entera de Arica, y puedo decir con seguridad que el Barrio El Morro guarda una historia tan profunda, tan rica y tan viva como la de América completa.
Allí se vive sobre el suelo de los primeros pescadores de América. Caminan por un territorio que fue dominado por encomenderos españoles, que vio pasar recuas de plata, piratas, ejércitos y trabajadores de todos los pueblos del mundo. Habitan un cerro que fue defendido con la vida por hombres de dos naciones. Y se ha construido una comunidad que ha sabido recibir a todos, sin importar de dónde vengan.
La historia de Arica es también la historia de este Barrio. Y el futuro de Arica depende, en buena medida, de que sus habitantes mantengan viva esta memoria, una memoria veraz, sin mitos ni invenciones, porque la verdadera historia, la historia de este barrio y de todos los morrinos ya es suficientemente grande y digna de ser contada.
Hay que honrar a quienes estuvieron antes. Cuidar este suelo sagrado. Y seguir construyendo, con la misma solidaridad de siempre, el barrio que vio nacer a sus hijos e hijas.
Porque el Morro no es solo un cerro. Es el alma de Arica. Y sus vecinos son sus guardianes.
Que la Junta de Vecinos N°20 y el Barrio El Morro sigan creciendo, unida y fuerte, por muchos años más.
Profesor
Patricio Moya
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