La Plaza Colón es uno de los símbolos más importantes de la ciudad de Antofagasta, el centro a partir del cual se formó la ubicación de la población. Es sinónimo de historia, ya que guarda en ella los recuerdos de las colectividades extranjeras que fundaron la región. En sus alrededores se puede ver como se ha construido Antofagasta. Testimonios de épocas de glorias, del aporte de las colectividad
es extranjeras y de sus propios habitantes están a la vista. Un ejemplo es el reloj, construido a escala del Big Ben de Londres, que se entregó en el centenario de la ciudad (1966) por la colectividad inglesa. Mientras, el león de bronce –tradicional ícono- y la estatua de los reyes católicos fueron donados por la colectividad española para la misma ocasión. También destaca el kiosko de retreta, el que fue entregado por residentes yugoslavos agradecidos por la amistad y cariño de los antofagastinos. La Plaza Colón fue concebida desde un principio con el objetivo de entregar áreas verdes a un lugar ubicado en pleno desierto. La historia narra que los primeros intentos por otorgar una plaza a la ciudad se remontan a 1872, lo que se materializó dos años después. Los primeros 35 árboles fueron una donación del intendente de Valparaíso de esa época, gracias a una gestión del destacado industrial Matías Rojas. Se ubica entre el paseo peatonal Arturo Prat (al suroeste), la calle General José de San Martín (al sureste), la calle Antonio José de Sucre (al noreste) y la calle Jorge Washington (al noroeste). Fue designada como plaza de armas en 1860. La última gran reestructuración de la plaza fue en 1995, hasta llegar a lo que hoy se conoce como Plaza Colón.