08/19/2026
Soy de ambos y no enteramente de ninguno
Nací en una familia de cuatro y con el tiempo fuimos cinco. Crecí en un país donde ceder el paso al peatón no era costumbre, donde los colores, las sonrisas, los abrazos y las manos siempre extendidas seguían siendo el pan de cada día, incluso dentro del circo cotidiano que a veces es la vida ahí.
Migrar no te arranca de tu raíz. La estira. La acomoda a una nueva forma de estar en el mundo, una donde se termina perteneciendo a ambos lugares y a ninguno por completo.
Hoy vivo entre dos formas de hogar. Y aunque partir sigue sin ser fácil —porque cada despedida deja, del otro lado, una versión de mí misma— he aprendido que esa sensación no es una falla del proceso. Es el proceso.
Lo que la migración enseña, más que a resolver esa tensión, es a sostenerla. A vivir con plenitud entre lo propio de un lado y lo propio del otro, entendiendo que ambos son reales, ambos cuentan, y ninguno cancela al otro.
Detrás de estos ojos hay dos países. Y he aprendido a mirar desde los dos a la vez.
Cynthia Chavez Lamadrid
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*Soy mexicana y canadiense, y trabajo como consultora especializada en inmigración a Canadá. Escribo esto porque acompañar a otros en su propio proceso migratorio empieza por entender, desde adentro, lo que se siente dejar un lugar sin dejar de pertenecerle.